sábado, 4 de septiembre de 2021

LOS AÑOS DE PLOMO ( Y III) Muerte de Francisco Berlanga,

 


He elegido un mal día para hablar de cómo afectó el terrorismo a mi familia, ya que hoy inauguran en Tudela la escultura en honor a las víctimas del terrorismo -  con las que me solidarizo-  y puedo parecer oportunista. Quiero afirmar que sé que no soy víctima ni puedo hablar en su nombre, lo que puedo afirmar es soy alguien que intentó cumplir con su deber. Quiero afirmar que no soy protagonista ni lo intento, pero puedo afirmar que aún si alguien pensara que lo soy preferiría antes de callar decir que ayudé con amor y puse toda mi potencia en hacerlo. Quiero afirmar que si hay en estas crónicas demasiados nombres desconocidos para casi todos, es para resaltar el nombre de las personas que fueron solidarias y, en segundo lugar, para dejar constancia de que no hablo por hablar, dejo testigos.

ATENTADO EN LA OFICINA DE LA PLAZA DEL CASTILLO

2 Enero de 1979

Sobre las 10 menos cuarto de la mañana dos agentes de la policía municipal advirtieron que en la oficina de la Plaza del Castillo, n 24, había un paquete sospechoso envuelto en un plástico blanco y avisaron a la policía armada. En la oficina parece que alguno bromeó, pensando que era algún paquete olvidado por alguien, pero Luis Mayor advirtió que se veían cables. Llegó un fuerte contingente de la policía armada. Eran fechas de víspera de Reyes y la Plaza del Castillo está muy concurrida. La masacre, dado que son días donde la gente compra regalos por el centro, pudo ser masiva. Mientras unos policías acordonaban la zona, el cabo artificiero Francisco Berlanga intentó desactivar la bomba y le explotó, la onda expansiva le seccionó los antebrazos, parte de la pierna izquierda y el tórax. Falleció a los pocos momentos de ingresar en el Hospital de Navarra. Tenía 26 años. Dejaba viuda y tres hijos, le faltaba un mes para ser destinado a su lugar de nacimiento, Málaga, donde por las fiestas de Navidad en ese momento se encontraba su familia.

Fernando se enteró en el momento, le llamaron de Pamplona. Un drama. No sé si llamó por teléfono a la viuda del cabo, nada dijo. Las fiestas de Navidad acabaron en sangre. No voy a comparar el dolor de la muerte de un hombre joven con el de mi familia, pues ante aquel horror de esa injusta muerte no hay nada comparable. 

Si quisiera, recordando Patria de Aranburu, pensar en la dureza de algunos curas con respecto a las víctimas, pues nos contaron que paso un sacerdote por el lugar donde Francisco Berlanga agonizada y alguno de los presentes le pidió que le otorgara la extremaunción, pero él se escurrió y pasó de largo. Le siguieron por Carlos III hasta alcanzarlo y le increparon. Respondió que él no creía en esas tonterías. Bien sé que él no era la iglesia, toda la Iglesia, pero cuando leí ·Patria” lo recordé. Cual distinto hubiera sido el papel del terrorismo sin el apoyo social del silencio, del mutismo de los más obligados a dar testimonio de humanidad cristiana hacia el prójimo.

Habíamos pasado unas fiestas de Navidad tranquilas y mis hermanas se habían ido a esquiar en grupo con los Pujalrás, vecinos del sexto. Se enteraron por los periódicos del atentado al hacer el autobús una parada Posiblemente nada comentarían, ya que los vecinos de la casa sabían que estaban con nosotros, pero nada más. Llegaron encogidas y aterradas. Nuevamente la estabilidad familiar se rompía y volvía la angustia y la sensación de acoso, que cada uno vivía a su manera. Mi madre volvía a lamentarse de lo mala que era la gente, Fernando se enfurecía y mis hermanas callaban y estaban tristes, nosotros seguíamos haciendo esfuerzos por consolarlos. No sé si fue esa vez u en otra comida, recuerdo que dije a Fernando que aquello era capaz de acabar con la salud mental de cualquiera que hubiera padecido tanto y que él y mi madre tal vez necesitaran ayuda médica, pero se enfadó mucho y me gritó que él no estaba loco y que los locos éramos nosotros. No volví a decirle nada. Creo que las cosas para él iban de mal en peor y estaba tan herido que no escuchaba a nadie que le contradijera. El atentado en la Plaza del Castillo suponía echar el cierre definitivamente a su actividad económica, por tanto, su ruina.

El acoso económico se había iniciado en agosto de 1978, cuando ETA  colocó una bomba en GANASA, una ganadería situada en Cascante. Dos artefactos similares fueron colocados en instalaciones de dos importantes empresarios textiles de la localidad. Se iniciaba así una persecución contra los intereses económicos y contra su persona. Él estaba convencido que los responsables eran de la localidad..El atentado fue reivindicado por ETA militat. 

