LAS LITERATAS
1) Consideraciones generales. Algunas mujeres decimonónicas y sus publicaciones en prensa. 2) La prensa, base del despertar femenino.
I
Consideraciones generales
La prensa periódica fue uno de los medios
utilizados por las escritoras para darse a conocer en el siglo XIX. Con el
liberalismo del siglo, se desarrolló el movimiento romántico, y tuvo auge el periodismo literario, y en él las revistas y
semanarios femeninos escritos por mujeres para mujeres. Algunas voces de
opinión en la prensa del siglo fueron femeninas; mujeres que se dispusieron a
aparecer en la vida pública de la letra impresa para escribir sobre modas o
sobre una realidad que las marginaba. Importantes y activas en su época,
sustentaron, aún temerosas de no ser aceptadas, una opinión publica liderada
por mujeres que escribían; las más eran también poetas, ensayistas o
novelistas. Sus publicaciones las revistas donde escribieron son
inencontrables, eso ha hecho que algunas, , fueran, en la posteridad, olvidadas[1]. Gran parte de las escritoras del siglo hicieron
sus primeras armas en medios de comunicación, aventurándose luego a la
publicación de poemarios, dramas, ensayos o novelas. Algunas dirigieron sus
propios periódicos. Pioneras en el
seguimiento de los estudios académicos de búsqueda catalogación y crítica han
sido la investigadora del CSIC Carmen Simón Palmer [2] y la profesora de la Universidad de California
Susan Kirkpatrick.[3] Hoy existen en muchas universidades españolas
seminarios y publicaciones dedicadas a los estudios de género y las revistas y
las colaboraciones femeninas en ellas han merecido importantes artículos y
monográficos, entre los es
imprescindible el muy documentado
trabajo de Adolfo Perinat e Isabel Marrades[4]
que aporta un seguimiento riguroso y da la extensa lista de revistas de la
época y sus peculiaridades. El estudio del contenido de ese tipo de prensa
mereció la atención de la catedrática de la Complutense María Pilar Palomo[5],
por citar alguna de la ya extensa bibliografía sobre el tema.
Al
amparo de la libertad de prensa de 1812 y de “Las Cortes de Cádiz, surgieron en
la segunda década del siglo publicaciones femeninas dirigidas por hombres que
escribían para mujeres. Beatriz de Cienfuegos[6]
, que dirigió y editó en el siglo XVIII el periódico “La Pensadora gaditana”
(1763-64), fue el primer nombre de mujer directora de prensa que apareció en
España, aunque aún se dude de si “la pensadora” fue mujer o fue un varón que
utilizó el seudónimo. Cádiz, cuna del liberalismo, se convirtió en uno de los
focos más dinámicos de la época por haber sido la ciudad que acogió las Cortes
patriotas en la Guerra de la Independencia contra los franceses, por la
proclamación en ella de la Constitución de 1812 y por su actividad portuaria
comercial a Hispano América, y con ella la afluencia en la ciudad de
comerciantes extranjeros portadores de ideas avanzadas. A principios del siglo,
en 1813, con la en febril actividad política y comercial de los diputados y comerciantes
se había publicado “El amigo de las damas.
Un año
después, en 1814, al quedar abolida la Constitución de 1812, y con ella todas
las leyes que de ella emanaban como la libertad de imprenta, la actividad
editorial se paralizó. Fueron clausuradas las publicaciones con el absolutismo,
pero el pulso del rey con los liberales inclinó la balanza al lado de éstos y
nuevamente volvió a estar vigente la ley de libertad de prensa, por lo que
durante el Trienio Liberal (1820-23) la actividad editora reapareció. Se editó
en 1821 El bello sexo y en 1822 el Periódico de las damas, que
siguieron la línea de los semanarios Le Journal des dames y del inglés
Lady´s Magazine. Cuando en 1923, tras tres años de liberalismo se vuelva a
instaurar el absolutismo, desaparecerán nuevamente las publicaciones femeninas
hasta después de 1833, fecha de la muerte de Fernando VII.
No por ello durante la Década Ominosa, las mujeres españolas dejaron de tener actividad, aunque soterrada debido a las políticas represivas fernandinas. La implantación nuevamente del absolutismo ralentizó, pero no pudo anular el impulso femenino de conspiración y de participación cívica y política y el liberalismo tuvo su mártir heroína[7] en la granadina Mariana Pineda, mujer liberal que fue ajusticiada en 1831 por participar en una conspiración contra la Corona. Gran parte de las escritoras de las que vamos a hablar pertenecen socialmente al liberalismo y muchas de ellas fueron hijas o nietas de militares liberales represaliados. En la regencia de Cristina de Borbón[8] (1833-40) y del General Espartero (1840-43) volvieron a proliferar nuevamente las publicaciones, en 1833 nace en Madrid El correo de la Moda, en 1837 La espigadera, en 1840 La Mariposa, y La Moda, pero fue en la cuarta década, bajo el reinado de Isabel II[9] , estando en el poder los liberales moderados, cuando proliferaron. El florecimiento de la prensa va a estar siempre unido al triunfo de las ideas liberales.
