jueves, 20 de agosto de 2026

LAURA LEOZ DEÁN: Y PETER PAN CRECIÓ


 Publicación de Amazón,2026

Laura Leoz Deán nace en Barcelona en 1943, pertenece por saga materna a una extensa familia de Cascante, donde ha pasado todos sus veraneos infantiles y adolescentes.

El poeta Rainer María Rilke escribió que la patria del ser humano es la infancia. Cascante, como veremos en la publicación, ocupa una parte muy importante en el sentir de Laura, presentar su publicación en Cascante es hacerlo en su cas.

 Cascante es su paraíso. Su otra patria es Barcelona, donde aprendió a amar a otra lengua que canta en una música diferente, las dos patrias conviven sin enfrentamiento en su sentimiento, por tanto, en su escritura.

 Su vida profesional en Barcelona optó por la psicología aplicada a la educación especial. asistiendo a los cursos del doctor Moragas. Realizó prácticas en el Instituto de Pedagogía Terapéutica de Barcelona, ejerciendo su profesión en diversos centros y   a partir de 1963 en la Escuela Jeroni de Moragas como maestra de alumnos con necesidades educativas Assumió tareas de dirección a partir del curso 84-85 Es titulada en Magisterio y especializada en Educación Especial.

A partir de 2018 se matriculó en los Cursos de Escritura Autobiográfica en la Universidad Senior en el Collegi Oficial de Doctors i Licenciats en Filosofía i Letres i en Ciencias de Catalunya.  La publicación de estos textos son el resultado de su trabajo literario y dan fe de su prodigiosa memoria.

La autobiografía es un género literario en el que se incluyen las cartas, los dietarios, los cuadernos de bitácoras, la autoficción, es literatura del yo donde el narrador y protagonista son el mismo. Este libro de narraciones autobiográficas de Laura Leoz constituye al mismo tiempo desde lo recordado- 4 años, primera narración del muñeco Juano, hasta cómo desea la protagonista que sea su última página, relatos que construyen su autobiografía. Podemos incluirla en lo que se denomina Literatura porque, aunque la autora afronte ese texto con la única pretensión de fijar los recuerdos, muestra preocupación de estilo, cuidado vocabulario que salta desde el castellano al catalán y al argot cascantino sin violencia; y mantiene una buena estructura dividida en tres secciones, Barcelona, Cascante y un horizonte abierto. Son 50 narraciones que configuran la irrepetible autobiografía de la autora que, repasada (pasada nuevamente) desde la madurez rememora, o sea, vuelve a recordar.

 Las autobiografías a veces son trampas donde el autor construye un relato de autojustificación que limpie su imagen; o narra hechos históricos que merecen ser conocidos por su importancia, batallas, transiciones; se puede contar lo vivido desde la melancolía de lo pasado; o por saberse digno de mérito; o explicar la vocación política y literaria

No encontraremos autojustificación, ni historias épicas, ni melancolía ni vida profesional, que sólo toca tangencialmente, en estos relatos de Laura Leóz y precisamente por eso, por contarlos como afluyen a su memoria sin filtros, donde encontramos el aprendizaje vital de una chica de clase media lúcida e inquieta. Perteneciente a la generación de casi mitad de siglo, entendemos que su valor para alguien que no la conozca y acuda al texto, no es solo el personal, ni el familiar, ni siquiera el amistoso, sino el testimonial y el literario. Para los familiares y amigos, el gozo de saberlo escrito. y el agradecimiento mostrado a todos los que la ayudaron a crecer

 

 

 

Es también la historia de una extensa familia de no catalanes en Barcelona, 8 hermanos bajo la tutela de un padre comandante no militarizado al uso,  preocupado por educarlos reciamente; y la de una madre “fina” y amorosa que prepara  té caliente cada tarde a las siete y media con los manteles bien puestos, esa cierta sofisticación de saga navarra que no se contradice con que las hijas hereden la ropa de sus hermanas mayores,  que también se pasen de una a otra los libros de texto a los que les faltan páginas, o que se considere un dispendio en una economía de subsistencia, típica de la época, comprar una mochila para las excursiones. En el aprendizaje de la niña Laura todo sirve, lo rechazado, las monjas, la costura,  y lo integrado, novios de hermanas, amigos de los que aprende. Casi adoptada por los novios catalanes de sus hermanas, amplía su horizonte de valores, con libros, contactos, paisajes acordes a la nueva lengua, el catalán, que empieza a amar a través de las palabras de canciones de sus grupos como noia de agrupement.

En segundo apartado, está Cascante, al que llega viajando con toda la tropa familiar en trenes de carbonilla, viajes interminables con botijo, comidas y vituallas, Cascante, y las huertas Nahón y Fibanco de su niñez, son espacios mágicos que forman el Paraiso. Veraneos de tres meses en el pueblo y una niña imaginativa e intrépida que encuentra la libertad casi total en las aventuras que no son posible en el medio urbano. Leader de un grupo de primos y amigos, triscando por los campos, bicicletas, batallas campales, moras, la piscina, jugar a hermanos de sangre. Los amigos creo que podríamos ampliar la maravilla de sus ocurrencias, era fantástica, una mezcla de Guillermo Brown y Celia de Elena Fortún. Y luego la tristeza de la vuelta al redil de las monjas

¿Qué Incluye el tercer apartado, el horizonte hoy ampliado? Todo lo experimentado se presenta en la realidad de la plenitud serena de quien ha vivido conforme quiso vivir sin ninguna concesión a lo inauténtico. Su prodigiosa memoria siente y reflexiona, lo pasado está ahí mezclado con un presente sereno de abuela que ama lo que hace, las hijas como una prolongación de la naturaleza como humanos y que la arropan cuando se sabe frágil; los nietos a los que cuenta cuentos fantásticos; las manos y la música de su esposo; el bosque que rodea su casa; los olores, la cocina y sus recetas, los árboles, los libros; la profesión que eligió de cuidar a los más débiles, el doctor Moragas, el agradecimiento a todos los que la conformaron. La publicación muestra a una mujer plena, no es un Peter Pan, porque sí ha crecido, es una mujer adulta que sigue mirando al pasado sin ningún rencor ni malicia, sin arrepentimiento; y al presente con la limpieza de visión de una adulta de 83 años que guarda en sus pupilas a la niña sabia.

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