Quizá podría contar más cosas minuciosamente, pero no quiero extenderme. Cuando salió en Interviú la noticia de que era falso su secuestro y hablando de la extrema derecha en el que le citaban a él y a otros navarros llamé por teléfono a la revista para protestar e informar, pero me colgaron seguramente porque esperaban insultos y no razones

Por prensa también supimos la noticia de la detención del comando que había entrado en Conde de Rodezno. Por instancias de mi hermano José Javier, periodista, fuimos al Ministerio del Interior a enterarnos. Nos informaron.

Por no contrariar a Fernando, mi marido y yo asistimos a una conferencia que dio en Fuerza Nueva, pese a que, sin ser políticos, estábamos en total desacuerdo con sus puntos de vista. Nos daba pena. A mí la Transición me pareció y me sigue pareciendo prodigiosa.

No todo fue crispación en aquel curso 1978-79, hicimos familia, aunque luego todo cambiara. En Semana Santa nos fuimos todos a Portugal, creo que hicimos risas y olvidamos. La rutina diaria en Madrid nos ayudó a sobrellevar tanto drama.

Acabado el curso en junio, Fernando, mi madre y mis hermanas se marcharon de casa. Fernando y mi madre no volvieron inmediatamente a Navarra y compraron casa en Zaragoza. Mis hermanas se instalaron nuevamente una con Romerito Lorente, nuestra prima, otra en Zaragoza. Nadie quiso regresar a Conde de Rodezno. Fernando económicamente intentó en Zaragoza continuar con los temas inmobiliarios, pero nunca se recuperó ni económica ni anímicamente.

No voy a hacer un juicio de lo que supuso el terrorismo para toda la familia, espero haberlo demostrado Mi solidaridad con todas las víctimas, los asesinados y los extorsionados. Creo en los valores democráticos, nunca apoyaría ni he apoyado una revolución de ningún tipo y quien lo afirme sencillamente miente.

jueves, 2 de septiembre de 2021

LOS AÑOS DE PLOMO ( II ) Amenaza de secuestro

 

 


AMENAZA DE SECUESTRO:

 Quisiera ajustarme a la realidad más que a la memoria de los hechos, he consultado lo que dudo, aunque de lo que cuento pocas cosas dudosas hay, pues fue tan fuerte que difícilmente podré olvidarme. Dudo los días en que las chicas estuvieron en Pamplona, después de que el comando entrara en la casa de Rodezno. Estaban alojadas en San Roque 17, casa de una prima hermana, Romerito Lorente, que siempre es una segunda madre para ellas. Era una buena solución, no pensábamos que nadie sabría el paradero. Me dicen que la estancia no llegó a una semana. Manuel, el chofer de casa, iba a buscarlas allí para llevarlas a la Universidad y a la pequeña al colegio de las francesas, per a los pocos días de aquello llamó Manuel, advirtiendo que había sufrido una amenaza de que iba a ver un secuestro y que él no podía correr el riesgo de que las secuestraran o pusieran una bomba en el coche. Los coches bombas eran entonces moneda corriente entre los etarras.

Nuevamente se tomó una solución drástica, el mismo día se decidió que se iban a Madrid, sí o sí. Romerito Lorente y Antonio Jiménez, su marido, las cogieron con sus libros y sus maletas y pusieron rumbo a la carretera, mirando continuamente por el retrovisor por si algún coche los seguía. Mi marido, Antonio Marsá, y yo fuimos a su encuentro, pero no recuerdo si fue en Alcalá de Henares o en Guadalajara donde las recogimos, cambiaron de coche y nos fuimos los cuatro para Madrid. Madrid no era en 1978 una ciudad sin riesgos, pero era más anónima y al menos todos estaríamos juntos y olvidarían el pánico pasado. Creo que su llegada nos causó a todos cierta tranquilidad. Una de ellas no denotaba fácilmente el dolor de lo pasado, aunque lo llevaba consigo porque era más hermética - es mi opinión. Sí lo mostraba la pequeña, adolescente y confusa al tener que dejar colegio, amigos y casa, también es mi opinión. Nuestra relación fraternal entonces era muy buena, nunca habíamos hecho distingos entre hermanos y Antonio, mi marido, había ejercido siempre de hermano mayor, pues las había conocido con siete y cuatro años.

