EL OLIVO Y LA TRADICIÓN OLIVARERA CASCANTINA
Históricamente se ha considerado que la introducción del
olivo en España fue hecha por los fenicios en el siglo IX a.C. No obstante, restos
arqueológicos encontrados en los yacimientos de la costa andaluza, en las
cuevas de Nerja y la de los Murciélagos de Albuñol, señalan la presencia de pólenes
del olivo silvestre, o acebuche, ya en la prehistoria, que los arqueólogos
datan 12.000 años a.C. Asimismo, en
yacimientos del neolítico como el Gacel en Almería hay restos de acebuche que
pueden fecharse 3000 o 1400 años antes de Cristo, lo que nos hace afirmar que
en la Península Ibérica ya existía el olivo silvestre, antes de los fenicios.
IBERIA En el siglo VIII y IX, a.C. se da
por cierto el asentamiento de los fenicios en Iberia, procedentes del Líbano.
Fundaron en el Mediterráneo las ciudades de Cádiz, Málaga y Adra, que funcionaban
como puntos comerciales en el sur de la península. Es a los fenicios a quien la
historia responsabiliza de la traída y la comercialización del olivo cultivado
y su producto, el aceite. Los fenicios fueron excelentes comerciantes. Las
colonias griegas como Rosas y Ampurias comerciaron con los fenicios en el
Mediterráneo occidental fomentando el comercio del aceite y el olivo. Como nota
interesante de los griegos y el uso del olivo, sabemos que las coronas con que
Grecia coronaba a sus héroes, estuvo hecha con hojas de acebuche. Son los
griegos los que llevan el cultivo de la oliva a Italia.
HISPANIA La llegada de los romanos y de sus legiones en el 218 a.C. a Hispania
impulsó la expansión y cultivo del olivo. Los romanos consolidaron las plantaciones,
utilizaron técnicas de producción e hicieron que Hispania se convirtiera en
gran potencia exportadora de aceite por todo el mundo. La provincia
romana donde más se cultivó el olivo y su comercio fue la Bética. Es a los romanos a quienes debemos las
primeras muestras de la presencia del olivo en Cascante.
Cascantum, cuyos límites abarcaban más extensión que la actual
Cascante, pertenecía a la provincia Tarragonense, integrada dentro del Conventus
Cesaraugustano, según del itinerario de Antonino. Atravesaba Cascantum la
vía romana que se dirigía a Cesaraugusta, hoy Zaragoza, y se comunicaba con Astúrica
Augusta, la actual Astorga. La Tarraconense fue una región intensamente
romanizada, de esta época es el olivo más antiguo, que se conserva en Tarragona.
Al río Ebro se le llamaba Aurum flumen, río de oro, era navegable; por él
discurría el traslado y comercio de aceite. En Cascante hay presencia del
cultivo del olivo ya desde el S.I a.C. como muestran las excavaciones
arqueológicas en dos villas romanas agropecuarias de Cascantum,
Piecordero I y Camponuevo I, datadas desde el S.I a.C. hasta el IV d.C.
Pertenecientes a la época Alto Imperial romana, los estudios
de prospección de las villas y excavación, llevados a cabo por la arqueóloga
Marta Gómara de la asociación Vicus, el grupo de arqueología de Cascante, y la
asociación Muérdago, pre preside Victor Huete, constatan la presencia en ambas
villas de pólenes de olivo y huesos de aceitunas. Si bien se han encontrado en
las estructuras constructivas de torculariun que demuestra la producción
de vino, no hasta el presente en lo excavado se han encontrado prensas de
palanca o lagos que demuestren la presencia de un trujal. Con rigor, podemos afirmar la presencia de
árboles de olivo, pero pudiera ser que los huesos de oliva demostraran el
consumo, pero no la producción de aceite. Queda mucho por excavar. Los estudios
arqueológicos están impulsados por el Ayuntamiento de Cascante, en colaboración
con la UNED y la Universidad del País Vasco y el catedrático de la Universidad
de Navarra, Javier Andreu.
A los romanos debemos también, desde el punto de vista
lingüístico, el nombre de “oliva” (olïvum) y de trujal (törculare)
prensa donde se estruja la uva o la aceituna.
SPANIA Tras la caída del Imperio romano, 476 d. C en la España de los visigodos
o los celtíberos o los vascones hay un retroceso en el cultivo del olivo,
imaginamos que también en Cascante.
AL ÁNDALUS- A partir del siglo VII llegan los que llamamos “moros”; eran
en realidad los que llegaron a nuestra tierra no árabes puros sino bereberes,
ya que en la distribución de tierras los árabes se quedaron con las tierras más
fértiles de Andalucía. Cascante quedó en la zona regida por el conde visigodo Casio,
un terrateniente de la época visigoda e hispano romana, que, “renegado” y convertido
al islam, conservó las tierras, tomó el nombre de Banu Qasi, pactó con los
invasores y gobernó una amplia zona del valle del
Ebro, comprendiendo territorios actuales de la Rioja, Navarra y Aragón, en los siglos
XVII y VIII. El valle del Ebro, gobernado por musulmanes de religión,
bereberes, muladíes producto de los enlaces de cristianos y con bereberes y
cristianos que poco a poco se reconvertían, se convirtió en una zona fronteriza
y militarizada frente a los cristianos. Posteriormente Cascante perteneció al
reino de Taifas de Zaragoza, como Tudela, Huesca, Calatayud y Soria, hasta 1119
conquistada al cristianismo por Alfonso I El Batallador.
