viernes, 30 de octubre de 2026


EL OLIVO Y LA TRADICIÓN OLIVARERA CASCANTINA

Históricamente se ha considerado que la introducción del olivo en España fue hecha por los fenicios en el siglo IX a.C. No obstante, restos arqueológicos encontrados en los yacimientos de la costa andaluza, en las cuevas de Nerja y la de los Murciélagos de Albuñol, señalan la presencia de pólenes del olivo silvestre, o acebuche, ya en la prehistoria, que los arqueólogos datan 12.000 años a.C.  Asimismo, en yacimientos del neolítico como el Gacel en Almería hay restos de acebuche que pueden fecharse 3000 o 1400 años antes de Cristo, lo que nos hace afirmar que en la Península Ibérica ya existía el olivo silvestre, antes de los fenicios.

IBERIA En el siglo VIII y IX, a.C.  se da por cierto el asentamiento de los fenicios en Iberia, procedentes del Líbano. Fundaron en el Mediterráneo las ciudades de Cádiz, Málaga y Adra, que funcionaban como puntos comerciales en el sur de la península. Es a los fenicios a quien la historia responsabiliza de la traída y la comercialización del olivo cultivado y su producto, el aceite. Los fenicios fueron excelentes comerciantes. Las colonias griegas como Rosas y Ampurias comerciaron con los fenicios en el Mediterráneo occidental fomentando el comercio del aceite y el olivo. Como nota interesante de los griegos y el uso del olivo, sabemos que las coronas con que Grecia coronaba a sus héroes, estuvo hecha con hojas de acebuche. Son los griegos los que llevan el cultivo de la oliva a Italia.

HISPANIA La llegada de los romanos y de sus legiones en el 218 a.C. a Hispania impulsó la expansión y cultivo del olivo. Los romanos consolidaron las plantaciones, utilizaron técnicas de producción e hicieron que Hispania se convirtiera en gran potencia exportadora de aceite por todo el mundo. La provincia romana donde más se cultivó el olivo y su comercio fue la Bética.  Es a los romanos a quienes debemos las primeras muestras de la presencia del olivo en Cascante.

 Cascantum, cuyos límites abarcaban más extensión que la actual Cascante, pertenecía a la provincia Tarragonense, integrada dentro del Conventus Cesaraugustano, según del itinerario de Antonino. Atravesaba Cascantum la vía romana que se dirigía a Cesaraugusta, hoy Zaragoza, y se comunicaba con Astúrica Augusta, la actual Astorga. La Tarraconense fue una región intensamente romanizada, de esta época es el olivo más antiguo, que se conserva en Tarragona. Al río Ebro se le llamaba Aurum flumen, río de oro, era navegable; por él discurría el traslado y comercio de aceite. En Cascante hay presencia del cultivo del olivo ya desde el S.I a.C. como muestran las excavaciones arqueológicas en dos villas romanas agropecuarias de Cascantum, Piecordero I y Camponuevo I, datadas desde el S.I a.C. hasta el IV d.C.

Pertenecientes a la época Alto Imperial romana, los estudios de prospección de las villas y excavación, llevados a cabo por la arqueóloga Marta Gómara de la asociación Vicus, el grupo de arqueología de Cascante, y la asociación Muérdago, pre preside Victor Huete, constatan la presencia en ambas villas de pólenes de olivo y huesos de aceitunas. Si bien se han encontrado en las estructuras constructivas de torculariun que demuestra la producción de vino, no hasta el presente en lo excavado se han encontrado prensas de palanca o lagos que demuestren la presencia de un trujal.  Con rigor, podemos afirmar la presencia de árboles de olivo, pero pudiera ser que los huesos de oliva demostraran el consumo, pero no la producción de aceite. Queda mucho por excavar. Los estudios arqueológicos están impulsados por el Ayuntamiento de Cascante, en colaboración con la UNED y la Universidad del País Vasco y el catedrático de la Universidad de Navarra, Javier Andreu.

A los romanos debemos también, desde el punto de vista lingüístico, el nombre de “oliva” (olïvum) y de trujal (törculare) prensa donde se estruja la uva o la aceituna.

SPANIA Tras la caída del Imperio romano, 476 d. C en la España de los visigodos o los celtíberos o los vascones hay un retroceso en el cultivo del olivo, imaginamos que también en Cascante.

AL ÁNDALUS- A partir del siglo VII llegan los que llamamos “moros”; eran en realidad los que llegaron a nuestra tierra no árabes puros sino bereberes, ya que en la distribución de tierras los árabes se quedaron con las tierras más fértiles de Andalucía. Cascante quedó en la zona regida por el conde visigodo Casio, un terrateniente de la época visigoda e hispano romana, que, “renegado” y convertido al islam, conservó las tierras, tomó el nombre de Banu Qasi, pactó con los invasores y gobernó una amplia zona del valle del Ebro, comprendiendo territorios actuales de la Rioja, Navarra y Aragón, en los siglos XVII y VIII. El valle del Ebro, gobernado por musulmanes de religión, bereberes, muladíes producto de los enlaces de cristianos y con bereberes y cristianos que poco a poco se reconvertían, se convirtió en una zona fronteriza y militarizada frente a los cristianos. Posteriormente Cascante perteneció al reino de Taifas de Zaragoza, como Tudela, Huesca, Calatayud y Soria, hasta 1119 conquistada al cristianismo por Alfonso I El Batallador.

Es Al Ándalus una época de esplendor para la agricultura, especialmente para el cultivo, las plantaciones intensivas de olivo, la traída de Oriente de nuevas especies de árboles, la mejora de los medios de extracción, de los molinos, de la producción y de la venta de aceituna y aceite. Los musulmanes tenían el aceite como base de su alimentación, ya que su religión les impedía utilizar manteca y grasa de cerdo. Trasformaron el paisaje con plantaciones de olivos, escribieron sobre su el cultivo en tratados de agricultura, así el Kitab al Filaha, o libro de agricultura redactado por el agrónomo sevillano Ibn al-Awwam, la selección de suelos, las técnicas de plantación, el injerto, los abonos, la prensa de cuña y los métodos de poda e hidratación. Los “moros” eran bereberes muy romanizados con una tradición en el Magreb bien aprendida del legado romano, que habían practicado el cultivo del olivo antes de la llegada de los éstos, pues ya habían los bereberes practicado “el injerto” del acebuche para conseguir mejor calidad del aceite. Eran muy expertos en el cultivo y producción del olivar desarrollado en áridas tierras con sistemas de riego como las acequias.

No podemos documentar elementos constructivos “moros” en Cascante, y, aunque la que esto escribe no pueda documentarlo, imagina que las plantaciones de oliva de Cascante de variedad empeltre por ser necesitada la plantación del injerto, que ya los bereberes conocían, y por ser el empeltre una de las variedades de árbol de aceituna más antiguo, puede tener el origen de nuestros campos de empeltrerías en esa época. Coincide, además, con la variedad empeltre de los olivos aragoneses, al fin regidos por el mismo sistema político e idéntica cultura. No hay hoy grandes olivos milenarios en Cascante. Muchos magníficos ejemplares fueron talados en la década durante el plan de estabilización del ministro Ullastres (1959) al facilitar la entrada de otros aceites en el mercado de consumo, pues se consideró más rentables plantaciones de girasol. Es Aragón la zona donde la variedad empeltre era definitoria, también en un tiempo la única de Cascante, aunque no queden ejemplares tan viejos, como aquellos que entonces bordeaban la carretera a Ablitas, o los ejemplares milenarios del Bajo Aragón.

Del paso musulmán, quedan en nuestro vocabulario palabras como aceite y aceituna (azzáyt, azzaytúuna, del arameo) aceituna y almazara (alma´sára) que, en árabe, signifiza molino de aceite.

RECONQUISTA Cascante es reconquistada por Alfonso el Batallador en 1119 quedando los musulmanes en unas condiciones beneficiosas, ya que los vencidos pudieron seguir teniendo sus heredades a cambio de un tributo, la situación iría empeorando con el tiempo, pasando de ser dueños de tierras a depender directamente del rey. En el año 1353, según el libro de monedaje, vivían en Cascante 30 familias moras. Se entregó el primer señorío de Cascante a Íñigo Sánchez. El historiador Juan Ignacio Fernández Marco afirma que la producción del olivo debió de ser deficitaria y menos abundante que el vino y el cereal, pues no hay referencias archivísticas hasta el siglo XIV, teniendo que importar el aceite de Aragón. Quizá, a la que esto escribe, no le resulta fácil de aceptar, ya que sabemos paisajes de olivos cerca, en la Rioja (antes Navarra) según se desprende de un poema de Gonzalo de Berceo, siglo XII en Milagro de Santa Oria alude levemente al paisaje de olivos en su libro “Vida de Santa Oria” (S XIII)

 

“Vido redor del monte anchura/

en ella de olivos una gran espesura

Cargado de olivos mucho sobre madura

poder volverlo en ellos una gran espesura.”

 

ESPAÑA, S. XIV XV. Los reyes cristianos protegieron el legado agrícola. El olivo se consideraba en Navarra un bien a mantener y explotar, así Carlos III El Noble, dicta dio una ordenanza (1399) fomentando la plantación de olivos y prohibiendo que el ganado pastase en los campos con plantaciones y estropeara la cosecha, castigando la infracción con durísimas sanciones. La mayoría de los campos que antes cultivaban los “moros” fueron heredados por grandes señores, Órdenes militares, la Orden de Malta o San Juan de Jerusalem y Órdenes religiosas de Cister, como el monasterio de Tulebras (S. XII) y otras órdenes. La Orden de Malta tuvo terrenos y olivares en Cascante, Calchetas, Urzante y toda la Ribera. En el siglo XV tenemos noticias por la venta de Juan Díaz a Francisco Martín, se pagaba 15 reales la arroba, según documento que publica Juan Antonio Fernández Marco y que recoge José Antonio Fernández en una publicación reciente.

