En la memoria de la Transición, quedan fotografías simbólicas
que son las que me llenaron de alegría, porque pensé que empezaba una nueva
etapa en la Historia de España y que no iba a haber más vencedores y vencidos. Que
el cuadro del abrazo del grupo El Paso” reflejaba el sentimiento de los de aquí
y los de allí, de los que se quedaron y de los que se fueron, que nos
abrazábamos Muchos aprendimos entonces el rostro de exiliados que no
conocíamos, tampoco su obra escrita al otro lado del mar, los que se habían
llevado la canción que solamente unos pocos iniciados conocían, porque nos
habían educado de espaldas. Posiblemente volvieron los que pudieron, otros se
quedaron para siempre en tierra algunos adaptados, otros nostálgicos, otros
definitivamente en tierra. Quizá la foto más simbólica fue la de Dolores
Ibarruri llegando a España vestida de negro o María zambrano, o Francisco Ayala,
a Rafael Alberti con los poetas andaluces o María Teresa León repitiendo aquello
de se equivocó la paloma. La más edificante la fotografía de Manuel Fraga
presentando a Carrillo en el siglo XXI.
¿Pero qué saben los nietos del exilio lo que es España? Que
adquieran la nacionalidad española sin conocer nada, a lo mejor llegó a conocer
las memorias de sus abuelos, o ni siquiera eso, me parece una medida irracional.
Quien padece o goza la política española es quien aquí vive o ha vivido, nace o ha
nacido. El gobierno viaja buscando uno por uno a los nietos de exiliados. La
única razón no es la grandeza de la fraternidad es alterar el censo y a mí me
parece una medida no de demócratas sino de bandidos de película del oeste.
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