Es Al Ándalus una época de esplendor para la agricultura,
especialmente para el cultivo, las plantaciones intensivas de olivo, la traída
de Oriente de nuevas especies de árboles, la mejora de los medios de
extracción, de los molinos, de la producción y de la venta de aceituna y aceite.
Los musulmanes tenían el aceite como base de su alimentación, ya que su
religión les impedía utilizar manteca y grasa de cerdo. Trasformaron el paisaje
con plantaciones de olivos, escribieron sobre su el cultivo en tratados de
agricultura, así el Kitab al Filaha, o libro de agricultura redactado
por el agrónomo sevillano Ibn al-Awwam, la selección de suelos, las
técnicas de plantación, el injerto, los abonos, la prensa de cuña y los métodos
de poda e hidratación. Los “moros” eran bereberes muy romanizados con una
tradición en el Magreb bien aprendida del legado romano, que habían practicado
el cultivo del olivo antes de la llegada de los éstos, pues ya habían los
bereberes practicado “el injerto” del acebuche para conseguir mejor calidad del
aceite. Eran muy expertos en el cultivo y producción del olivar desarrollado en
áridas tierras con sistemas de riego como
las acequias.
No podemos documentar elementos constructivos “moros” en
Cascante, y, aunque la que esto escribe no pueda documentarlo, imagina que las
plantaciones de oliva de Cascante de variedad empeltre por ser necesitada la
plantación del injerto, que ya los bereberes conocían, y por ser el empeltre una
de las variedades de árbol de aceituna más antiguo, puede tener el origen de
nuestros campos de empeltrerías en esa época. Coincide, además, con la variedad
empeltre de los olivos aragoneses, al fin regidos por el mismo sistema político
e idéntica cultura. No hay hoy grandes olivos milenarios en Cascante. Muchos
magníficos ejemplares fueron talados en la década durante el plan de
estabilización del ministro Ullastres (1959) al facilitar la entrada de otros
aceites en el mercado de consumo, pues se consideró más rentables plantaciones
de girasol. Es Aragón la zona donde la variedad empeltre era definitoria,
también en un tiempo la única de Cascante, aunque no queden ejemplares tan
viejos, como aquellos que entonces bordeaban la carretera a Ablitas, o los
ejemplares milenarios del Bajo Aragón.
Del paso musulmán, quedan en nuestro vocabulario palabras
como aceite y aceituna (azzáyt, azzaytúuna, del arameo) aceituna y
almazara (alma´sára) que, en árabe, signifiza molino de aceite.
RECONQUISTA Cascante es
reconquistada por Alfonso el Batallador en 1119 quedando los musulmanes en unas
condiciones beneficiosas, ya que los vencidos pudieron seguir teniendo sus
heredades a cambio de un tributo, la situación iría empeorando con el tiempo,
pasando de ser dueños de tierras a depender directamente del rey. En el año
1353, según el libro de monedaje, vivían en Cascante 30 familias moras. Se
entregó el primer señorío de Cascante a Íñigo Sánchez. El historiador Juan
Ignacio Fernández Marco afirma que la producción del olivo debió de ser
deficitaria y menos abundante que el vino y el cereal, pues no hay referencias
archivísticas hasta el siglo XIV, teniendo que importar el aceite de Aragón.
Quizá, a la que esto escribe, no le resulta fácil de aceptar, ya que sabemos
paisajes de olivos cerca, en la Rioja (antes Navarra) según se desprende de un
poema de Gonzalo de Berceo, siglo XII en Milagro de Santa Oria alude levemente al paisaje de olivos
en su libro “Vida de Santa Oria” (S XIII)
“Vido
redor del monte anchura/
en
ella de olivos una gran espesura
Cargado
de olivos mucho sobre madura
poder
volverlo en ellos una gran espesura.”
ESPAÑA, S. XIV XV. Los reyes cristianos protegieron el legado agrícola. El
olivo se consideraba en Navarra un bien a mantener y explotar, así Carlos III
El Noble, dicta dio una ordenanza (1399) fomentando la plantación de olivos y
prohibiendo que el ganado pastase en los campos con plantaciones y estropeara
la cosecha, castigando la infracción con durísimas sanciones. La mayoría de los
campos que antes cultivaban los “moros” fueron heredados por grandes señores, Órdenes
militares, la Orden de Malta o San Juan de Jerusalem y Órdenes religiosas de Cister,
como el monasterio de Tulebras (S. XII) y otras órdenes. La Orden de Malta tuvo
terrenos y olivares en Cascante, Calchetas, Urzante y toda la Ribera. En el
siglo XV tenemos noticias por la venta de Juan Díaz a Francisco Martín, se
pagaba 15 reales la arroba, según documento que publica Juan Antonio Fernández
Marco y que recoge José Antonio Fernández en una publicación reciente.