España, siguiendo el signo del liberalismo
moderado, facilitó, dentro de orden controlado, la participación y el avance
femenino del siglo anterior, ya que no se quería quedar al margen de Europa y
tanto en Europa y América estaban surgiendo conocidas mujeres escritoras, algunas de ellas de
importancia, como las inglesas Ana, Charlotte y Émily Bronte o Mary Shelley; la
norteamericana Harriet Beecher Stove o
las francesas Géorge Sand, seudónimo de
Amandin Aurora Dupin o Madame Staël, seudónimo de Anne Louise Germaina Necker.
Las
escritoras españolas no sufrieron rechazo de los poderes constituidos, eran
apoyadas en cuanto consolidaban las ideas del poder establecido, y algunas
llegaron a ser figuras insignes que escribían en periódicos y revistas. Fernán
Caballero, Concepción Arenal, Carolina Coronado, Gertrudis Gómez de Avellaneda,
Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán trascendieron su siglo y perduraron,
todas escribieron también en los medios de comunicación. Fue un fenómeno nuevo la
incipiente incorporación femenina a la vida cultural a través de los medios de
comunicación.
II
Algunas
mujeres decimonónicas y sus publicaciones en prensa.
Nacidas
en el primer cuarto o primera mitad del siglo, las primeras mujeres que han
pasado a la Historia de la literatura, fueron poetas, novelistas o ensayistas, que siguieron manteniendo tertulias y,
lo que fue nuevo en del siglo XIX, aparecieron en diarios o semanarios. De
carácter conservador, a caballo entre dos siglos, mantenía una de las tertulias
más importante de Cádiz. Frasquita Larrea[10]
; ella y su marido, Juan Nicolás Böhl de Faber, mantuvieron en El Mercurio
Gaditano una polémica con Alcalá Galiano y Moro sobre el Romanticismo[11].
De signo contrario era la tertulia liberal de la Margarita Pérez de Morla[12]
que, si bien no escribió en prensa, siguiendo las líneas de las tertulianas del
siglo XVIII recibió a las más importantes personalidades liberales y se la
considera impulsora de la revista El Pensil gaditano y El
pensil Ibérico (1856-57) de corte fourerista y feminista. Cecilia Böhl de
Faber,[13]
hija de Frasquita Larrea, novelista y cuentista afamada de signo conservador,
firmó con el seudónimo de Fernán Caballero y fue colaboradora en La Bética,
la España literaria, revista de Ciencias, Literatura y Artes, La verdad
Católica, El Ateneo, El gran mundo, Semanario Pintoresco Español, El
correo de la moda, Álbum de Señoritas, Álbum Cubano y ensayista, reformista social y pensadora,
Concepción Arenal[14], a
quien Elena Catena llama progresista romántica[15],
se inició con colaboraciones en el
periódico progresista La Iberia y
ejerció el periodismo por afán de servicio público utilizándolo como vehículo
de su reformismo social, tanto en temas relacionados con educación como los
relativos a la política penitenciaria o la beneficencia; fundó el quincenal
La Voz de la caridad, órgano oficial de la Asociación General de la Reforma
Penitenciaria.[16]Gertrudis Gómez de Avellaneda, de Cuba entonces
provincia española, poeta y novelista cuya candidatura
fue presentada a la RAE sin éxito, inició sus colaboraciones periodísticas en
el periódico La aureola bajo el seudónimo de “La Peregrina”, escribió
tanto en los medios como obras de género dramático, poemas y novelas; dirigió El
Álbum de las Damas y El Álbum cubano de lo Bueno y lo Bello” y
colaboró en El Correo de la moda, Álbum de la mujer. La Avellaneda fue
una de las valedoras de (XX) a la que publicó poemas y prosas,
ya que además de amiga, como ella defendió el derecho femenino a la
ilustración. Escribió la novela abolicionista “Sab,[17]antes
que se publicara La Cabaña del Tío Tom[18]
de la escritora estadounidense Harriet Beecher Stowe. Abolicionista como
Avellaneda fue la poeta romántica notable y reconocida, Carolina Coronado[19], que escribió en La España, La Luneta, La
Discusión, La Ilustración, Semanario Pintoresco Español, El Correo de la Moda,