S. XVI El historiador afirma que las plantaciones de olivos compartían terrenos con la vid en los términos de Remuñal, Torrecilla, Campos Nuevos y la Par. Entre los poseedores de olivares, Fernández Marco cita a Luis Zapata, la señora de Monteagudo, el coto redondo de los Garcés (siglo XVI) en la Torrecilla, y en el mismo término María Roncal, Martín Cubero y Juan de Mintezar. Fernández Marco deja constancia de al menos dos trujales, a finales del S. XVI uno de Martín de Ribas y otro en la calle Lombo de Bernardino López de Ribaforada. El arrendamiento de las tiendas de aceite era privativo del regidor de la villa. En 1588 la docena de aceite valía 5 reales, unos años más tarde había encarecido. Era obligado pagar diezmos a la iglesia. Cuando Malón de Chaide agradece a Dios el don del aceite, sabe de qué está hablando. Cascante, ciudad de la Ribera de Navarra, tiene y ha tenido entre sus dones la fertilidad de sus tierras en relación con dos de los productos más importantes en toda mesa bien surtida, uno de ellos: el aceite. Dice en unos versos de La Conversión de la Magdalena

 

“y el aceite le diste

que torna alegre el rostro del más triste                       

 

SIGLO XVII y XVIII En el siglo XVII era ya un producto básico de la economía agraria, la mayor parte de los olivares de Navarra se concentraban en Cascante, Ablitas y Monteagudo. Según el historiador Fernández Marco, las plantaciones de olivos estaban asociadas a las viñas en los términos de Remuñal, Torrecilla y Villas Nuevas, exclusivamente olivos en el término de La Par. Fernández Marco ha publicado en Cascante Ciudad de la Ribera II tomo un mapa con los términos y las producciones de cada término. Los trujales, como también las empeltrerías, pertenecían a los grandes señores y la iglesia y pagaban tributos, que la Iglesia reclama cuando se hace más abundante la producción de aceite. Los nombres que aparecen como propietarios el siglo XVIII, pertenecen en su mayor parte de la milicia, alto funcionariado y nobleza borbónica, entre ellos Vicente de Barazábal, con un trujal frente a su casa en la calle Mayor Baja, Francisca de Villanova, viuda de González de Castejón, en la Plaza de Sánchez, el del general José Joaquín Durán Barazábal, pienso que en El Portal, y el de los frailes de Santa María de la Victoria, de la Orden Mínima. El sistema más utilizado para extraer el aceite era la prensa de viga y quintal, que constaba de un tronco de madera de hasta 15 m de longitud fijado por un extremo a la pared y suspendido el otro; la pasta de aceituna era molida por un molino de piedra, se colocaba en capachos y se prensaba mediante un tornillo de madera haciendo descender la viga para que se apoyara en los capachos y extrajera el líquido, que escurría a los lados de los capachos y caía a una pileta para su posterior decantación. La declaración del Ayuntamiento de Cascante en 1607 a la Cámara de contos declaraba que dedicaba al cultivo de olivo 533 robadas, mucho menos extensión que el dedicado a la vid o los cereales. En los años 1771 a 1775 la producción fue de 2172 docenas de aceite. El aceite se destinaba al consumo local, se medía en libras y arrobas, una arroba equivalía a 10´25 litros actuales, se almacenaba en tinajas de barro.  Es difícil localizar huellas de los trujales hoy, la mayoría de ellos estuvieron emplazados en el casco urbano y han desaparecido, haría falta extraer documentación de las testamentarías de la época para seguir la pista de las herencias familiares. 

Quizá influyó en la caída de la producción la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones que implicó a Cascante y enfrentó a sus vecinos más poderosos

SIGLO XIX La cultura del olivar hasta mitad de siglo se mantiene en los mismos parámetros que el siglo anterior. El inicio de siglo conoce la guerra de la Independencia y los saqueos, es a mediados de siglo donde se va a conocer una gran expansión, nuevas plantaciones, nuevas técnicas y un desarrollo del olivar y de la industria trujalera. El aceite en Navarra llegó a representar el 20% de la industria agrícola. En la primera mitad de siglo, lo trujales cascantinos del siglo anterior no cambiaron de manos, eran ahora en el S. XIX propiedad de sus descendientes. En 1847 había 4 trujales, el de Durán era de su hija Águeda de Barazábal (Nicolás Berdejo), en la cuesta del Portal, el de Barazábal, ahora de Victoriano de San Cristobal; D Genaro Jiménez y Jiménez de Lerín y el de la Orden de Mínimos, imaginamos sería el adjudicado a Doña Concepción Ximénez de Cascante, (Aixa) tras la amortización de 1836. La segunda mitad de siglo conoce una gran expansión del olivo y de la industria del aceite, por las innovaciones y las nuevas circunstancias políticas. En la abundancia de la mayor plantación de los olivares influyen en toda España, y también en Cascante, las reformas liberales y la desamortización, que pone en manos particulares tierras de propiedad conventual y señorío, las llamadas “manos muertas” así del Monasterio del Cister de Tulebras o las propiedades de los frailes de la Orden Mínima de Cascante, entre ellos su trujal, o las Jesuitas de Tudela y , en 1847, la Orden de san Juan de Jerusalen. Entre 1836 y 1850 se vendieron en subasta pública en Navarra más de 5.ooo hectáreas, entre ellos campos de olivares en la Ribera, compradas por burgueses, nobles y altos funcionarios del Estado que se convierten en terratenientes y utilizan la tierra de olivares y los trujales como negocio. Hay tres desamortizaciones, 1833, 1841, 1855, que afectó a conventos, cofradías monasterios y comunales del pueblo. Desde 1857 a finales de siglo se sumaron a los trujales existentes los trujales de D Mauricio Bobadilla, adjunto a su casa; D. Plácido Morales, y José María López Tejerina junto a la acequia del Botero; Jenaro Jiménez y Jiménez de Leorín, Mariquita Cereceda González de Castejón, viuda de Jerónimo Martín Landa, el trujal Martín y Samanes camino de la Puerta Baja, hoy Duplá. En San Juan, Gonzalo Ximénez y Ximénez. Nuevamente se necesitaría estudiar las testamentarías para localizar los emplazamientos de los que desconocemos.

Los historiadores consideran la segunda mitad del siglo XIX como “el segundo episodio de la domesticación del olivo”. Hay en el XIX innovaciones tecnológicas: A principios de siglo era de extracción animal y el prensado se efectuaba con prensas de viga de recrecido manual, conservando el aceite en tinajas. A mediados los métodos de extracción empezaron a cambiar con la llegada de la industrialización y las prensas hidráulicas, consolidándose de forma masiva a principios del S. XX; se guardaba el aceite en latas y en garrafas de cristal, con lo que hacía más fácil el trasporte.  Sin empiezan a utilizar los abonos químicos, lo que incrementa la mejora en la producción de olivas. En 1802 el diccionario de Madoz atribuye a Cascante 30.000 docenas, cifra muy superior a la de 2272 en el año 1775. Cada docena equivalía a12 libras. José Antonio Fernández recoge esa cifra y la del diccionario mellado que adjudica a Cascante una producción de aceite de 300 arrobas cuyo lo que equivale a 34 .5oo kg. La producción del aceite de Cascante consolidó a la ciudad como uno de los epicentros olivareros más importante del norte de España. A pesar de la importancia de la producción, a diferencia de otras regiones donde se impuso el cooperativismo, la se impuso el trujal de propiedad privada. El desarrollo del olivar y la industria del olivo en Cascante en el S  XIX es lo que permite el esplendor del principio del siglo XX.

Siglo XX, antes de cerrar este recuerdo a la tradición olivarera de Cascante, me permito cita, porque juzgo interesante, los trujales existentes en el siglo XX, alguno de los cuales hemos conocido, yo nací en uno de ellos, en la casa situada en el trujal Fuentes Soria, propiedad de mi padre, Andrés Fuentes Soria y de sus hermanos Isabel y Antonio.

Dejaré su estudio para otro capítulo, para no alargarme. Llegaron a operar 20 trujales al mismo tiempo, como recoge la publicación de Fernando Jiménez Fuentes sobre el tema.

Vayamos a la cita que recoge de Fernández Marco de José Antonio Fernández en su nueva publicación recién aparecida y que recomiendo. Trascribo:

HERMANOS FUENTES SORIA en Vía Romana. Tres prensas tipo medio de pistón 0,32 y una grande de pistón 0,45. Tenía, además, una extractora de orujo y jabonería. - GUELBENZU, Hnos. en calle San Juan. Dos prensas de tipo tamaño medio. - MANUEL ÁLAVA (Aniceto Angós) en Avda. de La Paz.  Tres prensas tamaño medio. - JUAN DE DIOS PARDO en Paseo Invierno. Dos prensas tamaño medio. - MARTÍNEZ DE AZAGRA (PAJARERAS) en C/ San Pedro. Dos prensas tamaño medio. BRUNETT Arrendatarios: Felipe Jiménez, Jesús Royo, Faustino Bazo. En Vía Corell. Dos prensas de tamaño menor. -  DUPLÁ, Hnos.   en Vía Romana. Dos prensas tamaño medio - M ARIANO LITAGO en Carretera Estación. Dos prensas: grande y mediana. -  DÍAZ VARELA (General) en calle de su nombre. Dos prensas tamaño medio. - CLAVER., Hnos. en camino de Murchante. Una prensa tamaño medio.  -BURGOS Y JIMÉNEZ en Vía Romana, adquirido en 1940 por los hermanos, Celso y Román Jiménez y Juan Burgos Pamplona, en sociedad. Adquirido más tarde por los hermanos Baltasar y Herminio Jiménez Bobadilla. Dos prensas tamaño medio. - JIMÉNEZ MELERO, Hnos.  en Carretera Estación. Una prensa tamaño medio. - JOSÉ Y VICTORINO JIMÉNEZ en/ San Juan. Una prensa tamaño medio. - BLANCA BOBADILLA, VICTORIANO FRANCÉS y FRANCISCO LABARGA (en c/ Vicente Tutor. Una prensa tamaño medio.- JOSÉ GÓMARA “El Trujalilllo” en c/Diana. Una prensa pequeña.