S. XVI El historiador
afirma que las plantaciones de olivos compartían terrenos con la vid en los
términos de Remuñal, Torrecilla, Campos Nuevos y la Par. Entre los poseedores
de olivares, Fernández Marco cita a Luis Zapata, la señora de Monteagudo, el
coto redondo de los Garcés (siglo XVI) en la Torrecilla, y en el mismo término
María Roncal, Martín Cubero y Juan de Mintezar. Fernández Marco deja constancia
de al menos dos trujales, a finales del S. XVI uno de Martín de Ribas y otro en
la calle Lombo de Bernardino López de Ribaforada. El arrendamiento de las
tiendas de aceite era privativo del regidor de la villa. En 1588 la docena de
aceite valía 5 reales, unos años más tarde había encarecido. Era obligado pagar
diezmos a la iglesia. Cuando Malón de Chaide
agradece a Dios el don del aceite, sabe de qué está hablando. Cascante, ciudad
de la Ribera de Navarra, tiene y ha tenido entre sus dones la fertilidad de sus
tierras en relación con dos de los productos más importantes en toda mesa bien
surtida, uno de ellos: el aceite. Dice en unos versos de La Conversión de la
Magdalena
“y el aceite le diste
que torna
alegre el rostro del más triste
SIGLO XVII y XVIII En
el siglo XVII era ya un producto básico de la economía agraria, la mayor
parte de los olivares de Navarra se concentraban en Cascante, Ablitas y
Monteagudo. Según el historiador Fernández Marco, las plantaciones de olivos
estaban asociadas a las viñas en los términos de Remuñal, Torrecilla y Villas Nuevas,
exclusivamente olivos en el término de La Par. Fernández Marco ha publicado en
Cascante Ciudad de la Ribera II tomo un mapa con los términos y las
producciones de cada término. Los trujales, como también las empeltrerías, pertenecían
a los grandes señores y la iglesia y pagaban tributos, que la Iglesia reclama
cuando se hace más abundante la producción de aceite. Los nombres que aparecen
como propietarios el siglo XVIII, pertenecen en su mayor parte de la milicia,
alto funcionariado y nobleza borbónica, entre ellos Vicente de Barazábal, con
un trujal frente a su casa en la calle Mayor Baja, Francisca de Villanova, viuda
de González de Castejón, en la Plaza de Sánchez, el del general José Joaquín
Durán Barazábal, pienso que en El Portal, y el de los frailes de Santa María de
la Victoria, de la Orden Mínima. El sistema más utilizado para extraer el
aceite era la prensa de viga y quintal, que constaba de un tronco de madera de
hasta 15 m de longitud fijado por un extremo a la pared y suspendido el otro;
la pasta de aceituna era molida por un molino de piedra, se colocaba en
capachos y se prensaba mediante un tornillo de madera haciendo descender la
viga para que se apoyara en los capachos y extrajera el líquido, que escurría a
los lados de los capachos y caía a una pileta para su posterior decantación. La
declaración del Ayuntamiento de Cascante en 1607 a la Cámara de contos
declaraba que dedicaba al cultivo de olivo 533 robadas, mucho menos extensión
que el dedicado a la vid o los cereales. En los años 1771 a 1775 la producción
fue de 2172 docenas de aceite. El aceite se destinaba al consumo local, se
medía en libras y arrobas, una arroba equivalía a 10´25 litros actuales, se
almacenaba en tinajas de barro. Es
difícil localizar huellas de los trujales hoy, la mayoría de ellos estuvieron
emplazados en el casco urbano y han desaparecido, haría falta extraer
documentación de las testamentarías de la época para seguir la pista de las
herencias familiares.
Quizá influyó en la caída de la
producción la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones que implicó a
Cascante y enfrentó a sus vecinos más poderosos
SIGLO XIX La cultura del
olivar hasta mitad de siglo se mantiene en los mismos parámetros que el siglo
anterior. El inicio de siglo conoce la guerra de la Independencia y los
saqueos, es a mediados de siglo donde se va a conocer una gran expansión,
nuevas plantaciones, nuevas técnicas y un desarrollo del olivar y de la
industria trujalera. El aceite en Navarra llegó a representar el 20% de la
industria agrícola. En la primera mitad de siglo, lo trujales cascantinos del
siglo anterior no cambiaron de manos, eran ahora en el S. XIX propiedad de sus
descendientes. En 1847 había 4 trujales, el de Durán era de su hija Águeda de
Barazábal (Nicolás Berdejo), en la cuesta del Portal, el de Barazábal, ahora de
Victoriano de San Cristobal; D Genaro Jiménez y Jiménez de Lerín y el de la
Orden de Mínimos, imaginamos sería el adjudicado a Doña Concepción Ximénez de
Cascante, (Aixa) tras la amortización de 1836. La segunda mitad de siglo conoce
una gran expansión del olivo y de la industria del aceite, por las innovaciones
y las nuevas circunstancias políticas. En la abundancia de la mayor plantación
de los olivares influyen en toda España, y también en Cascante, las reformas
liberales y la desamortización, que pone en manos particulares tierras de
propiedad conventual y señorío, las llamadas “manos muertas” así del Monasterio
del Cister de Tulebras o las propiedades de los frailes de la Orden Mínima de
Cascante, entre ellos su trujal, o las Jesuitas de Tudela y , en 1847, la Orden
de san Juan de Jerusalen. Entre 1836 y 1850 se vendieron en subasta pública en
Navarra más de 5.ooo hectáreas, entre ellos campos de olivares en la Ribera,
compradas por burgueses, nobles y altos funcionarios del Estado que se
convierten en terratenientes y utilizan la tierra de olivares y los trujales
como negocio. Hay tres desamortizaciones, 1833, 1841, 1855, que afectó a
conventos, cofradías monasterios y comunales del pueblo. Desde 1857 a finales
de siglo se sumaron a los trujales existentes los trujales de D Mauricio
Bobadilla, adjunto a su casa; D. Plácido Morales, y José María López Tejerina junto
a la acequia del Botero; Jenaro Jiménez y Jiménez de Leorín, Mariquita Cereceda
González de Castejón, viuda de Jerónimo Martín Landa, el trujal Martín y
Samanes camino de la Puerta Baja, hoy Duplá. En San Juan, Gonzalo Ximénez y
Ximénez. Nuevamente se necesitaría estudiar las testamentarías para localizar
los emplazamientos de los que desconocemos.
