
No es mi propósito resumir el texto de Ana Santos, más bien,
por el contrario, invitar a su lectura y divulgación.
El texto no está estructurado por siglos, pero mis comentarios para mayor claridad mía, se ajustan a la
época concreta en que se fueron sucediendo Desde mi punto de vista, al enfocar el siglo XIX, necesitaría
el texto unos mínimos datos para fijar las fechas que lo expliquen, pues es un
siglo convulso y, entiendo, necesitaría unas fechas para su mejor
comprensión.
En trienio liberal (1820-23) Proliferan las publicaciones, pero la libertad de edición acabará con el gobierno de Monarquía Absoluta de Fernando VII (1823-33) volverá a editarse con la regencia de la reina Cristina de Borbón(1833-40) y florecerán bajo el reinado de Isabel II (1843-69) La evolución política marcará el avance progresista tras la expulsión de la reina y la Revolución Gloriosa (1868)que dará entrada a las preocupaciones pedagógicas del Krausismo y La Institución Libre de Enseñanza (1876 39) y sus instituciones, en el reinado de Alfonso XII (1874-1931)
El siglo XIX representa el auge de la burguesía. El poder
económico se extiende y con él el acceso de jóvenes burguesas a la educación, que sigue siendo todavía más lujosa que práctica, como en el siglo precedente. La autora basa la
aparición evolutiva de las “sembradoras de palabras” en tres pilares, la
educación, la lectura y la escritura.
Añado mis conclusiones, como pide la
autora
El triunfo español en
la guerra de la Independencia, frenó la propuesta de avances
educativos de José I Bonaparte, ya que en Francia sí existían liceos donde
estudiaban con educación igualitaria las mujeres. En la zona española, la
Constitución de Cádiz de 1812, preocupada por la educación pública, olvidó
referirse a la educación de la mujer. Era un tema pendiente que las mujeres del siglo XIX reclaman. Sus reivindicaciones pueden seguirse a través de las revistas en las que escriben. Pasarán todavía años, hasta 1857 con la Ley Moyano no se consiguió una enseñanza básica
igualitaria, y hasta el siglo XX (1910) no se reconoce a la mujer el acceso a la
universidad.
Aunque proliferan los colegios religiosos para la educación
de las niñas de poder económico, no asistían las de las clases menos pudientes entre las que había un alto grado de analfabetismo. Santos
afirma que el problema educativo seguía manteniendo distintas materias para
ambos sexos, supeditado al papel social que se les asignaba. Las mujeres escritoras
intentaron superar esa dificultad de aprendizaje con su propio esfuerzo,
leyendo en las bibliotecas familiares, estando al día con las novedades
literarias de autores consagrados de las que daban cuenta los periódicos y
revistas de la época, asistiendo a teatro y a tertulias y recitales y
participando con escritores en revistas literarias donde se iniciaron a las
publicaciones propias.
Muy valiosa imprescindible es la aportación de la autora
referida a los libros y bibliotecas, y confirma que se consolida la tendencia del siglo
XVIII a la bibliofilia y adquisición de libros para formar bibliotecas. Los datos sobre el tema del que
Santos informa eran desconocidos para la que esto escribe; por su interés, bien
merecerían toda una publicación relativa al mundo del libro del que la autora
es experta, dado que ha sido su profesión. Entre lo aportado, lo relativos a la
Biblioteca Real Pública, que deja de depender del Gobierno y se convierte en
Biblioteca Nacional, el desarrollo de las bibliotecas públicas en provincias y
pueblos con fondos provenientes de libros de las desamortizaciones; cita, entre otras, la biblioteca privada de Emilia Pardo Bazán y de Marcelino Menéndez Pelayo. Da cuenta
de la creación del cuerpo de Archiveros y Archiveros profesionales.
La creación de revistas en las que las mujeres escriben hace
que aparezcan en la vida pública y sus puntos de vista pudieran crear un estado
de opinión, es el paso del pensamiento femenino privado a la esfera pública. Escribían opiniones, reseñas, poemas o capítulos de novelas que
más tarde se recogían en una publicación en forma de libro. Isabel II, mujer ella misma. apoyará a las
escritoras. A juzgar por algunos escritos por las mujeres en las revistas que
ellas mismas dirigieron, y que quien esto escribe ha consultado, si exigieron
una educación igualitaria con los varones no fue solamente por estatus social,
sino porque la enseñanza recibida no las preparaba para poder ganarse el
sustento por sus propios medios. Las oscilaciones políticas podían hacer que
una familia pasase del éxito económico a la ruina, y el destino de las mujeres
estaba condicionado al de sus padres o maridos. Por el miedo al incierto futuro, si
no se casan o su familia viene a menos, algunas intentaron escribir textos educativos para
niñas y obras de teatro para ser representadas. Escribir era un prestigio social, siempre que no abandonaran su papel de "ángel del hogar".