 

Medalla de Oro. En 1929 el aceite del trujal del general Carlos Díaz Varela, esposo de la cascantina, Mª Luisa Ximénez de Allo, obtuvo un premio internacional de gran relevancia en la exposición Universal de Sevilla que puso el aceite de Cascante en la cima de los aceites internacionales.

 La excelencia fue siempre el interés de los fabricantes de aceite. Pero dejemos los siglos XX y XXI para el próximo Capítulo de la Cofradía.

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Pamplona 25, septiembre, 192 EL OLIVO Y LA TRADICIÓN OLIVARERA CASCANTINA

Históricamente se ha considerado que la introducción del olivo en España fue hecha por los fenicios en el siglo IX a.C. No obstante, restos arqueológicos encontrados en los yacimientos de la costa andaluza, en las cuevas de Nerja y la de los Murciélagos de Albuñol, señalan la presencia de pólenes del olivo silvestre, o acebuche, ya en la prehistoria, que los arqueólogos datan 12.000 años a.C.  Asimismo, en yacimientos del neolítico como el Gacel en Almería hay restos de acebuche que pueden fecharse 3000 o 1400 años antes de Cristo, lo que nos hace afirmar que en la Península Ibérica ya existía el olivo silvestre, antes de los fenicios.

IBERIA En el siglo VIII y IX, a.C.  se da por cierto el asentamiento de los fenicios en Iberia, procedentes del Líbano. Fundaron en el Mediterráneo las ciudades de Cádiz, Málaga y Adra, que funcionaban como puntos comerciales en el sur de la península. Es a los fenicios a quien la historia responsabiliza de la traída y la comercialización del olivo cultivado y su producto, el aceite. Los fenicios fueron excelentes comerciantes. Las colonias griegas como Rosas y Ampurias comerciaron con los fenicios en el Mediterráneo occidental fomentando el comercio del aceite y el olivo. Como nota interesante de los griegos y el uso del olivo, sabemos que las coronas con que Grecia coronaba a sus héroes, estuvo hecha con hojas de acebuche. Son los griegos los que llevan el cultivo de la oliva a Italia.

HISPANIA La llegada de los romanos y de sus legiones en el 218 a.C. a Hispania impulsó la expansión y cultivo del olivo. Los romanos consolidaron las plantaciones, utilizaron técnicas de producción e hicieron que Hispania se convirtiera en gran potencia exportadora de aceite por todo el mundo. La provincia romana donde más se cultivó el olivo y su comercio fue la Bética.  Es a los romanos a quienes debemos las primeras muestras de la presencia del olivo en Cascante.

 Cascantum, cuyos límites abarcaban más extensión que la actual Cascante, pertenecía a la provincia Tarragonense, integrada dentro del Conventus Cesaraugustano, según del itinerario de Antonino. Atravesaba Cascantum la vía romana que se dirigía a Cesaraugusta, hoy Zaragoza, y se comunicaba con Astúrica Augusta, la actual Astorga. La Tarraconense fue una región intensamente romanizada, de esta época es el olivo más antiguo, que se conserva en Tarragona. Al río Ebro se le llamaba Aurum flumen, río de oro, era navegable; por él discurría el traslado y comercio de aceite. En Cascante hay presencia del cultivo del olivo ya desde el S.I a.C. como muestran las excavaciones arqueológicas en dos villas romanas agropecuarias de Cascantum, Piecordero I y Camponuevo I, datadas desde el S.I a.C. hasta el IV d.C.

Pertenecientes a la época Alto Imperial romana, los estudios de prospección de las villas y excavación, llevados a cabo por la arqueóloga Marta Gómara de la asociación Vicus, el grupo de arqueología de Cascante, y la asociación Muérdago, pre preside Victor Huete, constatan la presencia en ambas villas de pólenes de olivo y huesos de aceitunas. Si bien se han encontrado en las estructuras constructivas de torculariun que demuestra la producción de vino, no hasta el presente en lo excavado se han encontrado prensas de palanca o lagos que demuestren la presencia de un trujal.  Con rigor, podemos afirmar la presencia de árboles de olivo, pero pudiera ser que los huesos de oliva demostraran el consumo, pero no la producción de aceite. Queda mucho por excavar. Los estudios arqueológicos están impulsados por el Ayuntamiento de Cascante, en colaboración con la UNED y la Universidad del País Vasco y el catedrático de la Universidad de Navarra, Javier Andreu.

A los romanos debemos también, desde el punto de vista lingüístico, el nombre de “oliva” (olïvum) y de trujal (törculare) prensa donde se estruja la uva o la aceituna.

SPANIA Tras la caída del Imperio romano, 476 d. C en la España de los visigodos o los celtíberos o los vascones hay un retroceso en el cultivo del olivo, imaginamos que también en Cascante.

AL ÁNDALUS- A partir del siglo VII llegan los que llamamos “moros”; eran en realidad los que llegaron a nuestra tierra no árabes puros sino bereberes, ya que en la distribución de tierras los árabes se quedaron con las tierras más fértiles de Andalucía. Cascante quedó en la zona regida por el conde visigodo Casio, un terrateniente de la época visigoda e hispano romana, que, “renegado” y convertido al islam, conservó las tierras, tomó el nombre de Banu Qasi, pactó con los invasores y gobernó una amplia zona del valle del Ebro, comprendiendo territorios actuales de la Rioja, Navarra y Aragón, en los siglos XVII y VIII. El valle del Ebro, gobernado por musulmanes de religión, bereberes, muladíes producto de los enlaces de cristianos y con bereberes y cristianos que poco a poco se reconvertían, se convirtió en una zona fronteriza y militarizada frente a los cristianos. Posteriormente Cascante perteneció al reino de Taifas de Zaragoza, como Tudela, Huesca, Calatayud y Soria, hasta 1119 conquistada al cristianismo por Alfonso I El Batallador.

Es Al Ándalus una época de esplendor para la agricultura, especialmente para el cultivo, las plantaciones intensivas de olivo, la traída de Oriente de nuevas especies de árboles, la mejora de los medios de extracción, de los molinos, de la producción y de la venta de aceituna y aceite. Los musulmanes tenían el aceite como base de su alimentación, ya que su religión les impedía utilizar manteca y grasa de cerdo. Trasformaron el paisaje con plantaciones de olivos, escribieron sobre su el cultivo en tratados de agricultura, así el Kitab al Filaha, o libro de agricultura redactado por el agrónomo sevillano Ibn al-Awwam, la selección de suelos, las técnicas de plantación, el injerto, los abonos, la prensa de cuña y los métodos de poda e hidratación. Los “moros” eran bereberes muy romanizados con una tradición en el Magreb bien aprendida del legado romano, que habían practicado el cultivo del olivo antes de la llegada de los éstos, pues ya habían los bereberes practicado “el injerto” del acebuche para conseguir mejor calidad del aceite. Eran muy expertos en el cultivo y producción del olivar desarrollado en áridas tierras con sistemas de riego como las acequias.

No podemos documentar elementos constructivos “moros” en Cascante, y, aunque la que esto escribe no pueda documentarlo, imagina que las plantaciones de oliva de Cascante de variedad empeltre por ser necesitada la plantación del injerto, que ya los bereberes conocían, y por ser el empeltre una de las variedades de árbol de aceituna más antiguo, puede tener el origen de nuestros campos de empeltrerías en esa época. Coincide, además, con la variedad empeltre de los olivos aragoneses, al fin regidos por el mismo sistema político e idéntica cultura. No hay hoy grandes olivos milenarios en Cascante. Muchos magníficos ejemplares fueron talados en la década durante el plan de estabilización del ministro Ullastres (1959) al facilitar la entrada de otros aceites en el mercado de consumo, pues se consideró más rentables plantaciones de girasol. Es Aragón la zona donde la variedad empeltre era definitoria, también en un tiempo la única de Cascante, aunque no queden ejemplares tan viejos, como aquellos que entonces bordeaban la carretera a Ablitas, o los ejemplares milenarios del Bajo Aragón.

Del paso musulmán, quedan en nuestro vocabulario palabras como aceite y aceituna (azzáyt, azzaytúuna, del arameo) aceituna y almazara (alma´sára) que, en árabe, signifiza molino de aceite.

RECONQUISTA Cascante es reconquistada por Alfonso el Batallador en 1119 quedando los musulmanes en unas condiciones beneficiosas, ya que los vencidos pudieron seguir teniendo sus heredades a cambio de un tributo, la situación iría empeorando con el tiempo, pasando de ser dueños de tierras a depender directamente del rey. En el año 1353, según el libro de monedaje, vivían en Cascante 30 familias moras. Se entregó el primer señorío de Cascante a Íñigo Sánchez. El historiador Juan Ignacio Fernández Marco afirma que la producción del olivo debió de ser deficitaria y menos abundante que el vino y el cereal, pues no hay referencias archivísticas hasta el siglo XIV, teniendo que importar el aceite de Aragón. Quizá, a la que esto escribe, no le resulta fácil de aceptar, ya que sabemos paisajes de olivos cerca, en la Rioja (antes Navarra) según se desprende de un poema de Gonzalo de Berceo, siglo XII en Milagro de Santa Oria alude levemente al paisaje de olivos en su libro “Vida de Santa Oria” (S XIII)

 

“Vido redor del monte anchura/

en ella de olivos una gran espesura

Cargado de olivos mucho sobre madura

poder volverlo en ellos una gran espesura.”

 

ESPAÑA, S. XIV XV. Los reyes cristianos protegieron el legado agrícola. El olivo se consideraba en Navarra un bien a mantener y explotar, así Carlos III El Noble, dicta dio una ordenanza (1399) fomentando la plantación de olivos y prohibiendo que el ganado pastase en los campos con plantaciones y estropeara la cosecha, castigando la infracción con durísimas sanciones. La mayoría de los campos que antes cultivaban los “moros” fueron heredados por grandes señores, Órdenes militares, la Orden de Malta o San Juan de Jerusalem y Órdenes religiosas de Cister, como el monasterio de Tulebras (S. XII) y otras órdenes. La Orden de Malta tuvo terrenos y olivares en Cascante, Calchetas, Urzante y toda la Ribera. En el siglo XV tenemos noticias por la venta de Juan Díaz a Francisco Martín, se pagaba 15 reales la arroba, según documento que publica Juan Antonio Fernández Marco y que recoge José Antonio Fernández en una publicación reciente.