Los historiadores consideran la
segunda mitad del siglo XIX como “el segundo episodio de la domesticación del
olivo”. Hay en el XIX innovaciones tecnológicas: A principios de siglo era de
extracción animal y el prensado se efectuaba con prensas de viga de recrecido
manual, conservando el aceite en tinajas. A mediados los métodos de extracción
empezaron a cambiar con la llegada de la industrialización y las prensas hidráulicas,
consolidándose de forma masiva a principios del S. XX; se guardaba el aceite en
latas y en garrafas de cristal, con lo que hacía más fácil el trasporte. Sin empiezan a utilizar los abonos químicos,
lo que incrementa la mejora en la producción de olivas. En 1802 el diccionario
de Madoz atribuye a Cascante 30.000 docenas, cifra muy superior a la de 2272 en
el año 1775. Cada docena equivalía a12 libras. José Antonio Fernández recoge
esa cifra y la del diccionario mellado que adjudica a Cascante una producción
de aceite de 300 arrobas cuyo lo que equivale a 34 .5oo kg. La producción del
aceite de Cascante consolidó a la ciudad como uno de los epicentros olivareros
más importante del norte de España. A pesar de la importancia de la producción,
a diferencia de otras regiones donde se impuso el cooperativismo, la se impuso
el trujal de propiedad privada. El desarrollo del olivar y la industria del
olivo en Cascante en el S XIX es lo que
permite el esplendor del principio del siglo XX.
Siglo XX, antes de cerrar
este recuerdo a la tradición olivarera de Cascante, me permito cita, porque
juzgo interesante, los trujales existentes en el siglo XX, alguno de los cuales
hemos conocido, yo nací en uno de ellos, en la casa situada en el trujal
Fuentes Soria, propiedad de mi padre, Andrés Fuentes Soria y de sus hermanos Isabel y
Antonio.
Dejaré su estudio para otro
capítulo, para no alargarme. Llegaron a operar 20 trujales al mismo tiempo,
como recoge la publicación de Fernando Jiménez Fuentes sobre el tema.
Vayamos a la cita que recoge de
Fernández Marco de José Antonio Fernández en su nueva publicación recién
aparecida y que recomiendo. Trascribo:
HERMANOS FUENTES SORIA en Vía Romana. Tres
prensas tipo medio de pistón 0,32 y una grande de pistón 0,45. Tenía, además,
una extractora de orujo y jabonería. - GUELBENZU, Hnos. en calle
San Juan. Dos prensas de tipo tamaño medio. - MANUEL ÁLAVA (Aniceto
Angós) en Avda. de La Paz. Tres prensas
tamaño medio. - JUAN DE DIOS PARDO en Paseo Invierno. Dos prensas tamaño
medio. - MARTÍNEZ DE AZAGRA (PAJARERAS) en C/ San Pedro. Dos prensas tamaño
medio. BRUNETT Arrendatarios: Felipe Jiménez, Jesús Royo, Faustino Bazo. En Vía
Corell. Dos prensas de tamaño menor. - DUPLÁ, Hnos. en Vía
Romana. Dos prensas tamaño medio - M ARIANO LITAGO en Carretera Estación.
Dos prensas: grande y mediana. - DÍAZ
VARELA (General) en calle de su nombre. Dos prensas tamaño medio. - CLAVER.,
Hnos. en camino de Murchante. Una prensa tamaño medio. -BURGOS Y JIMÉNEZ en Vía Romana, adquirido
en 1940 por los hermanos, Celso y Román Jiménez y Juan Burgos Pamplona, en
sociedad. Adquirido más tarde por los hermanos Baltasar y Herminio Jiménez
Bobadilla. Dos prensas tamaño medio. - JIMÉNEZ MELERO, Hnos. en Carretera Estación. Una prensa tamaño
medio. - JOSÉ Y VICTORINO JIMÉNEZ en/ San Juan. Una prensa tamaño medio.
- BLANCA BOBADILLA, VICTORIANO FRANCÉS y FRANCISCO LABARGA (en c/
Vicente Tutor. Una prensa tamaño medio.- JOSÉ GÓMARA “El Trujalilllo” en
c/Diana. Una prensa pequeña.
Medalla de Oro. En 1929 el aceite del
trujal del general Carlos Díaz Varela, esposo de la cascantina, Mª Luisa
Ximénez de Allo, obtuvo un premio internacional de gran relevancia en la
exposición Universal de Sevilla que puso el aceite de Cascante en la cima de
los aceites internacionales.
La excelencia fue siempre el interés de los
fabricantes de aceite. Pero dejemos los siglos XX y XXI para el próximo
Capítulo de la Cofradía.
