Cuando
llegamos, un pequeño grupo espera entre las areniscas que encubren el monasterio,
al otro lado la orilla derecha del Eresma. La fachada de Nuestra Señora del
Parral, monasterio jerónimo, es muy sobria, parece sin terminar. De traza renacentista,
edificada a mitad del siglo XV, con dos escudos del II Marqués de Villena, Diego
Lópèz Pacheco y su esposa Juana Enriquez. A la derecha una torre renacentista
con su espadaña. Los escudos me
recuerdan a los de iglesia que más me gusta de Granada, de Jerónimos, que lleva
el emblema del Gran Capitan, Gonzalo Fernández de Córfoba, y de su esposa, Doña
María Manrique. Nunca me canso de admirar.
El
convento de los Jerónimos de Granada, mantenido por la comunidad de la Orden Jerónima
femenina, está siempre cuidado e impecable. Descuidado y hecho polvo con la
desamortización, volvió a la Orden Jerónima porque sor Cristina de Arteaga, de
la casa del Infantado, monja jerónima, que cambió el Carmen de los Mártires, un
magnífico palacete con jardines del siglo XIX que había heredado de su padre, al
Ayuntamiento de Granada por el Monasterio de Jerónimos. Gran mujer y
posiblemente una de las pocas mujeres aristócratas de su época con título universitario,
engrandeció la Orden. Escritora, poeta e investigadora, a ella se debe la
primera biografía de Isabel Galindo, su pariente. El edificio granadino fue
obra de Diego de Siloé, engloba la Iglesia y el monasterio. En la Iglesia
abierta al culto, en una sencilla lápida de mármol blanco está enterrado en el suelo
el Gran Capitán.
Patrono de este monasterio, D. Juan Pacheco, padre,
de D Diego López Pacheco Portocarrero, I marqués de Villena, era intrigante y
pendenciero y le disputó a su rey, Enrique IV de Castilla el enterramiento en
el Parral Y aún el mérito del patronazgo, ya que fue un encargo del entonces príncipe
que él se adjudicó. El primer marquese de Villena apoyó a la Beltraneja en
contra de Isabel de Castilla. También lo hizo el II marqués, aunque más tarde cambió
de bando. Me gustan las ciudades históricas, me apabullan, así Segovia, me
hacen repasar la historia. Emrique IV, está enterrado en el monasterio de
Guadalupe, que también fue de la Orden Jerónima; y Juste, donde murió Carlos V.
Hoy el Parral es el único monasterio que queda de la Orden Jerónimo masculina.
Esperamos
al fraile cicerone. Aparece `por la derecha de otro edificio anexo un pequeño y
empático, muy agradable, viste hábito blanco y escapulario marrón. Nos saluda y
pregunta a mis nietos
-De
dónde sois
_De
Pamplona
-
Vaya, navarricos ¿venía se sanfermines?
-No.
Ya han acabado
-
Ÿ qué tal ?
-Pues
muy bien
Alguien
le pregunta de dónde es y me dice
-
De
la ribera del Evro
-
De
la Ribera, ¿de dónde? Yo soy de Cascante
-
Soy
riojano, de Alfaro
-
Del
pueblo de los pasteles rusos
- Sí, pero ya no son lo que eran, aunque están muy bien envueltos.
PaParece que, como a mí, le gustan los pasteles, unas delicatesen de rusos que hoy venden en tiendas de degustación, pero que no son lo que eran
- Claro
es que ahora los hacen a máquina, ya no son artesanos.
