jueves, 23 de julio de 2026

EN EL MONASTERIO JERONIMO DEL PARRAL

 




Cuando llegamos, un pequeño grupo espera entre las areniscas que encubren el monasterio, al otro lado la orilla derecha del Eresma. La fachada de Nuestra Señora del Parral, monasterio jerónimo, es muy sobria, parece sin terminar. De traza renacentista, edificada a mitad del siglo XV, con dos escudos del II Marqués de Villena, Diego Lópèz Pacheco y su esposa Juana Enriquez. A la derecha una torre renacentista con su espadaña.  Los escudos me recuerdan a los de iglesia que más me gusta de Granada, de Jerónimos, que lleva el emblema del Gran Capitan, Gonzalo Fernández de Córfoba, y de su esposa, Doña María Manrique. Nunca me canso de admirar.

El convento de los Jerónimos de Granada, mantenido por la comunidad de la Orden Jerónima femenina, está siempre cuidado e impecable. Descuidado y hecho polvo con la desamortización, volvió a la Orden Jerónima porque sor Cristina de Arteaga, de la casa del Infantado, monja jerónima, que cambió el Carmen de los Mártires, un magnífico palacete con jardines del siglo XIX que había heredado de su padre, al Ayuntamiento de Granada por el Monasterio de Jerónimos. Gran mujer y posiblemente una de las pocas mujeres aristócratas de su época con título universitario, engrandeció la Orden. Escritora, poeta e investigadora, a ella se debe la primera biografía de Isabel Galindo, su pariente. El edificio granadino fue obra de Diego de Siloé, engloba la Iglesia y el monasterio. En la Iglesia abierta al culto, en una sencilla lápida de mármol blanco está enterrado en el suelo el Gran Capitán.

 Patrono de este monasterio, D. Juan Pacheco, padre, de D Diego López Pacheco Portocarrero, I marqués de Villena, era intrigante y pendenciero y le disputó a su rey, Enrique IV de Castilla el enterramiento en el Parral Y aún el mérito del patronazgo, ya que fue un encargo del entonces príncipe que él se adjudicó. El primer marquese de Villena apoyó a la Beltraneja en contra de Isabel de Castilla. También lo hizo el II marqués, aunque más tarde cambió de bando. Me gustan las ciudades históricas, me apabullan, así Segovia, me hacen repasar la historia. Emrique IV, está enterrado en el monasterio de Guadalupe, que también fue de la Orden Jerónima; y Juste, donde murió Carlos V. Hoy el Parral es el único monasterio que queda de la Orden Jerónimo masculina.

Esperamos al fraile cicerone. Aparece `por la derecha de otro edificio anexo un pequeño y empático, muy agradable, viste hábito blanco y escapulario marrón. Nos saluda y pregunta a mis nietos

-De dónde sois

_De Pamplona

- Vaya, navarricos ¿venía se sanfermines?

-No. Ya han acabado

- Ÿ qué tal ?

-Pues muy bien

Alguien le pregunta de dónde es y me dice

-          De la ribera del Evro

-          De la Ribera, ¿de dónde? Yo soy de Cascante

-          Soy riojano, de Alfaro

-          Del pueblo de los pasteles rusos

-          Sí, pero ya no son lo que eran, aunque están muy bien envueltos.

PaParece que, como a mí, le gustan los pasteles, unas delicatesen de rusos que hoy venden en tiendas de degustación, pero que no son lo que eran

-         Claro es que ahora los hacen a máquina, ya no son artesanos.