,
Pamplona 25, septiembre, 192 EL OLIVO Y LA TRADICIÓN OLIVARERA CASCANTINA
Históricamente se ha considerado que la introducción del
olivo en España fue hecha por los fenicios en el siglo IX a.C. No obstante, restos
arqueológicos encontrados en los yacimientos de la costa andaluza, en las
cuevas de Nerja y la de los Murciélagos de Albuñol, señalan la presencia de pólenes
del olivo silvestre, o acebuche, ya en la prehistoria, que los arqueólogos
datan 12.000 años a.C. Asimismo, en
yacimientos del neolítico como el Gacel en Almería hay restos de acebuche que
pueden fecharse 3000 o 1400 años antes de Cristo, lo que nos hace afirmar que
en la Península Ibérica ya existía el olivo silvestre, antes de los fenicios.
IBERIA En el siglo VIII y IX, a.C. se da
por cierto el asentamiento de los fenicios en Iberia, procedentes del Líbano.
Fundaron en el Mediterráneo las ciudades de Cádiz, Málaga y Adra, que funcionaban
como puntos comerciales en el sur de la península. Es a los fenicios a quien la
historia responsabiliza de la traída y la comercialización del olivo cultivado
y su producto, el aceite. Los fenicios fueron excelentes comerciantes. Las
colonias griegas como Rosas y Ampurias comerciaron con los fenicios en el
Mediterráneo occidental fomentando el comercio del aceite y el olivo. Como nota
interesante de los griegos y el uso del olivo, sabemos que las coronas con que
Grecia coronaba a sus héroes, estuvo hecha con hojas de acebuche. Son los
griegos los que llevan el cultivo de la oliva a Italia.
HISPANIA La llegada de los romanos y de sus legiones en el 218 a.C. a Hispania
impulsó la expansión y cultivo del olivo. Los romanos consolidaron las plantaciones,
utilizaron técnicas de producción e hicieron que Hispania se convirtiera en
gran potencia exportadora de aceite por todo el mundo. La provincia
romana donde más se cultivó el olivo y su comercio fue la Bética. Es a los romanos a quienes debemos las
primeras muestras de la presencia del olivo en Cascante.
Cascantum, cuyos límites abarcaban más extensión que la actual
Cascante, pertenecía a la provincia Tarragonense, integrada dentro del Conventus
Cesaraugustano, según del itinerario de Antonino. Atravesaba Cascantum la
vía romana que se dirigía a Cesaraugusta, hoy Zaragoza, y se comunicaba con Astúrica
Augusta, la actual Astorga. La Tarraconense fue una región intensamente
romanizada, de esta época es el olivo más antiguo, que se conserva en Tarragona.
Al río Ebro se le llamaba Aurum flumen, río de oro, era navegable; por él
discurría el traslado y comercio de aceite. En Cascante hay presencia del
cultivo del olivo ya desde el S.I a.C. como muestran las excavaciones
arqueológicas en dos villas romanas agropecuarias de Cascantum,
Piecordero I y Camponuevo I, datadas desde el S.I a.C. hasta el IV d.C.
Pertenecientes a la época Alto Imperial romana, los estudios
de prospección de las villas y excavación, llevados a cabo por la arqueóloga
Marta Gómara de la asociación Vicus, el grupo de arqueología de Cascante, y la
asociación Muérdago, pre preside Victor Huete, constatan la presencia en ambas
villas de pólenes de olivo y huesos de aceitunas. Si bien se han encontrado en
las estructuras constructivas de torculariun que demuestra la producción
de vino, no hasta el presente en lo excavado se han encontrado prensas de
palanca o lagos que demuestren la presencia de un trujal. Con rigor, podemos afirmar la presencia de
árboles de olivo, pero pudiera ser que los huesos de oliva demostraran el
consumo, pero no la producción de aceite. Queda mucho por excavar. Los estudios
arqueológicos están impulsados por el Ayuntamiento de Cascante, en colaboración
con la UNED y la Universidad del País Vasco y el catedrático de la Universidad
de Navarra, Javier Andreu.
A los romanos debemos también, desde el punto de vista
lingüístico, el nombre de “oliva” (olïvum) y de trujal (törculare)
prensa donde se estruja la uva o la aceituna.
SPANIA Tras la caída del Imperio romano, 476 d. C en la España de los visigodos
o los celtíberos o los vascones hay un retroceso en el cultivo del olivo,
imaginamos que también en Cascante.
AL ÁNDALUS- A partir del siglo VII llegan los que llamamos “moros”; eran
en realidad los que llegaron a nuestra tierra no árabes puros sino bereberes,
ya que en la distribución de tierras los árabes se quedaron con las tierras más
fértiles de Andalucía. Cascante quedó en la zona regida por el conde visigodo Casio,
un terrateniente de la época visigoda e hispano romana, que, “renegado” y convertido
al islam, conservó las tierras, tomó el nombre de Banu Qasi, pactó con los
invasores y gobernó una amplia zona del valle del
Ebro, comprendiendo territorios actuales de la Rioja, Navarra y Aragón, en los siglos
XVII y VIII. El valle del Ebro, gobernado por musulmanes de religión,
bereberes, muladíes producto de los enlaces de cristianos y con bereberes y
cristianos que poco a poco se reconvertían, se convirtió en una zona fronteriza
y militarizada frente a los cristianos. Posteriormente Cascante perteneció al
reino de Taifas de Zaragoza, como Tudela, Huesca, Calatayud y Soria, hasta 1119
conquistada al cristianismo por Alfonso I El Batallador.