Museo de las familias, Álbum Iberoamericano, Entreacto. Librepensadora y
rupturista Rosario de Acuña, escribió
en La Ilustración Española y Americana, La Iberia, El
Imparcial, Los dominicales de libre pensamiento, El Internacional y
otros periódicos liberales. Conforme el
siglo avanza, alguna las escritoras tuvieron peso literario y algunas se
consagraron. Rosalía de Castro, es considerada
por la crítica una de las representantes más preclara del romanticismo español;
sus colaboraciones salieron del ámbito nacional y publicó en El Mercurio de
Chile, El Álbum de la mujer de Méjico, Revista Filipina, Las
Novedades, Caras y Caretas y La Nación de Buenos Aires Revista
ilustrada de Nueva York, Diario de la Marina de la Habana y otros
muy bien acogidos por la emigración gallega en América. Emilia Pardo Bazán[20], ha pasado a la posteridad como una de los
más grandes novelistas del siglo. Educada en libertad por una familia lectora y
aristocrática, personalidad arrolladora, ejerció el periodismo por exceso,
porque estaba sobrada y pudo y quiso divulgar sus ideas en un constante
aprendizaje propio y a su servicio y el de los demás, pues tuvo conciencia
profesional de escritora, divulgando sus conocimientos en novelas, artículos,
ensayos y conferencias; fue muy activa en la defensa de la mujer y sus
derechos, introductora del naturalismo y primera mujer catedrática. Iniciada a los
25 años en la revista “La Ciencia compostelana”, fue la primera mujer
corresponsal de prensa en el extranjero, destacada en Roma por “El
Imparcial” y en París para “La España Moderna” de navarro Lázaro
Galdiano[21];
amén de que llegó a dirigir la revista “Nuevo teatro y “Nuevo teatro
crítico “(1891) “La ilustración artística” y “La Ilustración
Española. Posteriormente en los albores del siglo XX, Carmen de Burgos,
Colombina[22]
fue la primera mujer que ejerció como periodista profesional y una de las dos
mujeres en ser admitidas en la Asociación de la Prensa. Las redactoras mujeres
que, como ella, además con ello se ganaban el sustento o lo intentaban, fueron
más habituales a principios de siglo XX.
Las
colaboraciones de mujer de peso en la prensa diaria no dejaron de ser una
excepción, más frecuentes fueron las aparecidas en revistas femeninas El grupo
de las insignes citadas, que han permanecido en el tiempo, se amplió en el
siglo con la nómina de otras que son hoy menos conocidas y que empezaron como
escritoras de poesía o novelas por entregas en las revistas. Muchas de las
autoras dejaron los álbumes románticos para abrirse a la sociedad a través de
las revistas y hacer compatible su vocación literaria con cumplir con sus
obligaciones familiares, que es lo que la sociedad esperaba de ellas: ser el ángel del hogar que no eludía sus labores
de género y que daba importancia a valores muy femeninos, siendo “la violeta” humilde frente al esplendor altivo y bello de la
rosa, argumento de muchos de sus prosas o poemas. Eso no invalida un pensamiento casi general a favor del
progreso social femenino, de las que ellas fueron también protagonistas. Las
literatas de mediados de siglo, entre desplegaron un activismo notable e inauguraron la intrahistoria femenina en los
medios de comunicación de masas escribiendo en los semanarios hechos ad hoc
para sus compañeras de sexo. Intrahistoria entendida en sentido unamuniano: un
fondo que sujeta y hace surgir las figuras emergentes, sin cuya base social
pudieran no haber emergido. Algunas de aquellas mujeres pioneras de la base
todavía firmaban con los apellidos maritales añadidos al suyo; otras
escribieron bajo seudónimo, pues tuvieron miedo al rechazo social, o a que las
trataran de marisabidillas, ya que, entre los valores sociales imprescindibles,
se exigían a la mujer, la modestia, la humildad, y también la laboriosidad y la
moral católica. Hasta entrado el siglo XX, por todas esas causas y por el miedo
a ser menospreciadas, algunas escritoras ocultaron su nombre o lo hicieron
acompañar por el de sus maridos.
