Las despedida cuesta lágrimas. No
hablo del que se va por ley de vida sino de el que se va porque quiere irse, porque no hemos sabido retenerlo. Una, sumida en la tristeza, se
interroga si pudo frenar el deterioro ajeno o ayudó, o no hizo todo lo posible por
impedirlo y no sabe. La vida es triste entonces porque se va una persona que has
querido y no te resignas a que no esté, porque la quieres. No es la necesidad
sino el afecto. La familia se ha roto y sabes que no vas a pasar página, que no
quieres que todo acabe dejando una estela de recuerdos familiares vivísimos
cuajados de amor que se irán convirtiendo en hojas secas y melancolía. La
querías, le estás agradecida, se lo has dicho. Sabes que tu tristeza poco vale si
la comparas con la sensación de fracaso de él , de ella, de las chicas, de los tuyos,
de suyos. A su lado tu lamento es ridículo, ni siquiera deberías escribirlo.Que no debes llorar sino servir de apoyo y de consuelo. Y que debes
secarte la tristeza que el tiempo pasará, aunque el amor no pase ni aminore