Es Al Ándalus una época de esplendor para la agricultura,
especialmente para el cultivo, las plantaciones intensivas de olivo, la traída
de Oriente de nuevas especies de árboles, la mejora de los medios de
extracción, de los molinos, de la producción y de la venta de aceituna y aceite.
Los musulmanes tenían el aceite como base de su alimentación, ya que su
religión les impedía utilizar manteca y grasa de cerdo. Trasformaron el paisaje
con plantaciones de olivos, escribieron sobre su el cultivo en tratados de
agricultura, así el Kitab al Filaha, o libro de agricultura redactado
por el agrónomo sevillano Ibn al-Awwam, la selección de suelos, las
técnicas de plantación, el injerto, los abonos, la prensa de cuña y los métodos
de poda e hidratación. Los “moros” eran bereberes muy romanizados con una
tradición en el Magreb bien aprendida del legado romano, que habían practicado
el cultivo del olivo antes de la llegada de los éstos, pues ya habían los
bereberes practicado “el injerto” del acebuche para conseguir mejor calidad del
aceite. Eran muy expertos en el cultivo y producción del olivar desarrollado en
áridas tierras con sistemas de riego como
las acequias.
No podemos documentar elementos constructivos “moros” en
Cascante, y, aunque la que esto escribe no pueda documentarlo, imagina que las
plantaciones de oliva de Cascante de variedad empeltre por ser necesitada la
plantación del injerto, que ya los bereberes conocían, y por ser el empeltre una
de las variedades de árbol de aceituna más antiguo, puede tener el origen de
nuestros campos de empeltrerías en esa época. Coincide, además, con la variedad
empeltre de los olivos aragoneses, al fin regidos por el mismo sistema político
e idéntica cultura. No hay hoy grandes olivos milenarios en Cascante. Muchos
magníficos ejemplares fueron talados en la década durante el plan de
estabilización del ministro Ullastres (1959) al facilitar la entrada de otros
aceites en el mercado de consumo, pues se consideró más rentables plantaciones
de girasol. Es Aragón la zona donde la variedad empeltre era definitoria,
también en un tiempo la única de Cascante, aunque no queden ejemplares tan
viejos, como aquellos que entonces bordeaban la carretera a Ablitas, o los
ejemplares milenarios del Bajo Aragón.
Del paso musulmán, quedan en nuestro vocabulario palabras
como aceite y aceituna (azzáyt, azzaytúuna, del arameo) aceituna y
almazara (alma´sára) que, en árabe, signifiza molino de aceite.
RECONQUISTA Cascante es
reconquistada por Alfonso el Batallador en 1119 quedando los musulmanes en unas
condiciones beneficiosas, ya que los vencidos pudieron seguir teniendo sus
heredades a cambio de un tributo, la situación iría empeorando con el tiempo,
pasando de ser dueños de tierras a depender directamente del rey. En el año
1353, según el libro de monedaje, vivían en Cascante 30 familias moras. Se
entregó el primer señorío de Cascante a Íñigo Sánchez. El historiador Juan
Ignacio Fernández Marco afirma que la producción del olivo debió de ser
deficitaria y menos abundante que el vino y el cereal, pues no hay referencias
archivísticas hasta el siglo XIV, teniendo que importar el aceite de Aragón.
Quizá, a la que esto escribe, no le resulta fácil de aceptar, ya que sabemos
paisajes de olivos cerca, en la Rioja (antes Navarra) según se desprende de un
poema de Gonzalo de Berceo, siglo XII en Milagro de Santa Oria alude levemente al paisaje de olivos
en su libro “Vida de Santa Oria” (S XIII)
“Vido
redor del monte anchura/
en
ella de olivos una gran espesura
Cargado
de olivos mucho sobre madura
poder
volverlo en ellos una gran espesura.”
ESPAÑA, S. XIV XV. Los reyes cristianos protegieron el legado agrícola. El
olivo se consideraba en Navarra un bien a mantener y explotar, así Carlos III
El Noble, dicta dio una ordenanza (1399) fomentando la plantación de olivos y
prohibiendo que el ganado pastase en los campos con plantaciones y estropeara
la cosecha, castigando la infracción con durísimas sanciones. La mayoría de los
campos que antes cultivaban los “moros” fueron heredados por grandes señores, Órdenes
militares, la Orden de Malta o San Juan de Jerusalem y Órdenes religiosas de Cister,
como el monasterio de Tulebras (S. XII) y otras órdenes. La Orden de Malta tuvo
terrenos y olivares en Cascante, Calchetas, Urzante y toda la Ribera. En el
siglo XV tenemos noticias por la venta de Juan Díaz a Francisco Martín, se
pagaba 15 reales la arroba, según documento que publica Juan Antonio Fernández
Marco y que recoge José Antonio Fernández en una publicación reciente.