S. XVI El historiador afirma que las plantaciones de olivos compartían terrenos con la vid en los términos de Remuñal, Torrecilla, Campos Nuevos y la Par. Entre los poseedores de olivares, Fernández Marco cita a Luis Zapata, la señora de Monteagudo, el coto redondo de los Garcés (siglo XVI) en la Torrecilla, y en el mismo término María Roncal, Martín Cubero y Juan de Mintezar. Fernández Marco deja constancia de al menos dos trujales, a finales del S. XVI uno de Martín de Ribas y otro en la calle Lombo de Bernardino López de Ribaforada. El arrendamiento de las tiendas de aceite era privativo del regidor de la villa. En 1588 la docena de aceite valía 5 reales, unos años más tarde había encarecido. Era obligado pagar diezmos a la iglesia. Cuando Malón de Chaide agradece a Dios el don del aceite, sabe de qué está hablando. Cascante, ciudad de la Ribera de Navarra, tiene y ha tenido entre sus dones la fertilidad de sus tierras en relación con dos de los productos más importantes en toda mesa bien surtida, uno de ellos: el aceite. Dice en unos versos de La Conversión de la Magdalena

 

“y el aceite le diste

que torna alegre el rostro del más triste                       

 

SIGLO XVII y XVIII En el siglo XVII era ya un producto básico de la economía agraria, la mayor parte de los olivares de Navarra se concentraban en Cascante, Ablitas y Monteagudo. Según el historiador Fernández Marco, las plantaciones de olivos estaban asociadas a las viñas en los términos de Remuñal, Torrecilla y Villas Nuevas, exclusivamente olivos en el término de La Par. Fernández Marco ha publicado en Cascante Ciudad de la Ribera II tomo un mapa con los términos y las producciones de cada término. Los trujales, como también las empeltrerías, pertenecían a los grandes señores y la iglesia y pagaban tributos, que la Iglesia reclama cuando se hace más abundante la producción de aceite. Los nombres que aparecen como propietarios el siglo XVIII, pertenecen en su mayor parte de la milicia, alto funcionariado y nobleza borbónica, entre ellos Vicente de Barazábal, con un trujal frente a su casa en la calle Mayor Baja, Francisca de Villanova, viuda de González de Castejón, en la Plaza de Sánchez, el del general José Joaquín Durán Barazábal, pienso que en El Portal, y el de los frailes de Santa María de la Victoria, de la Orden Mínima. El sistema más utilizado para extraer el aceite era la prensa de viga y quintal, que constaba de un tronco de madera de hasta 15 m de longitud fijado por un extremo a la pared y suspendido el otro; la pasta de aceituna era molida por un molino de piedra, se colocaba en capachos y se prensaba mediante un tornillo de madera haciendo descender la viga para que se apoyara en los capachos y extrajera el líquido, que escurría a los lados de los capachos y caía a una pileta para su posterior decantación. La declaración del Ayuntamiento de Cascante en 1607 a la Cámara de contos declaraba que dedicaba al cultivo de olivo 533 robadas, mucho menos extensión que el dedicado a la vid o los cereales. En los años 1771 a 1775 la producción fue de 2172 docenas de aceite. El aceite se destinaba al consumo local, se medía en libras y arrobas, una arroba equivalía a 10´25 litros actuales, se almacenaba en tinajas de barro.  Es difícil localizar huellas de los trujales hoy, la mayoría de ellos estuvieron emplazados en el casco urbano y han desaparecido, haría falta extraer documentación de las testamentarías de la época para seguir la pista de las herencias familiares. 

Quizá influyó en la caída de la producción la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones que implicó a Cascante y enfrentó a sus vecinos más poderosos

SIGLO XIX La cultura del olivar hasta mitad de siglo se mantiene en los mismos parámetros que el siglo anterior. El inicio de siglo conoce la guerra de la Independencia y los saqueos, es a mediados de siglo donde se va a conocer una gran expansión, nuevas plantaciones, nuevas técnicas y un desarrollo del olivar y de la industria trujalera. El aceite en Navarra llegó a representar el 20% de la industria agrícola. En la primera mitad de siglo, lo trujales cascantinos del siglo anterior no cambiaron de manos, eran ahora en el S. XIX propiedad de sus descendientes. En 1847 había 4 trujales, el de Durán era de su hija Águeda de Barazábal (Nicolás Berdejo), en la cuesta del Portal, el de Barazábal, ahora de Victoriano de San Cristobal; D Genaro Jiménez y Jiménez de Lerín y el de la Orden de Mínimos, imaginamos sería el adjudicado a Doña Concepción Ximénez de Cascante, (Aixa) tras la amortización de 1836. La segunda mitad de siglo conoce una gran expansión del olivo y de la industria del aceite, por las innovaciones y las nuevas circunstancias políticas. En la abundancia de la mayor plantación de los olivares influyen en toda España, y también en Cascante, las reformas liberales y la desamortización, que pone en manos particulares tierras de propiedad conventual y señorío, las llamadas “manos muertas” así del Monasterio del Cister de Tulebras o las propiedades de los frailes de la Orden Mínima de Cascante, entre ellos su trujal, o las Jesuitas de Tudela y , en 1847, la Orden de san Juan de Jerusalen. Entre 1836 y 1850 se vendieron en subasta pública en Navarra más de 5.ooo hectáreas, entre ellos campos de olivares en la Ribera, compradas por burgueses, nobles y altos funcionarios del Estado que se convierten en terratenientes y utilizan la tierra de olivares y los trujales como negocio. Hay tres desamortizaciones, 1833, 1841, 1855, que afectó a conventos, cofradías monasterios y comunales del pueblo. Desde 1857 a finales de siglo se sumaron a los trujales existentes los trujales de D Mauricio Bobadilla, adjunto a su casa; D. Plácido Morales, y José María López Tejerina junto a la acequia del Botero; Jenaro Jiménez y Jiménez de Leorín, Mariquita Cereceda González de Castejón, viuda de Jerónimo Martín Landa, el trujal Martín y Samanes camino de la Puerta Baja, hoy Duplá. En San Juan, Gonzalo Ximénez y Ximénez. Nuevamente se necesitaría estudiar las testamentarías para localizar los emplazamientos de los que desconocemos.

Los historiadores consideran la segunda mitad del siglo XIX como “el segundo episodio de la domesticación del olivo”. Hay en el XIX innovaciones tecnológicas: A principios de siglo era de extracción animal y el prensado se efectuaba con prensas de viga de recrecido manual, conservando el aceite en tinajas. A mediados los métodos de extracción empezaron a cambiar con la llegada de la industrialización y las prensas hidráulicas, consolidándose de forma masiva a principios del S. XX; se guardaba el aceite en latas y en garrafas de cristal, con lo que hacía más fácil el trasporte.  Sin empiezan a utilizar los abonos químicos, lo que incrementa la mejora en la producción de olivas. En 1802 el diccionario de Madoz atribuye a Cascante 30.000 docenas, cifra muy superior a la de 2272 en el año 1775. Cada docena equivalía a12 libras. José Antonio Fernández recoge esa cifra y la del diccionario mellado que adjudica a Cascante una producción de aceite de 300 arrobas cuyo lo que equivale a 34 .5oo kg. La producción del aceite de Cascante consolidó a la ciudad como uno de los epicentros olivareros más importante del norte de España. A pesar de la importancia de la producción, a diferencia de otras regiones donde se impuso el cooperativismo, la se impuso el trujal de propiedad privada. El desarrollo del olivar y la industria del olivo en Cascante en el S  XIX es lo que permite el esplendor del principio del siglo XX.

Siglo XX, antes de cerrar este recuerdo a la tradición olivarera de Cascante, me permito cita, porque juzgo interesante, los trujales existentes en el siglo XX, alguno de los cuales hemos conocido, yo nací en uno de ellos, en la casa situada en el trujal Fuentes Soria, propiedad de mi padre, Andrés Fuentes Soria y de sus hermanos Isabel y Antonio.

Dejaré su estudio para otro capítulo, para no alargarme. Llegaron a operar 20 trujales al mismo tiempo, como recoge la publicación de Fernando Jiménez Fuentes sobre el tema.

Vayamos a la cita que recoge de Fernández Marco de José Antonio Fernández en su nueva publicación recién aparecida y que recomiendo. Trascribo:

HERMANOS FUENTES SORIA en Vía Romana. Tres prensas tipo medio de pistón 0,32 y una grande de pistón 0,45. Tenía, además, una extractora de orujo y jabonería. - GUELBENZU, Hnos. en calle San Juan. Dos prensas de tipo tamaño medio. - MANUEL ÁLAVA (Aniceto Angós) en Avda. de La Paz.  Tres prensas tamaño medio. - JUAN DE DIOS PARDO en Paseo Invierno. Dos prensas tamaño medio. - MARTÍNEZ DE AZAGRA (PAJARERAS) en C/ San Pedro. Dos prensas tamaño medio. BRUNETT Arrendatarios: Felipe Jiménez, Jesús Royo, Faustino Bazo. En Vía Corell. Dos prensas de tamaño menor. -  DUPLÁ, Hnos.   en Vía Romana. Dos prensas tamaño medio - M ARIANO LITAGO en Carretera Estación. Dos prensas: grande y mediana. -  DÍAZ VARELA (General) en calle de su nombre. Dos prensas tamaño medio. - CLAVER., Hnos. en camino de Murchante. Una prensa tamaño medio.  -BURGOS Y JIMÉNEZ en Vía Romana, adquirido en 1940 por los hermanos, Celso y Román Jiménez y Juan Burgos Pamplona, en sociedad. Adquirido más tarde por los hermanos Baltasar y Herminio Jiménez Bobadilla. Dos prensas tamaño medio. - JIMÉNEZ MELERO, Hnos.  en Carretera Estación. Una prensa tamaño medio. - JOSÉ Y VICTORINO JIMÉNEZ en/ San Juan. Una prensa tamaño medio. - BLANCA BOBADILLA, VICTORIANO FRANCÉS y FRANCISCO LABARGA (en c/ Vicente Tutor. Una prensa tamaño medio.- JOSÉ GÓMARA “El Trujalilllo” en c/Diana. Una prensa pequeña.