. Fue en las décadas de 1840 y 1850, coincidiendo con el reinado
de Isabel II, cuando abundaron las revistas, generalmente de vida efímera,
dedicadas a la mujer, algunas dirigidas por ellas o escritas para ellas, por
toda la geografía española. En el
decenio de 1845 a 55 , las revistas más conocidas eran las de las capitales
grandes: El Tocador (1844- 45) El Defensor del Bello sexo (1885) La
elegancia, La Luna (1848)El Correo de la Moda (1851) Gaceta del
Bello sexo, Gaceta de las mujeres (Barcelona 1845), Revista de
Modas (Madrid 1850), Ellas,
Órgano oficial del sexo femenino
(Madrid 1851), Gaceta del Bello sexo”( Madrid 1851), La Mujer, periódico escrito por una selección de
señoritas y dedicado a su sexo, subtitulado Periódico defensor y
sostenedor de los intereses de su sexo (Madrid 1851-52), El Correo
de la moda, Álbum de Señoritas (Madrid
1853); Es interesante saber que
había publicaciones de casi todas las provincias y que las escritoras
colaboraban en las de su provincia y en las demás provincias, amparadas por la
solidaridad entre mujeres Las revistas de las grandes capitales recogían la
aparición de otras, así en la revista La Mujer se daba anuncio de la
aparición de El fanal de la mujer en
Logroño en 1852. Existían
revistas por toda la geografía española.
III
La prensa, base del despertar femenino
[1]Publicaciones anteriores imprescindibles para abordar
el tema de la escritura femenina del siglo XIX: Serrano Sanz, Manuel, Apuntes
para una biblioteca de escritoras españolas. Desde el año 1401-1833,
Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1903-1905; Osorio y Bernard, Manuel,
Apuntes para un diccionario de escritoras españolas, siglo XIX, publicado
en cinco capítulos en “La España moderna”, Madrid, entre septiembre1889
y mayo 1890,
2 Simón Palmer, Carmen, Escritoras
españolas del siglo XIX. El miedo a la marginación, Alicante,
Biblioteca universitaria;
Anales de literatura española ISSN 0212-5889, nº2, 1983, pp 480-490; Escritoras
españolas del siglo XIX, Manual bibliográfico, Madrid, Castalia, 1991; Escritoras
españolas 1500, 1900, Londres, Biblioteca Nacional, Chadwyck, 1992
[3] Kirpatrik, Susan, Las Románticas, Women
Whiters and Subjectivity in Spain,1835-1850 Berkeley, Universidad de
California, 1989; Antología Poética de Escritoras del siglo XIX, Madrid,
Castalia, 1992
4 Perinat,
Adolfo; y Marrades, María Isabel, Mujer, prensa y sociedad en España
1800-1939, Madrid, Centro de
Investigaciones Sociológicas, 1992
[5] Las
revistas españolas femeninas del siglo XIX, reivindicación, literatura y moda”,
Arbor, Ciencia, Pensamiento y Cultura”190 (767): a130, mayo-junio 2014
[6] Existió
un amplio debate sobre el tema, se desconoce la personalidad real de Beatriz de
Cienfuegos y su sexo, que parece dudoso
que una mujer pudiera conseguir por ella misma los permisos de edición
[7] Inmortalizada por Federico
García Lorca en la obra de teatro en verso, Mariana Pineda, estrenada en
el teatro Goya de Barcelona en 1827 y
protagonizada por Margarita Xirgú
[8] Septiembre 1933- octubre 1840
[9] 1843-1868
[10] Francisca
Javiera Ruiz de Larrea y Aherán (Cádiz 1775 - Puerto de Santa María 1838)
[11] “El
Mercurio Gaditano”, el debate se prolonga desde 1817 hasta 1820.
[12] Nacida
en Jerez de la Frontera 1790, amiga de Madame Staël
[13] Morges,
Suiza 1796, Sevilla 1877, 1820
[14] Ponte,
Ferrol 1820-1893,
[15] “Concepción
Arenal, Progresista romántica” en Escritoras Románticas Españolas, pp.
197-206
[16] La revista empieza en 1871. La catedrática Ana Caballé acaba de editar sobre Arenal una excelente biografía; Concepción Arenal y su sombra,
Barcelona, Taurus, 2018
[17] 1841
[18] 1852
[19] Carolina
Coronado y Romero de Tejada (Almendralejo, Badajoz 1820, Lisboa 1911)
[20] La
Coruña 1851, Madrid 1921
[21] Beire,
Navarra 1872- Madrid 1947. Empresario. Coleccionista. Fundador de periódicos,
entre ellos La España Moderna (1889-1914) prestigiosa revista en cuyas
páginas se abordó la llamada “Cuestión femenina”. Recogió colaboraciones
internacionales y de destacados miembros de la generación del 98 y de miembros
de la ILE.
[22] Carmen
de Burgos y Seguí, “Colombina” (Almería 1867, Madrid 1931). Publicó sus
primeros artículos en la revista de su marido Almería Bufa, posteriormente
en 1902 inicia una carrera periodística prolífica en El globo, Diario Universal,
La Revista Universal, La Correspondencia del Español, ABC, Tribuna Pedagógica y
La Educación fue redactora de El Heraldo y Nuevo Mundo de
Madrid, pero su vida profesional ya es en inicios del siglo XX.
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