Elegir ser malo no es culpa de una herida. Ser malo,
manipular, mentir, dañar, intentar confundir no es producto de una herida sino
una elección, que al que opta por serlo le resulta provechoso, le da poder.
Ser “Poder”, querer ser poderoso, querer sobresalir, querer
manejar a los demás no por mérito sino por destrucción de lo que no se consigue
dominar, no es herida, es maldad
Pensamos en la maldad porque nos afecta y nos cuesta aceptar cuando
se ha dirigido contra nosotros con toda su artillería.
A quien, vanidoso, le gusta presumir lo pregona. Esta semana
una política ha hecho alarde de su poder y la verdad que sus aspavientos y su plural mayestático
me hicieron reír, como en un esperpento.
Hay poderosos serios que utilizan su poder en buenas causas responsables. La bondad nos deslumbra, la filantropía, la empatía , nos contagian.
La maldad nos repugna, hay que alejarse porque es contagiosa, deja marcas.
Hoy hay maldades y
malignos cuya podredumbre nos sobrepasan. Parece que el mundo hubiera enloquecido y la sombra
haya ido ocupando espacios inimaginables.
A los cristianos nos suena conocido. “Quien como yo”. Pero
estos no son diablos, son personas perversas.
Borrachera, mono de impunidad, raptan niños, bebes, párvulos,
adolescentes, los engañan, los hacen sus juguetes sexuales, y hasta los sacrifican.
Hay maldades difíciles de digerir, y las noticias nos causan tristeza y asco, , apabullamiento y pasmo.
No puedo digerirlo, pero lo escribo.
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