 

Medalla de Oro. En 1929 el aceite del trujal del general Carlos Díaz Varela, esposo de la cascantina, Mª Luisa Ximénez de Allo, obtuvo un premio internacional de gran relevancia en la exposición Universal de Sevilla que puso el aceite de Cascante en la cima de los aceites internacionales.

 La excelencia fue siempre el interés de los fabricantes de aceite. Pero dejemos los siglos XX y XXI para el próximo Capítulo de la Cofradía

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miércoles, 14 de octubre de 2026

DIA DE LAS ESCRITORAS, CENTENARIO LEL LYCEUM CLUB Dos liceistas navarras

 


CENTENARIO DEL LYCEUM CLUB, 1926-2026.Dos lyceistas pamplonsas

Vaya por quien esto escribe un homenaje a la primera asociación cívica de mujeres que aunaron esfuerzos para desarrollar sus capacidades y tener presencia pública y activa en una sociedad que se resistía a aceptarlas. Ellas fueron el símbolo de la incipiente emancipación de la mujer. En mi recuerdo a María de Maaeztu, la pedagoga feminista de la fraternidad femenina, la persona que, desde mi punto de vista, más hizo por la profesionalización de la mujer y descansa en el cementerio de Estella. Y vaya también mi recuerdo y homenaje a las dos navarras lyceistas pioneras que lo consiguieron: Carmen Baroja y Matide Huici.
SITUACIÓN DE LA MUJER ILUSTRADA BURGUESA EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX
Nada nace de la nada. iniciado en el XIX con figuras como Emilis Pardo Bazán o Concepción Arenal, en el primer tercio del siglo XX empezaba a notarse. la presencia de la mujer en el espacio público. Seguía siendo la española una sociedad misógina, pero existía familias de clase alta y media o aristócratas avanzadas que buscaba un cauce para la educación de sus hijas, y maridos acordes con la necesidad intelectual de sus esposas. Lo que la crítica llamó “las modernas” pertenecían a una burguesía liberal acomodada, sin una tendencia política determinada que no fuera el interés de la proyección femenina.
Desde 1910, fecha oficial de acceso de la mujer a la universidad española, hasta 1926, año de la creación del Lyceum Club, cuyo centenario celebramos, habían pasado por la universidad al menos dos generaciones de licenciadas universitarias. A esta representatividad femenina universitaria se sumaba la presencia de las maestras de las Escuelas de Magisterio, consolidadas por la Ley Moyano de 1857, de la que provenían figuras señeras como María de Maeztu, María Lejárraga, Carmen de Burgos, o la navarra Matilde Huici. Algunas de ella ampliaron desde Magisterio estudios superiores, es el caso de María de Maeztu, pedagoga licenciada en Filosofía y letras en Salamanca o Matilde Huici, abogada.  Desde 1910, dependiendo del Ministerio de Instrucción podían concurrir mujeres a oposiciones de Archivos y Bibliotecas, y algunas bibliotecarias que en fechas tempranas gabaron oposiciones a través de la carrera de Filosofía y Letras, en 1922 María Moliner y Pilar Lamarque, en 1930 la navarra Joaquina Eguaras y otras como María Pilar Moveva y Juana Capdeville. La Escuela de Bellas Artes abrió sus puertas a pintoras como Maruja Mallo en 1922, Maruja Mallo, Victorina Duran en 1917 y Francis Bartolocci en 1925. El primer tercio del siglo conoció una gran actividad literaria. A caballo entre tres dos siglos generaciones la generación el del 98, y a inicios del S.XX la del 14 ya la del 27. Silenciadas hasta fechas recientes las aportaciones femeninas, podemos  adscribirlas a una generación u otra, dependiendo de si nuestros criterios son relativos a la edad de nacimiento o los temas tratados, a creadoras  notables como Carmen Baroja, María Lejárraga, Carmen de Burgos, Concha Espina, María Zambrano, María de Maeztu, María Goyri, Clara Campoamor, Zenobia Camprubí, Mari Luz Moralesí, Matide Huici, Ernestina de Chanpourcín, Concha Méndez, María Teresa León, Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Josefina de la Tore, Carmen Conde, Rosa Chacel, por citar a algunas. Champourcín y Méndez publicaron su primer libro en 1926. Elisa soriano acabó la carrera de Medicina en 1918. Tuvo auge la novela corta y numerosas las editoriales donde publicaron, Carmen de Burgos, Magda Donato, Caterina Albert, Blanca de los Ríos. Inmersas en el mundo cultural con actividades teatrales, o poéticas o editoriales, así Concha Méndez, Carmen Monné, Carmen Baroja, Pilar de Valderrama, eran mujeres que buscaban cauces de desarrollo personal. Para las que vivían en Madrid, el Lyceum Club iba a ser a una plataforma de lanzamiento público y un lugar donde exponer sus obras y hacer presentaciones de sus libros, también para exigir mejorar la condición civil y penal de la mujer buscando la igualdad de derechos. 
LOS LYCEOS INTERNACIONALES 
Los Liceos de mujeres en el siglo XX, se abrieron por iniciativa de mujeres para la promoción educativa, social y cultural de la mujer, facilitándole un espacio de encuentro que promoviera su desarrollo.  Los liceos femeninos, tenían organización similar a los clubs privados masculinos ingleses, eran exclusivamente de mujeres, organizados y sufragados por ellas.  El Primero de los liceos fue iniciado en 1904 en Londres por Constance de Smedley Amrsfild en Piccadilly St.128.  Pronto se abrieron otros con los mismos fines en Berlín, París, Roma, Bruselas, Nueva York, La Haya y En 1931 se crea en La Habana. Desde 1908 los clubs femeninos se agruparon en La International Associación of Lyceum. 
El grupo de mujeres que iban a formar el liceo madrileño, las pioneras, se venían reuniendo en 1925 al amparo de María de Maeztu en la sede de la Residencia de Señoritas de Fortuny 53, y es esa la dirección que figurará en los estatutos que se presentaron para su aprobación ante el Ministerio de Gobernación. Aunque Maeztu hubiera preferido inicialmente la creación de un liceo mixto, el liceo madrileño a similitud con los liceos internacionales, se constituiría femenino exclusivamente. Carmen Baroja y su cuñada Carmen Monné viajaron a Londres y los estatutos españoles se inspiraron en los de los clubs ingleses. Se configuraría como un club femenino privado e independiente de las instituciones, mantenido y dirigido por mujeres como un lugar de encuentro para su propia proyección, educativa, artística, cultural y social. 
RELACIÓN CON LA RESIDENCIA DE SEÑORIAS Y LA JAE
El proyecto de un Lyceo en Madrid se llevó a cabo por un grupo de mujeres no tan jóvenes, la mayoría casada; Carmen Baroja tenía entonces 33 años y Matilde Huici 36.  El grupo inicial de mujeres estaba relacionado en su mayor partea con la Institución Libre de Enseñanza, de inspiración krausista, a través de María de Maeztu. Concha Fagoaga, una de las relevantes estudiosas del Lyceum Club, incide en la relación con la Residencia de Señoritas, ya que muchas de las lyceístas fueron residentes o profesoras, o socias de la Sociedad de Cursos y Conferencias. Maeztu no sólo era directora de la Residencia de Señoritas, era además vocal de la  Junta de Ampliación de Estudios y vocal de la Junta de la Sociedad de Cursos y Conferencias, iniciativa privada que mantenía la vida socio cultural de la Residencia de Estudiantes y de la Residencia de Señoritas y por la que había pasado toda la clase intelectual de Madrid, Alberti, Maeztu, García Lorca, también notables conferenciantes como en 1923 Albert Einstein o María Curia daría una conferencia en 1 931.  
DIRECTORA María de Maeztu, que sería la primera directora del Lyceum Club, era una prestigiosa pedagoga, licenciada en Filosofía y Letras, conferenciante y escritora, que amplió su formación académica, gracias a la junta de Ampliación de Estudios, en Europa, Estados Unidos y América. Desde 1915 dirigía Residencia de Señoritas y apoyaba desde la Residencia, y las actividades en torno a ella, la inclusión plena de las jóvenes estudiantes en la sociedad. Defensora de la educación de la mujer, las chicas de la Residencia de Señoritas tenían posibilidades poco habituales hasta entonces en España: estudiar instaladas en un ambiente cosmopolita, el aprendizaje de idiomas y el intercambio con universidades extranjeras, a través la JAE y al convenio con el Instituto Internacional. El también llamado Instituto Boston, Instaurado en Santander para educación de la mujer en 1892   por el matrimonio norteamericano William Gulick y Alice Gordon Gulick, se estableció desde 1903 en Madrid en la calle Fortuny era vecino de la Residencia de Señoritas y ambas instituciones habían establecido un convenio de colaboración
 LAS LYCEISTAS Las Lyceistas pioneras, como afirma Fagoaga, participaban en alguna de las instituciones de la JAE, fue el caso de las dos navarras de las que hoy hablaremos. Carmen Baroja Nessi llevaba a su hijo Julio al Instituto Escuela y Matilde Huici Navaz, que vivió en la Residencia de Señoritas, fue profesora de la Sección Preparatoria del Instituto Escuela, del Curso de Vacaciones para Extranjeros de la Junta de Ampliación de Estudios y fue becada por el Ministerio de Instrucción pública a instancias de la JAE. Huici había crecido profesionalmente en la órbita de la Institución Libre de Enseñanza. 
Iniciado el Lyceum Club, las asociadas   tuvieron mentalidad plural. El punto aglutinante de todas ellas fue el interés en la promoción de la mujer, la profesionalidad y la presencia en la vida pública. Inicialmente Carmen Baroja habla de que lo formaron unas 50 fundadoras, según otras fuentes las pioneras fueron unas 151, que en poco tiempo pasaría de las 500  Del Lyceum club fueron socias las mujeres más reconocidas de la época