S. XVI El historiador
afirma que las plantaciones de olivos compartían terrenos con la vid en los
términos de Remuñal, Torrecilla, Campos Nuevos y la Par. Entre los poseedores
de olivares, Fernández Marco cita a Luis Zapata, la señora de Monteagudo, el
coto redondo de los Garcés (siglo XVI) en la Torrecilla, y en el mismo término
María Roncal, Martín Cubero y Juan de Mintezar. Fernández Marco deja constancia
de al menos dos trujales, a finales del S. XVI uno de Martín de Ribas y otro en
la calle Lombo de Bernardino López de Ribaforada. El arrendamiento de las
tiendas de aceite era privativo del regidor de la villa. En 1588 la docena de
aceite valía 5 reales, unos años más tarde había encarecido. Era obligado pagar
diezmos a la iglesia. Cuando Malón de Chaide
agradece a Dios el don del aceite, sabe de qué está hablando. Cascante, ciudad
de la Ribera de Navarra, tiene y ha tenido entre sus dones la fertilidad de sus
tierras en relación con dos de los productos más importantes en toda mesa bien
surtida, uno de ellos: el aceite. Dice en unos versos de La Conversión de la
Magdalena
“y el aceite le diste
que torna
alegre el rostro del más triste
SIGLO XVII y XVIII En
el siglo XVII era ya un producto básico de la economía agraria, la mayor
parte de los olivares de Navarra se concentraban en Cascante, Ablitas y
Monteagudo. Según el historiador Fernández Marco, las plantaciones de olivos
estaban asociadas a las viñas en los términos de Remuñal, Torrecilla y Villas Nuevas,
exclusivamente olivos en el término de La Par. Fernández Marco ha publicado en
Cascante Ciudad de la Ribera II tomo un mapa con los términos y las
producciones de cada término. Los trujales, como también las empeltrerías, pertenecían
a los grandes señores y la iglesia y pagaban tributos, que la Iglesia reclama
cuando se hace más abundante la producción de aceite. Los nombres que aparecen
como propietarios el siglo XVIII, pertenecen en su mayor parte de la milicia,
alto funcionariado y nobleza borbónica, entre ellos Vicente de Barazábal, con
un trujal frente a su casa en la calle Mayor Baja, Francisca de Villanova, viuda
de González de Castejón, en la Plaza de Sánchez, el del general José Joaquín
Durán Barazábal, pienso que en El Portal, y el de los frailes de Santa María de
la Victoria, de la Orden Mínima. El sistema más utilizado para extraer el
aceite era la prensa de viga y quintal, que constaba de un tronco de madera de
hasta 15 m de longitud fijado por un extremo a la pared y suspendido el otro;
la pasta de aceituna era molida por un molino de piedra, se colocaba en
capachos y se prensaba mediante un tornillo de madera haciendo descender la
viga para que se apoyara en los capachos y extrajera el líquido, que escurría a
los lados de los capachos y caía a una pileta para su posterior decantación. La
declaración del Ayuntamiento de Cascante en 1607 a la Cámara de contos
declaraba que dedicaba al cultivo de olivo 533 robadas, mucho menos extensión
que el dedicado a la vid o los cereales. En los años 1771 a 1775 la producción
fue de 2172 docenas de aceite. El aceite se destinaba al consumo local, se
medía en libras y arrobas, una arroba equivalía a 10´25 litros actuales, se
almacenaba en tinajas de barro. Es
difícil localizar huellas de los trujales hoy, la mayoría de ellos estuvieron
emplazados en el casco urbano y han desaparecido, haría falta extraer
documentación de las testamentarías de la época para seguir la pista de las
herencias familiares.
Quizá influyó en la caída de la
producción la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones que implicó a
Cascante y enfrentó a sus vecinos más poderosos
SIGLO XIX La cultura del
olivar hasta mitad de siglo se mantiene en los mismos parámetros que el siglo
anterior. El inicio de siglo conoce la guerra de la Independencia y los
saqueos, es a mediados de siglo donde se va a conocer una gran expansión,
nuevas plantaciones, nuevas técnicas y un desarrollo del olivar y de la
industria trujalera. El aceite en Navarra llegó a representar el 20% de la
industria agrícola. En la primera mitad de siglo, lo trujales cascantinos del
siglo anterior no cambiaron de manos, eran ahora en el S. XIX propiedad de sus
descendientes. En 1847 había 4 trujales, el de Durán era de su hija Águeda de
Barazábal (Nicolás Berdejo), en la cuesta del Portal, el de Barazábal, ahora de
Victoriano de San Cristobal; D Genaro Jiménez y Jiménez de Lerín y el de la
Orden de Mínimos, imaginamos sería el adjudicado a Doña Concepción Ximénez de
Cascante, (Aixa) tras la amortización de 1836. La segunda mitad de siglo conoce
una gran expansión del olivo y de la industria del aceite, por las innovaciones
y las nuevas circunstancias políticas. En la abundancia de la mayor plantación
de los olivares influyen en toda España, y también en Cascante, las reformas
liberales y la desamortización, que pone en manos particulares tierras de
propiedad conventual y señorío, las llamadas “manos muertas” así del Monasterio
del Cister de Tulebras o las propiedades de los frailes de la Orden Mínima de
Cascante, entre ellos su trujal, o las Jesuitas de Tudela y , en 1847, la Orden
de san Juan de Jerusalen. Entre 1836 y 1850 se vendieron en subasta pública en
Navarra más de 5.ooo hectáreas, entre ellos campos de olivares en la Ribera,
compradas por burgueses, nobles y altos funcionarios del Estado que se
convierten en terratenientes y utilizan la tierra de olivares y los trujales
como negocio. Hay tres desamortizaciones, 1833, 1841, 1855, que afectó a
conventos, cofradías monasterios y comunales del pueblo. Desde 1857 a finales
de siglo se sumaron a los trujales existentes los trujales de D Mauricio
Bobadilla, adjunto a su casa; D. Plácido Morales, y José María López Tejerina junto
a la acequia del Botero; Jenaro Jiménez y Jiménez de Leorín, Mariquita Cereceda
González de Castejón, viuda de Jerónimo Martín Landa, el trujal Martín y
Samanes camino de la Puerta Baja, hoy Duplá. En San Juan, Gonzalo Ximénez y
Ximénez. Nuevamente se necesitaría estudiar las testamentarías para localizar
los emplazamientos de los que desconocemos.