Nos dice que lleva toda su vida aquí y que uno no es de donde nace, sino de donde pace y abre el portón. Es iglesia de una sola nave. Nos sentamos en grupo en los bancos. Sólo visitaremos la iglesia y los claustros. Está enamorado de su monasterio y no es para menos. Nos explica que el monasterio está dedicado a la Virgen del Parral, una pequeña escultura que dice la leyenda fue encontrada debajo de un emparrado en las montañas que circundan el monasterio. La pequeña virgen románica está situada en una capilla al lado derecho pero lo que deslumbra es el retablo mayor, renacentista dedicado a la virgen de la Paz, cuyo relieve ocupa el centro del tercer piso del retablo. Pienso en la paradoja de la advocación preciosa en un siglo de guerras civiles, altercados nobiliarios y envenenamientos. El retablo nos parce extraordinario. De estilo renacentista de madera policromada. Se integran dos cenotafios de alabastro del primer marqués de Villena, Juan Pacheco y su esposa , María Portocarrero, - Narra la vida de la Virgen, Nacimiento, Visita a Santa Isabel, la Anunciación y la Asunción, con relieves narrativos dorados por Diego de Urbino. En el centro, de mayor tamaño, la virgen de la Paz sentada en un trono con el Niño en brazos. De composición tripartita con cuatro pisos, más el inferior o predela, las calles están separadas por columnas cortas abalaustradas e imágenes de santos. En la bóveda el calvario y el Padre CelestialS juan y apóstoles

Integradas en el retablo en alabastro dos cenotafios de los primeros marqueses de Vilena, Juan Pacheco y María de Portocarrero. Nuestro monje dice que no están enterrados allí, pese que así lo afirman las guías turísticas que lo describen como Retablo sepulcr. Hau numerosas lápidas en el suelo.o.

   Sea lo que sea, muy original, es sorprendente la belleza del retablo, pero también su estado de conservación, ya que los Jerónimos del Parral han sufrido, como otros monasterios de la orden, el saqueo napoleónico, la inclemencia de la desamortización de Mendizábal y cierres temporales. La sillería del coro hoy se encuentre en el Museo Arqueológico Nacional  y San Francisco el Grande de Madrid, parte de la biblioteca en San Lorenzo del Escorial.

Le preguntamos qué será del monasterio cuando ellos falten, pues nos dice que sólo hay seis frailes y él es el más joven, tiene 72 años. Quizá ya se ha hecho a la idea de que acabe convertido en hotel, como el Santa Paula de Granada, de la Orden Jerónima femenina, hoy hotel AC.  No deja de ser un lujo tomarse un café en un claustro de Diego de Diloé, o leer un libro en uno de los claustros del Parral, es el signo de los tiempos, cuando los frailes cesan porque escasean las vocaciones porque la vida cambia.  Quizá somos nosotros los que no nos resignamos a ver el patrimonio religioso en peligro y, ya que puede ser inevitable, quisiéramos Fundaciones y manos respetuosas que supieran conservarlo y darle un sentido trascendente y también humano.

Hay historia detrás de Guadalupe, de Juste, de Madrid, del Valle de Hebrón, de Lisboa, de Méjico; Jerónima era Sor Juana Inés de la Cruz, altísima escritora. Nos dice que aún quedan nueva monasterios de la Orden femenina.

Copio, como homenaje a la Orden, los versos dedicados por el Gran Maestre José María Gómara Gómez al obispo Hernando de Talavera, el santo alfaquí, jerónimo y tolerante con moros y hebreo, grabados en una cerámica Monasterio Jerónimo del Parral.

FRAY HERNANDO DE TALAVERA

(En el V centenario de su muerte)

 

Fraile escueto de ayunos y cilicio,

vástago del solar de Talavera,

confesor de la Reina más señera,

inasequible al tráfago y al vicio.

 

Obligado al peligro de la corte,

siempre llevó la imagen fiel de España,

grabada a fuego en la profunda entraña.

El amor fue su luz, la fe su norte.

 

Ecuménico audaz postridentino

Santo Alfaquí, levítico rabino,

Arzobispo magnánimo y ufano

 

Símbolo de la paz y la esperanza

A su memoria inscriban alabanzas

El morisco, el hebreo y el cristiano.

 

 

Desde los claustros se ve altivo el Alcazar de Segovia y los pináculos de la catedral, último gótico con sus crestas. Nos despedimos.

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