EL LYCEUM CLUB SE HACE REALIDAD Los estatutos fueron aprobados por las asociadas. Es en abril de 1926 cuando se legalizan en el Ministerio de la Gobernación los estatutos. Figura como sede Fortuny 53, sede de la Residencia de Señoritas. Es en el mes de mayo cuando las social encuentran y alquilan varias dependencias en la llamada “Casa de las siete Chimeneas”, en la calle Infantas nº31. Necesitado de reformas, se inician dándolas por concluidas en noviembre de 1926, fecha de inauguración, que se hizo en el Mirlo Blanco, casa de los Baroja, representando obras de teatro, Ligazón de Valle Inclán Arlequín, de Pío Baroja y Marineros Vascos de Ricardo Baroja. Se cobraron las entradas a 20 pesetas 
En su junta directiva figura como Presidenta de Honor la Reina Victoria Eugeniay, y María Rosario de Silva y Gurtubay, duquesa de Alba. Presidenta María de Maeztu. Vicepresidentas, Victoria Kent e Isabel Ollarzabal; Tesorera Amalia Gatarraga; Secretaria, Elen Phillips; Vice- secretaria, María Maros de Baeza, bibliotecaria; Tesorera Zenobia Camprubí 
Se organizaba en secciones como los liceos internacionales. Carmen Baroja, presidía Artes Plásticas e Industriales, cuyo fundamento eran las exposiciones de pintura, dibujo, escultura y artes aplicadas. Las presidentas eran versadas, la sección de Música estaba a cargo de, Ela Fernández Arbós y posteriormente la compositora María Rodrigo, eran las organizadoras de conciertos y recitales, Zanobia Camprubí, se encargaba Social, actos, bailes y fiestas. La comunicación con los otros liceos, estaba a cargo de una de las socias más notables, Clara Campoamo. Ciencias. Luisa Navarro, Literatura María Lejárraga y Ernestina de Champorcín. María Lejárraga, firmada María Martínez Sierra, poseía una obra literaria  en Teatro, narrativa y colaboraciones musicales. Champourcín en 1926 publicó su primer libro y fue una de las dos poetas que incluiría Gerardo Diego en su Antología. De Poesía Española que consagró a los poetas de la generación del 27. 
Los historiadores consideran que Lyceum Club fue la primera asociación laica y no política femenina española, independiente de poderes públicos.  El Lyceum Club, en su artículo primero, dice “Defender los intereses morales y materiales, admitiendo, encauzando y desarrollando todas aquellas iniciativas y actividades de índole exclusivamente económica, benéfica, artística, científica y literaria que redunden en su beneficio”.  Se declaraba apolítico y aconfesional. Consta en sus estatutos como un club privado dirigido y sufragado por las asociadas.  Se pagaban una cuota de 10 pesetas, aunque había cuotas de socias protectoras de 500 pesetas, a las que se sumaban lo recaudado con las actividades sociales, conciertos y bailes, comisiones por las exposiciones de pintura, rifas y el consumo de cafetería, ya que se organizaban meriendas para los asistentes. Era muy selectivo.  Las socias aceptadas eran profesionales, o aquellas que tenían en su haber logros artísticos, pintoras, escultoras escritoras, compositoras; se incluía a mujeres con maridos importantes dentro del mundo de la cultura. o de la actividad pública, lo que les facilitaba los contactos sociales. No sin cierta burla se las llamó “El club de las marida”.  como Carmen Baroja, que había ganado premios de orfebrería y colaboraba con el teatro de su familia El mirlo Blanco. y tenía una familia de creadores y un marido editor. Matilde Huici era abogada, especializada en derecho de menores conflictivos y actuaba en el Tribunal de Menores. Era feminista. También Baroja lo era, según escribe en su biografía: Diario de una Mujer de la Generación del 98.
ACTOS Tuvieron amplia notoriedad por la calidad de las conferencias y los conferenciantes, entre otros, García Lorca, Dalí, Unamuno, Alberti Albeba, Ricardo Baroja, Ernesto, Jiménez Caballero, lecturas de obras inéditas, recitales de poesía, sobre grabado Exposición sobre juguetes a beneficio de la Casa del niño- una acción social del Lyceum- conciertos de música y bailes sociales, conferencias de Derecho sobre la situación de la mujer, el sufragismo. Se incluyeron en el programa clases de biblioteconomía y préstamo de libros y talleres.  Los actos eran abiertos al público y a la crítica. Las dificultades que podían tener las mujeres para acceder a salas de exposiciones, presentaciones de libros, o conferencias encontraron en el Lyceum Club su espacio. Quiso ser el punto de partida de la profesionalización; la solidaridad femenina les sirvió de apoyo y les aportó contactos. La sección que dirigía Baroja organizó exposiciones de Maruja Mallo, Victorina Durán, María y Helena Sorolla, de la escenógrafa Matilde Calvo Rodero, de la pintora Ángeles Santos cuya primera exposición fue en el Lyceum, obras de León Astrúe, exposición de pintoras argentinas, telas de Joaquín Sorolla. Matide Huici tuvo protagonismo en la sección Social que buscaba la equiparación de los derechos de la mujer, la abolición de la prostitución y el derecho al voto femenino, una línea más social y reivindicativa y la lucha por los derechos civiles de todas las mujeres.
SOCIAS: Algunos nombres de las plurales lyceistas: í María Rosario de Silva y Guturbay, duquesa de Alba; Anita Delgado, princesa de Kapurthala   Zenobia Camprubí, empresaria, esposa de Juan Ramón Jiménez fue empresaria y traductora.  Victoria Kent, Matide Huici, Clara Campoamor, abogadas; Carmen Baroja, orfebre y escritora; Carmen Monné de Baroja, cuñada de Carmen, pintora; María Teresa León, Encarnación Aragoneses, María Lejárraga, Ernestina de Champourcín, Carmen Eva Nelken, figuras que se estudian como republicanas y conocen el exilio; Concha Espina, Pilar de Valderrama, Carmen de Icaza, que no lo eran. En la música, socias mujeres compositoras y concertistas, Rosa García Ascot, pianista, María Rodrigo, compositora y concertistas, Adela Anaya, compositora, Ela Pasquet, concertista de arpa, Pilar Zubiaurre, pianista y escritora; Isabel Oyarzabal, fue la primera mujer diplomática, La periodista; María Luz Morales la primera directora de un periódico. Maruja Mallo, pintora surrealista y vanguardista, Matilde Calvo Rodero, grabadora; Victorina Durán, figurinista y escenógrafa; María Laffite, condesa de Campo Alange, crítica de Arte, ensayista; María Pilar Fernández Vega, archivera, conservadora de museo y escenógrafa; Concepción Aleixandre, ginecóloga. Trinidad Arroyo, oftalmóloga. Josefina Díaz, actriz.  Margarita Xirgú, actrices; Benita Asas Manterola, pedagoga. luisa Castellanos, maestra; Dolores Cebrian, científica, Amparo López, Julia Armisén, teósofa, María Francisca Clar, dramaturga ; Carmen Díaz de Mendoza, escritora, , Rosario Lacy, médico María Espinosa de los monteros, directiva , Mercedes Gaibrois, historiadora, escritora, Eulalia Lapresta, secretaria de la Residencia de Señoritas, Enriqueta Martín, bibliotecaria, Julia Iruretagoyena, directora de estudios, periodista, Jimena Quiros, primera oceanógrafa española; Matilde Ras, grafóloga, Dolores Rivas Cherif de Azaña, Mercedes Rodrigo, psicóloga, Amalia Galarraga, profesora; Elisa Soriano, oftalmóloga, Pura Maortúa, promotora Teatral, Pilar de Valderrama, poeta, Margarita Xirgú, actriz;  María Martos, esposa del diplomático Ricardo Baeza.
Las plurales protagonistas fueron mujeres inquietas, con capacidad económica, que se movían en el mundo cultual, pertenecían a familias de cultas, mujeres que habían viajado, que leían libros y revistas y sabían idiomas. Carmen Baroja y Matilde Huici respondían a esos esquemas.  Los excelentes contactos y las buenas formas sociales, facilitó al Lyceum club una amplia y favorable repercusión en prensa liberal que recogía en los periódicos actos y entrevistas.
 Aunque se declaraba ajeno a toda tendencia política y religiosa, entraran en polémica con los medios más conservadores que las observaban con recelo y las tachaba de “mujeres sin virtud ni piedad”, “Liceómanas”. Fue muy mal acogido por los medios conservadores. El director espiritual de las hijas de María instaba a las hijas de María a darse de baja.  Numerosos artículos los salieron en su defensa, llegando a encargar a Kent y Huici defender el Lyceum, si eran preciso, en los tribunales. Argumentaban que, en ninguna asociación cultural, Ateneo de Madrid o clubs masculinos se pedía confesionalidad. En cuanto a politización, si la reina Victoria Eugenia aceptó la presidencia del Lyceum y asistió a una conferencia acompañada de la duquesa de Parcent, en 1936 se en la primavera de 1936 se ofreció un té en honor de Dolores Rivas Cherif, esposa del presidente de la República, Manuel Azaña. La constatación de la pluralidad puede saberse por la lista de las liceístas, ya que eran socias de todas las tendencias con un mismo fin: La promoción de la mujer. Y de ellas mismas.
El incipiente “feminismo” asustaba a la sociedad que consideraba negativa la emancipación femenina. Y peligrosa.  En una España ya radicalizada, no podemos obviar que sería difícil sustraerse a los cambios políticos y que la promoción “cívica” de la mujer, pese a que se declaraba ajeno a toda tendencia política y religiosa, en sí era un tema sensible. El Lyceum Club aportó visibilidad a las mujeres artistas, profesionalizó su actividad y les proporcionó proyección pública, caso de Matilde Huici, les sirvió de espacio de encuentro donde encontrar los apoyos que no encontraban en la sociedad o sus familias, caso de Baroja, y las imbuyó de espíritu emprendedor. 
La historia le ha hecho honor. El Lyceum Club fue el símbolo de la emancipación de la mujer cuyo centenario celebramos.
En 1939, tras la Guerra civil, el Lyceum Club se convirtió en el Club Medina, regido por la Sección Femenina de la Falange.
Ambas navarras merecen un espacio mayor que intentaré aportar si Pregón sigue brindándome sus páginas.