Santos informa de principales las revistas aparecidas y sus
directoras entre ellas Gertrudis Gómez de Avellaneda, que dirigió revistas y creó una en Cuba donde participan
escritores y escritoras cubanos y españoles. Fue autora de teatro, novelas, cuentos y poesía y se presentó su candidatura a la Real Academia de la Lengua, que no logró. Faustina Sáez de Melgar, presidenta del
Ateneo Artístico y Literario de Señoras, se implicó en las Conferencias Dominicales
con el krausista Fernando de Castro, perteneció al círculo abolicionista. Concepción Jimeno de Flaquer, colaboró ampliamente en revistas. Podríamos hablar de un activismo femenino y,
en algunos casos, incipiente feminismo, ya que las escritoras se ayudaron unas
a otras a introducirse en las distintas revistas, liceos y círculos formando
una “hermanda lírica”, a pesar de vivir en lugares diferentes. Se apoyan, se
escriben y dan entrada a las revistas en las que colaboran a sus amigas fraternales. Sus actividades se extienden a diversos campos tanto literarios y educativos
como sociales. Lo considero la primera vez que las voces femeninas se suman
para conseguir beneficios comunes Ana Santos da referencia de la hostilidad declarada de esos
intentos de la mujer de salir de lo privado a lo público, y cita la oposición a ello de la Iglesia
católica y algunos sectores de la sociedad conservadora. Las mujeres escritoras
despertaron suspicacias. Rosario de Acuña y Sáez de Melgar pertenecieron a la masonería.
Incluye la publicación una escueta biografía de Ángela Grassi,
Pilar Sinués de Marco, Faustina Sáez de Melgar, Cecilia Böhl de Faber, Carolina Coronado,
Concepción Gimeno de Flaquer, Rosario de Acuña, Rosalía de Castro
Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal. Algunas mujeres incluían el apellido del esposo al suyo propio o seudónimo.
Las reseñas de las autoras que introduce Santos, las escritoras significativas fueron Rosalía de Castro, junto con
Gustavo Adolfo Bécquer es la figura emblemática del Romanticismo tardío en
España. Concepción Arenal, de la que Ana Santos apunta su actividad de ensayista con temas relacionados con la beneficencia; fue reformista y muy reconocida por su política penitenciaria de compadecer al delincuente y los marginado. Concepción Arenal tuvo una
intensa actividad pública como visitadora de prisiones, fundadora de la revista
la Voz de la Caridad. La biografía de Emilia Pardo Bazán consiguió como escritora vivir de la pluma; mujer libre y conservadora, amante de
Galdós, viajó por Europa para conocer a los grandes escritores como Víctor
Hugo, fue corresponsal de prensa e introductora en España del del Naturalismo de Zola. Rosalía de Castro participa del movimiento de recuperación del gallego, el Rexurdimento, junto a su marido Manuel Murguía, creador de la Academia Gallega. Escribe en castellano y gallego y sus colaboraciones en revistas alcanza las publicaciones de emigrantes en América.
Si juzgamos a las escritoras citadas desde el punto de vista
literario, aun con notables avances, no todas son notables, aunque en esas
primeras generaciones si lo son Carolina Coronado y Gertrudis Gómez de
Avellaneda. Son imprescindibles Rosalía de Castro, Concepción Arenal y Emilia
Pardo Bazán.
Mis conclusiones del porqué del triunfo de las más
significadas escritoras, de la cual el ejemplo es Pardo Bazán, quizá resulte
poco académico. Son rompedoras, saltan por encima de las circunstancias que las
comprimen, creo que, además de la inteligencia y la constancia de ambas, fue
importante en la primera la libertad de pensamiento y la confianza en sí misma,
que le ayudó a ser una de los grandes novelistas del siglo XIX; la lectura sin límite ni censura que sus padres no frenaron; su curiosidad insaciable ; no estar condicionada por los
lazos maritales que cortó ante notario; su posición social y económica que le permitió un puesto social privilegiado y poder publicarse inicialmente a sí misma, crear revistas y colecciones, relacionarse
con los mejores, y afrontar retos
literarios sabiendo que tenía medios para hacerlo: y obrar socialmente con
prudencia. En cuanto a Concepción Arenal, su necesidad de saber- intentó
asistir de oyente a la universidad vestida de caballero- escribir y publicar, tras quedarse viuda con un hijo, como la forma de ganarse inteligentemente la vida Fue importante para ella la comunión con la Institución Libre de enseñanza y
los Krausistas, poseyó tesón e inteligencia. Pero mis conclusiones no entran
tanto en el campo de la literatura sino en la sociología
Conforme avanza el siglo, la revolución de 1868 supuso el triunfo del liberalismo
radical. En el último tercio de siglo, la educación, no alcanzada de la mujer que pedían las escritoras, fue
la preocupación del Krausismo, introducido en España por Sáez del Río, rector de la Universidad de Madrid, y sus discípulos Fernando de Castro, Francisco
Giner de los Ríos, Nicolás Salmerón, Canalejas, y la burguesía liberal ilustrada, cuyo
afán pedagógico cristalizó en la fundación de la Institución Libre de
enseñanza en 1876. Fernando de Castro es el responsable de la Asociación para la Enseñanza de la mujer (1870) de la creación de la Escuela de Institutrices, las ideas institucionistas de Francisco Giner de los Ríos , Gumersindo de Azcárate, Nicolás Salmerón y la Institución Libre de Enseñanza para la renovación pedagógica. Se crean La
Escuela de Comercio para Señoras(1878) La Escuela de Correos y Telégrafos (1883), Escuela de mecanografía (1884) Cajistas de
Imprenta, La Escuela de Dibujo y Música. La Escuela de enfermeras (1896) Como los ilustrados del siglo XVIII, responsables de alguna de las instituciones del momento, se
movieron por sentido educativo práctico.
El congreso pedagógico, se celebra en 1882 en Madrid, En 1888 el congreso Nacional Pedagógico en Barcelona Se pide la educación igualitaria para la mujer
Afirmamos que es muy interesante el estudio de Ana Santos y
las deducciones que de tal estudio extraemos, ya que entendemos que el siglo
XIX puso las bases para la inicial salida pública e independencia económica de
la mujer del siglo XX.