PALABRAS PARA EL CANTO
Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.
- Anónimo-
Volver al canto, porque, lo mismo que en el principio de la inteligencia existió el verbo y en el principio de la palabra escrita fue la necesidad de trasmisión, en el principio de la escritura literaria lo fue el canto y la gesta. Cantar. La música es aún antes de conocer la escritura, el canto es anterior. Cantar para acunar a un niño; para invocar al dios desconocido; para conquistar la naturaleza; para amar y llorar; para romper la muerte. Canciones de hombres y de mujeres anónimos que se irían perdiendo, pues antes que lo escrito fue la oralidad. Anónimas eran muchas de las las jarchas andalusíes, mozárabes o hebreas, o las cantigas portuguesas o las cancioncillas castellanas. Cuando la improvisación se fue convirtiendo en oficio de abades y de reyes, cuando los trovadores recogieron los fragmentos anónimos de cantos, quedaron para la posteridad los nombres de los hombres que conocieron el oficio y las letras. Antes de Gutemberg, la difusión de los textos narrativos y poéticos se hacía por vía oral, era una minoría la que tenía acceso a los libros y pocos los diestros en la lectura. Hoy día, que son abundantes los libros poéticos, pero es escasa su lectura, aunque entre los actos culturales se vayan imponiendo los recitales líricos en grupo, vuelvo los ojos a la música primitiva como culto a los trovadores antiguos y a los cantautores, retrocediendo el camino, mitad nuevo, mitad viejo, de las canciones. Y de las danzas.
Algunos poetas sabios lamentan la posibilidad de la muerte de la poesía y sería por mi parte irrealidad afirmar lo contrario. Por eso, no es melancolía recurrir al canto. Si fue el origen puede seguir siendo una forma posible de conjurar su muerte. Y la nuestra, porque la reflexión y la alegría del canto, aunque a veces sea triste, nos abre la conciencia de que aún estamos vivos para seguir celebrando. Quizá, si el discurso está deteriorado, podamos todavía volver a cantar nanas a los niños, villancicos y salmos a los dioses; odas sencillas ante la magnificencia de una naturaleza que, brava, nos arrolla; cantigas para decir “te quiero, amigo” o “vete”; llorar las pérdidas; acercarse a la muerte.
Volver atrás es casi siempre ir hacia adelante. Afirmarse en el paso. O eso intento. Canciones viejas que suenan incesantes en los oídos porque las bebimos, fresquísimas, al principio del tiempo. Irse esta vez desprendiendo, volver a lo elemental e indispensable para cantar hoy, como hoy se canta, muy por dentro cuando una va pensando, despacito, en silencio, para escapar del ruido. O compartirlas a dos, a tres, a multitudes si es que se logra que algo de lo que uno inventa pueda tener sentido. O para llorar, como dicen las letras de esas inolvidables canciones populares. “Canta y no llores, corazón, no llores”.
Hay también, por qué negarlo, en mis canciones reivindicaciones Ya no es el tiempo de esas canciones de mujer escritas por hombres, que nos escribieron llorando; escribo mis canciones jugando. Yo quisiera darles la vuelta entre comicidad y cierta melancolía: “ No quisieres, hija, marido tomar, para suspirar” Encontrar fuerza para cantar es sacudirse. El amor y el dolor no merecen la muerte. Son un aprendizaje para el canto, porque cantar es vivir. Vivir dos veces.
Y celebrar la vida.
(Introdución del poemario Canciones y Guiños de Amiga y Otras Danzas)
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