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viernes, 9 de octubre de 2026

ALFONSO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, BIBLIÓFILO

 


ALFONSO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, BIBLIÓFILO

(Cascante, 1929- Sabadell, 2026)

Ha fallecido en Sabadell nuestro amigo Alfonso Fernández González, Bibliófilo. Nacido en Cascante hace 97 años, tenía la ilusión de llegar a 2028 y poder celebrar en Centenario de la Virgen del Romero, no ha podido ser. Debemos a su saber la pasión por los libros bien editados y el haber podido tocar con nuestras manos primeras ediciones de San Juan de la Cruz, Santa Teresa, La Celestina , San Agustín y mil joyas más de la Literatura, que trajo a Cascante en el centenario de Malón de Chaide, como también el regalo de 100 d Pliegos de Cordel que dieron lugar a la edición de Versos e Imágenes en 2019, bajo la responsabilidad y estudio de Ricardo Fernández Gracia, que editó Vicus y la Universidad de Navarra, patrocinó la Fundación Fuentes Dutor y que recibió el primer Premio a la Edición en la categoría de Libros de Bibliofilia en los Premios a los Libros Mejor Editados por el Ministerio de Cultura, así como los villancicos que cada año hemos ido publicando para celebrar las Navidades con nuestros socios y amigos. Su sabiduría y generosidad nos ha hecho crecer.

Alfonso nació en Cascante el 17 mayo en 1929, en el domicilio de la calle Vicente y Tutor, actual casa de Grasa. Era hijo de Manuel Fernández, llamado el Americano, constructor local que había cruzado el charco y regresado y a quien se deben muchas de las obras de la época en Cascante, e Inés González.  Sus primeros estudios los realizó en “Las Tejerinas”, como llaman en Cascante a las Hijas de María Inmaculada, la fundación de Santa Vicenta María, que entonces aún no era santa. Se traslada la familia a vivir a la calle de Guelbenzu. Recibe primero clases particulades con el maestro Cecilio Fuentes y posteriormente con el maestro Ángel Arbiol en las Escuelas Gorría, que es quien le inocula la pasión por la lectura. Tanto, que un día sin conocimiento de sus padres coje el “escachamatas”, y con unas monedas, baja a Tudela a comprar libros. Es el comienzo infantil de la gran aventura. Reconocía que nada parecía dirigirle al mundo de los libros, dado que en su casa solo había una enciclopedia que él leía con fruición. La vida le llevó muy joven al mundo de la confección, su primer empleo en Cascante, donde aprende de textiles y de cuentas bancarias, pero pronto se trasladó a Zaragoza, y fue socio un tío suyo, José Fernández, que tenía un próspero negocio textil y de pieles y posteriormente fue socio capitalista de Balay, una de las empresas de referencia de la industria aragonesa. Trabajando, se convirtió en empresario en su vida profesional, tejiendo una red de relaciones profesionales y personales que mantendría. Tuvo un matrimonio feliz y bien avenido, Ana Peña su mujer, tenía una muy conocida tienda en Zaragoza

 La vida en   Zaragoza le abrió las puertas a la cultura que había echado en falta en su infancia, hombre inquieto y amante de saber, se hizo a sí mismo y buscó aprender de los catedráticos de universidad, como Ynduráin o Lacarra que fueron sus amigos. Emprendió en el Ateneo de Zaragoza en 1983 la tertulia de bibliófilos Latassa y fue responsable de sus ediciones facsimilares. Entre sus publicaciones"Sumaria investigación de las pausibles antiguedades del santuario de Santa Elena, de FR León Benito Martón Zaagoza, 1749 (Zaragoza, 1983) Viaje de Nuestro Señor D Carlos al Reino de Aragón, de Fabro Bremudas,editado en Madrid , 168o, (Zaragoza, 1986) con notas suyas; "Historia de la vida, muerte y milagros del siervo de Dios, Pedro Arbués de Épila, Zaragoza, 1624 (1986)la Crónica de los muy esclarecidos Reyes Católicos de Hernando del Pulgar, reproducción de la edición impresa en Zaragoza por Juan Millán en 1567, (,1987); Reprobación de las supersticiones y Hechicerías, , editado en Alcalá en 1551 (Zaragoza,1989); Sevillana de Medicina de Juan de Aviñón,  en 1555,(Zaragoza 1995) ,La Conjuración de Catilina y la Guerra de Yugurta de Salustio (1991) estudio en un segundo tomo con notas a pie de página suyas. Loor de Virtudes de Alfonso Zamora Vicente, Zaragoza, 1551 ( judío converso, S.XVI,) edición fácsimil del unico ejemplar conocido de la versión riginal de su propiedad. Iconografía mariana del Pilar desde el S.XVIII hasta nuestros días, acompañada de una serie de  gozos a Nuestra Señora .

 Formó parte de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Zaragoza. Es premio Buho 2009, distinción  otorgada por la Asociación Aragonesa de los Amigos del Libro de Zaragoza. 

Los viajes de negocios le darían un plus de conocimiento y oportunidad para valorar las ediciones antiguas, buscar incunables, ediciones en pergaminos y piel de rusia, pues ciudad que visitaba le llevaba a las tiendas de anticuarios y bibliófilos. Durante décadas reunió ejemplares excepcionales. Podemos decir sin exageración que ha muerto uno de los más importantes bibliófilos de España, pues sus indagaciones le llevaron a España y América, visitante de la Hipanis Society y la América española, así su biblioteca contaba primeras ediciones del siglo de Oro, como las 14 ediciones de La Celestina, una de ella desconocida por los especialistas, de Pedro Bernuz, editada en Zaragoza en 1554, o Primeras ediciones de san Juan de la Cruz  y santa Teresa, pero igualmente literatura popular de pliegos de cordel o villancicos .En 1918donó a la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza un Misal Zaragozano impreso por Jorge Coci en 1522.Es autor de una publicación sobre la historia del Pelado de Aragón, el Pelado de  Ubdes, título de una aguada de Francisco de Goya.

Siempre se sintió navarro y aragonés. A él debemos el precioso Catálogo que editó en el Centenario de fray Pedro Malón de Chaide, y una exposición numismática y bibliográfica para el acontecimiento en 1990. En la exposición libros de, además de los anteriormente citados, Fray Luis de Alarcón, Cristobal de Fonseca, Alfonso de Orozco, Miguel Salón, Gabriel Manuel Abás y Nicolau y la bibliografía de fray Pedro Malón de Chaide. En la exposición de numismática, monedas ibéricas, ases, semises y cuadrantes en bronce con la leyenda. Caiskata, y romanas con la leyenda latina Cascantum, acuñadas en bronce, originarias de la meca de Cascante . Fue descubridor de un poeta navarro del s. XVII, Esteban de Álaba Ribadeneyra, cuyos versos publicó en el Festivo Regocijo barroco celebrado en Cascante en tiempos de Carlos II de Austria y el pliego de cordel Jerónimo de Marza,  el bandido de Cascante. Implicado en su amor por Navarra, donó a la Fundación Fuentes Dutor, a la que admiraba,  un ejemplar de La Conversión de la Magdalena del S. XVI, obra de Fray Pedro Malón de Chaide, un ejemplar de los facsímiles de Loor de Virtudes, y la Conjuración de Catilina de Salustio. Tenía previsto regalarles una obra de Lope de Vega que estaba preparando para el Centenario de la Virgen del Romero en 2028 con estudio bibliográfico de la Doctora Remedios Moralejo y la colaboración literaria de la que esto escribe, era su propósito hacérselo llegar al Papa.

Religioso, donó a la Basílica del Romero cerca de un centenar de gozos,  con motivo de que la ciudad le hizo pregonero de honor en las fiestas septembrinas de 2018, y a la parroquia de Cascante varias obras piadosas,  Vida de San Juan Bautista  de Manuel Pereira, Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, de 1725,  Iconografía mariana del Pilar, hojas volantes de los siglos XVIII XIX y XX, Los Santorun e Historia  General,  2 tomos de El Goigs, coplas populares para recitarlas y cantarlas a la Virgen, editados en catalán en 1939 y cuyos autores son Josep Colominas y Joan Amade; y 100 gozos anónimos de los siglos XIX y XX.

Su necesidad de aportar lo que consideraba era patrimonio de todos, hizo que donara al Ayuntamiento de Cascante 1000 libros, con la única condición que todos los cascantinos tuvieran acceso a ellos. Enriqueció el patrimonio de la ciudad con el regalo 22 pinturas, de Oswaldo Guayasamín, Leopoldo Albesa, Jesús Lapuerta, Cesar Fernández Navarro, Manuel Laoz, Alvaro Delgado, Elena La Peña, E Rico. José María Martínez Tendero, expuestos hoy en la Casa de Cultura de la calle de San Pedro y el Centro Cultural Avenida.

 Nunca olvidó a Navarra en su corazón y en sus donaciones. Sus cenizas descansarán en el columbario del Romero. Le debemos a nuestro amigo Alfonso como legado su amistad, sus libros, el gusto por las ediciones bien hechas y el apasionado afán de rescatar los libros que los siglos nos legaron, son nuestro valioso patrimonio humano. DEP.


miércoles, 7 de octubre de 2026

LAS POCHOLAS

 

Editada por Altaffaylla Fundacizioak, Tafalla, 2026

 

La publicación es imprescindible para hacer memoria de unas mujeres emprendedoras, posiblemente las empresarias femeninas más notables e importantes de la Navarra del siglo XX. Su obra, el restaurante que consiguió llegar a la cima de la restauración, Las Pocholas, situó a Navarra en la cúspide gastronómica de España. Se llamaban Josefina, Petra, Paquita, Floren, Fermina, Rosarito, Rosalía, Conchita y Cristina Guerendiain, Larrayotz.