Los historiadores consideran la
segunda mitad del siglo XIX como “el segundo episodio de la domesticación del
olivo”. Hay en el XIX innovaciones tecnológicas: A principios de siglo era de
extracción animal y el prensado se efectuaba con prensas de viga de recrecido
manual, conservando el aceite en tinajas. A mediados los métodos de extracción
empezaron a cambiar con la llegada de la industrialización y las prensas hidráulicas,
consolidándose de forma masiva a principios del S. XX; se guardaba el aceite en
latas y en garrafas de cristal, con lo que hacía más fácil el trasporte. Sin empiezan a utilizar los abonos químicos,
lo que incrementa la mejora en la producción de olivas. En 1802 el diccionario
de Madoz atribuye a Cascante 30.000 docenas, cifra muy superior a la de 2272 en
el año 1775. Cada docena equivalía a12 libras. José Antonio Fernández recoge
esa cifra y la del diccionario mellado que adjudica a Cascante una producción
de aceite de 300 arrobas cuyo lo que equivale a 34 .5oo kg. La producción del
aceite de Cascante consolidó a la ciudad como uno de los epicentros olivareros
más importante del norte de España. A pesar de la importancia de la producción,
a diferencia de otras regiones donde se impuso el cooperativismo, la se impuso
el trujal de propiedad privada. El desarrollo del olivar y la industria del
olivo en Cascante en el S XIX es lo que
permite el esplendor del principio del siglo XX.
Siglo XX, antes de cerrar
este recuerdo a la tradición olivarera de Cascante, me permito cita, porque
juzgo interesante, los trujales existentes en el siglo XX, alguno de los cuales
hemos conocido, yo nací en uno de ellos, en la casa situada en el trujal
Fuentes Soria, propiedad de mi padre, Andrés Fuentes Soria y de sus hermanos Isabel y
Antonio.
Dejaré su estudio para otro
capítulo, para no alargarme. Llegaron a operar 20 trujales al mismo tiempo,
como recoge la publicación de Fernando Jiménez Fuentes sobre el tema.
Vayamos a la cita que recoge de
Fernández Marco de José Antonio Fernández en su nueva publicación recién
aparecida y que recomiendo. Trascribo:
HERMANOS FUENTES SORIA en Vía Romana. Tres
prensas tipo medio de pistón 0,32 y una grande de pistón 0,45. Tenía, además,
una extractora de orujo y jabonería. - GUELBENZU, Hnos. en calle
San Juan. Dos prensas de tipo tamaño medio. - MANUEL ÁLAVA (Aniceto
Angós) en Avda. de La Paz. Tres prensas
tamaño medio. - JUAN DE DIOS PARDO en Paseo Invierno. Dos prensas tamaño
medio. - MARTÍNEZ DE AZAGRA (PAJARERAS) en C/ San Pedro. Dos prensas tamaño
medio. BRUNETT Arrendatarios: Felipe Jiménez, Jesús Royo, Faustino Bazo. En Vía
Corell. Dos prensas de tamaño menor. - DUPLÁ, Hnos. en Vía
Romana. Dos prensas tamaño medio - M ARIANO LITAGO en Carretera Estación.
Dos prensas: grande y mediana. - DÍAZ
VARELA (General) en calle de su nombre. Dos prensas tamaño medio. - CLAVER.,
Hnos. en camino de Murchante. Una prensa tamaño medio. -BURGOS Y JIMÉNEZ en Vía Romana, adquirido
en 1940 por los hermanos, Celso y Román Jiménez y Juan Burgos Pamplona, en
sociedad. Adquirido más tarde por los hermanos Baltasar y Herminio Jiménez
Bobadilla. Dos prensas tamaño medio. - JIMÉNEZ MELERO, Hnos. en Carretera Estación. Una prensa tamaño
medio. - JOSÉ Y VICTORINO JIMÉNEZ en/ San Juan. Una prensa tamaño medio.
- BLANCA BOBADILLA, VICTORIANO FRANCÉS y FRANCISCO LABARGA (en c/
Vicente Tutor. Una prensa tamaño medio.- JOSÉ GÓMARA “El Trujalilllo” en
c/Diana. Una prensa pequeña.
Medalla de Oro. En 1929 el aceite del
trujal del general Carlos Díaz Varela, esposo de la cascantina, Mª Luisa
Ximénez de Allo, obtuvo un premio internacional de gran relevancia en la
exposición Universal de Sevilla que puso el aceite de Cascante en la cima de
los aceites internacionales.
La excelencia fue siempre el interés de los fabricantes de aceite. Pero dejemos los siglos XX y XXI para el próximo Capítulo de la Cofradía
,



