Cristina de Arteaga y Falguera, Zarauz 1902- Sevilla 1984
De padres monárquicos con grandeza de España, Joaquín de Arteaga Echagüe XVIII marqués de Santillana (1894) y XVII duque del Infantado (1910) e Isabel Felguera y Moreno, XVII condesa de Santiago, perteneció a una familia numerosa, de 9 hermanos: María Elvira, Belén, Andrés, Cristina, Iñigo, Jaime, María Teresade Jesús, , Elisa y Francisco de Borja. Dos de ellos mueren en la infancia, otros dos en hechos bélicos en la Guerra Civil
Su infancia transcurrió en Zarauz en Villa Santillana donde nació en 1902, en Madrid, palacio del Paseo del Prado y en el castillo del Soto Viñuelas, situado en el parque regional de la cuenca alta del Manzanares. Se educó en casa con preceptores privados, profesores particulares, institutrices francesa e inglesa en un ambiente cosmopolita y selecto como correspondía a uno de los linajes más prestigiosos de la aristocracia española. A los 15 años se examinó de bachillerato por libre en el Instituto Cardenal Cisner y obtuvo el título de bachiller con Premio extraordinario. Se matriculó después en Ciencias Históricas en la Universidad Central de Madrid, teniendo entre sus profesores a Claudio Sánchez Albornoz, José Ortega y Gasset, Julián Besteiro y Ramón Menéndez Pidal. En 1921 se licenció con Premio extraordinario. Por su expediente académico en 1924, se le concedió la Gran Cruz de Isael la católica. En 1925 se doctora con la tesis El Venerable, D Juan de Palafox y Mendoza, obispo de Puebla de los Ángeles y de Osma. fue la primera tesis de Historia defendida por una mujer en España. También por familia, Cristina de Arteaga tenía entre sus ancestros a ilustres figuraras literarias, como Iñigo de Mendoza, Marqués de Santillana, D. Diego Hurtado de Mendoza, y mecenas como el venerable D. Juan de Palafox y Mendoza, fundador la biblioteca Palafoxiana en México. Su propio padre fue mecenas y entre sus obras la restauración del castillo de Soto de Viñuelas, y del Colegio de España en Bolonia.
La casa del Infantado representó, a mi juicio, la primera apuesta de la aristocracia por la formación académica de sus hijas. Monárquica y religiosa podrá representar la otra España distinta a la krausista y laica en Madrid.
Como joven de la alta sociedad gusta de la hípica, la caza y la vida social propia de su estirpe con éxito. Sus compañeros de estudios la consideraban una persona sencilla sin ninguna arrogancia de clase Algunos críticos dan nombre a sus posibles galanteos y otros hablan de sus desengaños amorosos. En sus poemas del poemario “Sembrad, publicado por la editorial Calleja en 1925, se deja ver la lucha entre el amor humano y la búsqueda del divino. Comparte la vida social e intelectual muy activa y las fiestas con su militancia en la en Federación de Estudiantes Católicos, participado en mítines y conferencias en distintas ciudades; fue presidenta de la Confederación Católica Femenina.
"Invernal"
Solos por el parque,
por el parque viejo
que tenía un largo
cansancio de invierno;
tras de tantos años
volvimos a vernos.
Yo llevaba el triste
corazón enfermo,
caía en el suyo
la niebla del tedio.
¡Cuán lejos las horas
vírgenes de duelos
en que nuestras vidas
eran como versos
que a veces rimaban
casi sin saberlo...!
Me clavó sus ojos
como en otros tiempos,
mas nada me dijo
su turbado acento.
Yo cerraba el arca
de mis pensamientos
porque no rasgase
lo gris del silencio
que esfumaba un mudo
soñador arpegio...
Y con una angustia
despertaba un nuevo
pavoroso acorde
dentro de su pecho,
nos miramos como
se miran los ciegos...
¡Y nos separamos
para nunca vernos.
La lucha entre el amor humano y la vocación religiosa no se va a resolver fácilmente. Como traslucía en su poemario iba a vencer la búsqueda del divino, por lo que ingresa en el monasterio benedictino de Santa Cecilia de Solesnes, Francia, en julio de 1927 pero debido a una enfermedad de carácter psíquico que la mantiene abatida durante 6 meses, abandona. En 1929 vuelve a España, pero no retoma su vida social, viste de negro, se dedica a la investigación y al estudio. En 1935 escribe el prólogo del Diario de del Viaje a Alemania de D Juan de Palafox y Mendoza, que publica en la editorial Brass En mayo de 1931, iniciada la II República, coincide con dos monjas jerónimas refugiadas en casa de una amiga y el confesor espiritual de las monjas, D. Cipriano Marínez Gil, y se plantea ingresar al estado religioso, pero esta vez en España y como como monja jerónima. Ingresa en la Orden Jerónima en el monasterio de la calle Lista de Madrid en 1934. Toma el hábito en abril de 1935, profesa en mayo de 1936, pero la guerra civil la obliga a salir del convento refugiándose en la embajada de Argentina. Con el embajador de Argentina se traslada a Sevilla, siendo acogida en el monasterio Jerónimo de Santa Paula en 1937. Una grave enfermedad le obliga a abandonar el monasterio para someterse a una operación de la que convalece con su familia en Lezcano, Guipúzcoa. En 194o publica el primer tomo de La Casa del Infantado, Cabeza de los Mendoza, que publica en Madrid, Imprenta B Bermejo. La muerte de su hermano Borja en la Guerra Civil va a protagonizar una nueva publicación: Borja de Arteaga y Falguera, marqués de Estepa, Grande de España (1919-1937) imprenta C. Bermejo, 1941.
A instancias de Pio XII, a través del Nuncio apostólico, vuelve nuevamente el Monasterio de Santa Paula de Sevilla, jerónimas monjas de clausura, donde profesa en 1943 y es elegida priora al año siguiente. Se le encomienda la misión de elevar la vida monástica femenina, impulsando la Federación Jerónima de S anta Paula, de la que en 19 58 es elegida presidenta.
Ignoramos si se elevó el nivel espiritual de las monjas jerónimas, imaginamos que sí, dado que todavía quedan, como nos dijo el monje de Santa María del Parral, nueve monasterios femeninos de Santa Paula. No me cansaré de alabar el convento de los Jerónimos de Granada hoy sede de la rama femenina. No sabíamos esta semana pasada cuando lo visitamos que el patrocinio de Sor Cristina también había llegado a Santa María del Parral, hoy solamente con 6 monjes. Sí se incrementó el patrimonial y artístico, por la recuperación de Monasterio Jerónimo de Granada, que sirvió de cuadra de caballos en las guerras napoleónicas y que hubiera sido derribado. Sor Cristina de Jesús Arteaga, actuó como mecenas, invirtiendo su herencia y su inteligencia en la revitalización de su saga familiar y su familia espiritual.
Será motivo de otra entrada en el blog.