Si hablo de su emprendimiento como negocio de éxito, me quedaría muy corta, pues hay en las “pocholas” y en el restaurante de su nombre algo de mito y algo de rito sagrado, y si no sonase a cursi podría yo llamarlas vestales del templo de la gastronomía.

La publicación es responsabilidad de Xavier Irujo, sobrino político, catedrático de la Universidad de Nevada, licenciado en Filología, Historia y Filosofía, investigador invitado en la Cátedra Manuel de Iruujo de la Universidad de Liverpool y profesor visitante en la Universidad de Massachusetts y en Boise State University Amherst. Es un texto ameno, no exento de rigor, con notas a pie de página y bibliografía. Alex Mújica, cocinero que se responsabilizó durante un tiempo del restaurante Las Pocholas, del hotel La Perla, actualmente frente del restaurante El Colegio, y con una trayectoria en restaurantes como Recondo, Basa Kabi, a aporta el recetario de alguno de los platos que las consagraron, desde los más clásicos, como pochas a los más sofisticados.

 Basandonos en conversaciones con las hermanas Josefina y Conchita Guerendiaín y Paquita Oiz, trabajadora de Las Pocholas, con el autor, conocemos su historia familiar. Eran hijas del matrimonio que alquilara en 1911 la posada de Guerendiain en Ulzama, Gervasio Guerendáin Urrazu, de Iraizotz y Juana Larraiotz Balda, de Larraintzar, hijo aquel de pequeño agricultor y ésta de un herrero. Ninguno de los dos heredó la “casa”, por lo que el matrimonio buscó a alquilar la posada invirtiendo los ahorros en un oficio de restauración básico, al que atendían ayudados por las hijas mayores que aprendieron pronto a manejar el producto de las labores de la huerta alquilada, donde criaban algo de ganadería, muy habitual en la vida de los caseríos, y que trasformaban en una rica comida casera al uso con un buen manejo de los fogones de leña. Montaron una pequeña tienda de productos caseros. El breve capítulo que explica los comienzos nos resulta muy interesante, ya que explica con minuciosidad la cocina del caserío, basada en la austeridad de autoabastecimiento, y al mismo tiempo el buen gusto con que se elaboraban recetas típicas de la zona de la montaña como berza, habas, alubias rojas, patorrillos, criadillas, lechezuelas, sopa de ajo o pan casero.  El matrimonio tuvo trece hijos, dos de ellos fallecidos de niños, dos chicos y las nueve chicas citadas, la última niña Cristina, nació en Pamplona. En esa época escolar tuvieron los mayores una educación muy básica, aritmética, lectura, escritura, caligrafía en la escuela del pueblo.

 Eran los padres gente trabajadora y emprendedora que en 1930 no dudó en embarcarse en una nueva aventura, al coger un traspaso de un local en la calle Comedias 2o, Casa Cuevas. Las chicas    continuaron su educación en las monjas Dominicas en la calle Jarauta, aunque imaginamos que, por la edad, las mayores ya habrían terminado su ciclo educativo. Pero la muerte del padre en 1930 y un año más tarde de la madre iba a cambiar el panorama de los hijos; las mayores, Petra y Paquita, gemelas tenían 22 años, Josefina 20, Floren 19, el resto eran menores de edad, las más pequeñas 3 y 5 años. A pesar de que un tío sacerdote las conminaba a ponerse a servir para sobrevivir, ya que el préstamo concedido para el traspaso estaba por pagar, las chicas se propusieron seguir los consejos de la madre, estar unidas siempre. Siguieron con el negocio. Acondicionaron el local, pidieron un préstamo y convirtieron Casa Cuevas en uno de los primeros restaurantes de Pamplona. Siguieron cocinando los platos de la Ulzama, y añadieron los típicos de Pamplona.

 El segundo consejo de su madre es que las chicas pequeñas y los hermanos estudiaran. Así lo hicieron, pero no ya en las Dominicas de Jarauta, Cristina y Conchita fueron al que entonces se consideraba el mejor colegio de Pamplona, el Sagrado corazón, los chicos Martintxo y José María estuvieron en el internado de Lekarotz, el colegio de la burguesía Pamplonesa. Demostraban así su afán de prosperar. En 1938 ya habían convertido el inicial negocio en un importante restaurante.

En esas mismas fechas de 1938, dado el éxito de las hermanas Guerendiain, su buen hacer, su amabilidad, belleza, buen trato y su cuidada cocina, el importante empresario Félix Huarte les sugiere la posibilidad del traslado a un mejor local, dos plantas de 300 metros cuadrados en el paseo de Valencia.  Huarte les ofreció su ayuda, concediéndoles un préstamo sin intereses a pagar a 20 años y les sugirió que el local se llamara, además del Rey Noble “Las Pocholas”, un término utilizado en Pamplona que quiere decir bonita, atractiva y agradable, así debieron ser las hermanas Guerendiain, atractivas, bonitas y agradables, cualidades que nunca perdieron. En 1938 nace “Las Pocholas, Hostal del Rey Noble”, con tanto éxito que a la inauguración asistió nada menos que Perico Chicote, lo que aumentaría el éxito de su empresa. Quizá, en mi opinión, si la fecha de inauguración fue en 1938, aún no había acabado la Guerra Civil, me resulta difícil pensar que Chicote pudo venir a Pamplona en esas fechas, ya que debía de estar en el ocupado Madrid, quizá fuera más tarde. ¿Quizá fue posterior la venida de Chicote? ¿O quizá la adecuación del local retrasó la inauguración?

 Aunque en Pamplona la Guerra civil no tenía frente, no deja de resultar audaz abrir un restaurante de categoría en esa fecha, lo que dice mucho del afán emprendedor de las hermanas. El local fue bendecido por el obispo de Pamplona, Monseñor Olaetxea. El pronto éxito y la cuidada clientela hace pensar en el apoyo de importantes empresarios que confiaban en su capacidad y en su buen hacer, como Félix Huarte, muy asentado en Madrid, Daniel Taberna, empresario importante o Estanis Aranzadi, dueño de l editorial de su nombre, que aportarían numerosos clientes a “Las Pocholas”.

Nos planteamos cómo eran las chicas Guerendiain para tal éxito y lo decimos en plural porque parece que todas ellas debieron tener valores y cualidades comunes, tal vez no sea importante individualizarlas. En primer lugar, la lealtad, para obedecer el consejo de su madre y no separarse nunca, renunciando incluso al matrimonio; y la lealtad con los amigos que les ayudaron. Su laboriosidad, ya que ellas estuvieron al frente de todo sin escatimar esfuerzo y en su empresa dieron trabajo a más de 300 personas, cifra que se ampliaba en sanfermines. Inteligencia, para llevar a cabo una gran obra desde unos orígenes precarios en un caserío. Espíritu familiar, se distribuían el trabajo siendo cada una responsable de un parte del negocio.  Religiosidad, eran muy creyentes, iban a misa todos los días y rezaba el rosario en la iglesia. Caritativas, llevaban comida a presos después de la guerra. Tenían afán de crecimiento, incorporaban nuevas recetas y estaban abiertas a las novedades. Cuidaban las formas que consideraban necesarias para hacer único su restaurant. Eran atractivas y agradables desde la juventud hasta la casi vejez Y tenían sana ambición y afán de superación. Veamos.

El proyecto fue encargado a un buen arquitecto, Joaquin Zarranz; los muebles y los tresillos del mejor fabricante de Pamplona, Ezcurdia; el mobiliario de los lavabos estaba pintado a mano por un pintor d Madrid; en las paredes colgaban cuadros de  Gaspar Montes Iturrioz; los exquisitos manjares eran servidos por chicas con uniforme negro, delantal blanco y cofia, y los comensales lo hacían en mesas con manteles blancos de hilo y cubiertos de plata. Juzgaremos que la puesta en marcha de Las Pocholas desde su inauguración apostaba por ser, un sitio de referencia. Pronto se convirtió en una visita obligada para los gourmets. En esta publicación, que incorpora la carta de1960, podemos ver, junto a los guisos típico navarros como la sopa de gallina, las magras con tomate, cordero en chilindrón, otras nuevas como el gazpacho andaluz, vol au vent de ave, pimientos rellenos, langosta a la parrilla, ajoarriero con langosta o lenguado meniere. Los precioso oscilaban desde 9oo a 1900 pts. en 1960.

Hablar de los clientes que pasaron por Las Pocholas no llevaría espacio, citaremos a alguno como Jacquelyne Kénnedi, Orson Wels, José Ortega y Gasset, Eugenio DÓrs Carlos Jiménez Díaz, Gregorio Marañón, Enrique de Orleans, Ava Gardner, Carlton Heston, Fabiola y Balduino de Bélgica, José María Escrivá de Balaguer y un amplio etcétera.

En cuanto a su rentabilidad, las cifras que aporta la publicación dan fe de su éxito: Como muestra, 2.170290 se recaudaron en sanfermines de 1971 y 4.148776 pts. en 1975.  Fue un negocio rentable, además de un acierto de postín de unas sabias empresarias que amaban lo que hacían.   Las Pocholas cerró en el año 2000.El local es ahora una chocolatería. El hotel La Perla las continúa en la Plaza del Castillo.

Las Pocholas, es una interesante publicación que aconsejo a los estudiosos del emprendimiento en Pamplona en el siglo XX, a los interesados en la gastronomía, a las mujeres que se preocupan en estudiar la historia de las mujeres y sus aportaciones, a los sibaritas, a los que quieren recordar las empresas mejores de esta tierra y a los que recordamos haber degustado en ocasiones especiales la excelencia de sus fogones y no queremos olvidarlas. La publicación incorpora numerosas fotografías.