Nos
dice que lleva toda su vida aquí y que uno no es de donde nace, sino de donde
pace y abre el portón. Es iglesia de una sola nave. Nos sentamos en grupo en
los bancos. Sólo visitaremos la iglesia y los claustros. Está enamorado de su
monasterio y no es para menos. Nos explica que el monasterio está dedicado a la
Virgen del Parral, una pequeña escultura que dice la leyenda fue encontrada debajo
de un emparrado en las montañas que circundan el monasterio. La pequeña virgen románica está situada en una capilla al lado derecho pero lo que deslumbra
es el retablo mayor, renacentista dedicado a la virgen de la Paz, cuyo relieve ocupa
el centro del tercer piso del retablo. Pienso en la paradoja de la advocación preciosa en
un siglo de guerras civiles, altercados nobiliarios y envenenamientos. El
retablo nos parce extraordinario. De estilo renacentista de madera policromada. Se
integran dos cenotafios de alabastro del primer marqués de Villena, Juan
Pacheco y su esposa , María Portocarrero, - Narra
la vida de la Virgen, Nacimiento, Visita a Santa Isabel, la Anunciación y la
Asunción, con relieves narrativos dorados por Diego de Urbino. En el centro, de
mayor tamaño, la virgen de la Paz sentada en un trono con el Niño en brazos. De
composición tripartita con cuatro pisos, más el inferior o predela, las calles
están separadas por columnas cortas abalaustradas e imágenes de santos. En la bóveda
el calvario y el Padre CelestialS juan y apóstoles
Integradas
en el retablo en alabastro dos cenotafios de los primeros marqueses de Vilena,
Juan Pacheco y María de Portocarrero. Nuestro monje dice que no están
enterrados allí, pese que así lo afirman las guías turísticas que lo describen
como Retablo sepulcr. Hau numerosas lápidas en el suelo.o.
Sea lo que sea, muy original, es
sorprendente la belleza del retablo, pero también su estado de conservación, ya
que los Jerónimos del Parral han sufrido, como otros monasterios de la orden, el
saqueo napoleónico, la inclemencia de la desamortización de Mendizábal y
cierres temporales. La sillería del coro hoy se encuentre en el Museo
Arqueológico Nacional y San Francisco el Grande de Madrid, parte de la biblioteca
en San Lorenzo del Escorial.
Le
preguntamos qué será del monasterio cuando ellos falten, pues nos dice que sólo
hay seis frailes y él es el más joven, tiene 72 años. Quizá ya se ha hecho a la
idea de que acabe convertido en hotel, como el Santa Paula de Granada, de la Orden
Jerónima femenina, hoy hotel AC. No deja
de ser un lujo tomarse un café en un claustro de Diego de Diloé, o leer un
libro en uno de los claustros del Parral, es el signo de los tiempos, cuando
los frailes cesan porque escasean las vocaciones porque la vida cambia. Quizá somos nosotros los que no nos resignamos
a ver el patrimonio religioso en peligro y, ya que puede ser inevitable,
quisiéramos Fundaciones y manos respetuosas que supieran conservarlo y darle un
sentido trascendente y también humano.
Hay
historia detrás de Guadalupe, de Juste, de Madrid, del Valle de Hebrón, de Lisboa,
de Méjico; Jerónima era Sor Juana Inés de la Cruz, altísima escritora. Nos dice
que aún quedan nueva monasterios de la Orden femenina.
Copio,
como homenaje a la Orden, los versos dedicados por el Gran Maestre José María
Gómara Gómez al obispo Hernando de Talavera, el santo alfaquí, jerónimo y
tolerante con moros y hebreo, grabados en una cerámica Monasterio Jerónimo del
Parral.
FRAY
HERNANDO DE TALAVERA
(En el V
centenario de su muerte)
Fraile
escueto de ayunos y cilicio,
vástago
del solar de Talavera,
confesor
de la Reina más señera,
inasequible
al tráfago y al vicio.
Obligado
al peligro de la corte,
siempre
llevó la imagen fiel de España,
grabada a
fuego en la profunda entraña.
El amor
fue su luz, la fe su norte.
Ecuménico
audaz postridentino
Santo
Alfaquí, levítico rabino,
Arzobispo
magnánimo y ufano
Símbolo de
la paz y la esperanza
A su
memoria inscriban alabanzas
El
morisco, el hebreo y el cristiano.
Desde los
claustros se ve altivo el Alcazar de Segovia y los pináculos de la catedral,
último gótico con sus crestas. Nos despedimos.
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