 Volvimos a planificar la estancia en la casa. Mis hermanas se quedaban en el cuarto de invitados y mi madre y Fernando hacía la vida con nosotros y se iban a dormir a Sor Ángela de la Cruz, la casa de mis suegros, Plutarco Marsá y Merche Valdovinos,; allí desayunaban. Se llevaban muy bien y Merche y mi madre se querían y parecían mucho, eran estupendas amas de casa y nada políticas. En cuanto a Plutarco, liberal, por el hecho de serlo era muy respetuoso con las opiniones ajenas. Carlos Sobrini, profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Navarra y de la de Madrid, facilitó a mi hermana universitaria el ir a la Facultad de Arquitectura de oyente. Carmen Valdovinos, profesora del Ramiro de Maeztu, tía de Antonio, miembro del OPUS DEI, amiga de Tomás Alvira, consiguió que mi hermana pequeña fuera admitida en un colegio de Fomento, pese a estar el curso empezado. En casa mis hijos eran aún pequeños, 10, 8, 7, 5 y tres años, no se percataban de nada, pero Betty era fantástica y yo procuraba que la infraestructura fuera sobre ruedas, Antonio nos protegía a todos. Mi madre organizaba con Betty la cocina, iba con nosotras de compras, mandaba a sus hijas y a mis hijos, curioseaba por Pontejos o merendábamos en California o en casa con las tres Valdovinos, Merche, Pepa y Carmen, o con  Mamen Blázquez, o Mari Paz Ariza, un círculo muy íntimo y privado porque poco a poco iba estando un poco menos triste. Siempre salíamos en coche desde el garaje, nunca por el portal y desde luego mirando alrededor, por si acaso. Madrid en aquel tiempo empezaba a ser peligrosa y había atentados. Fernando seguía la política en los periódicos, hablaba con Blas Piñar, renegaba del rey y intentaba continuar con sus negocios en Pamplona, algo cada vez más complicado, ya que el mercado inmobiliario había caído y cada vez que había una de las numerosas huelgas de la época apedreaban su oficina en la Plaza del Castillo. Quizá por prudencia nunca salía con nosotros. Creo que fue una época terrible para él que estaba inconsolable y cada vez más irritado.

Así, día tras día, yo no lo recuerdo como muy traumático, aunque lo fuera, aunque entiendo que para los demás quizá sí, pese a nuestros esfuerzos; aunque a mi hermana ver manifestaciones, entonces frecuentes en Madrid, de manifestantes  con pasamontañas la hiciera temblar como una hoja y entrara en pánico. Siempre estaba seria, pero no se expresaba. Íbamos en Madrid al cine los cuatro, o a tomar algo. o de boutiques. Salía con amigos de Cascante o que había conocido en la Universidad en Pamplona. Quizá debí llevarla a reuniones de la Comisión de Navarros, con quien yo tenía encuentros, ya que era el momento de la Constitución y la Transitoria 4ª, o de la Asociación Cultural Navarra, por la que volví a incorporarme al mundo cultural.  Creo que no lo propuse por exceso de celo, ya que, como dije en la entrada primera, a nadie dijimos que estaban en casa por mejor protegerlos. Aunque también es cierto que nunca me lo pidió, quizá le doliera. La pequeña lo pasó- pienso yo- mal, consolada por buenos amigos de la pandilla madrileña de Cascante. Son opiniones mías, memorias, quizá no objetivas

Pasó octubre, pasó noviembre. En diciembre, Fernando y mi madre fueron en un viaje meteórico a Cascante y Pamplona vinieron con morcillas, jamón, lomos, cardos, turrones y pastas. Fue la única Navidad que pasamos juntos todos en Madrid, también José Javier, mi hermano. Contaron que en el viaje algún filo-etarra que los vio llevaba lápiz y apuntó la matrícula del coche, Fernando era muy perseguido. Creo que cuando llegaron a Madrid se relajaron. En Madrid seguían los atentados y la policía controlaba los vecinos que vivían cerca de las casas militares, como las de Doménico Scarlatti, frente a nuestro jardín.

Debimos pasar las navidades de 1978 bien, pues no recuerdo nada negativo. Unas navidades con niños de la que guardo una foto preciosa con todos en la mesa.

Pero 1979 empezaría con un atentado, esta vez en la oficina de Pamplona.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


miércoles, 1 de septiembre de 2021

LOS AÑOS DE PLOMO ( I ) El comando

 


Pedí al responsable de la publicación Los años de Plomo que omitiese unas declaraciones a mi referidas en las que se me tildaba de revolucionaria. La palabra “revolucionaria”, poliédrica, podría referirse a cosa más o menos simpática, eso me dicen cuando me lamento y lo cuento. A veces, por ejemplo, revolucionaria en arte se refiere a métodos artísticos. Pero no en “Los años de Plomo”, no en una publicación sobre terrorismo etarra. El libro fue presentado oficialmente  en toda España y me quedó la tristeza de saber que todo lo que he luchado y escrito contra el terrorismo, quedaba desestimado por unas declaraciones inamistosas. El responsable me dijo que no era posible la rectificación, ya que el libro estaba editado. Le pedí entonces que adjuntara una nota, y lo que me dijo fue algo sobre si buscaba el protagonismo, a lo que contesté naturalmente que no, que prefería no haber sido citada ni bien ni mal, Le pedí que, si se reeditaba, borrara las declaraciones que nada añadían y mucho tergiversaban. Una niña de 12 años difícilmente puede ser revolucionaria, ni entonces lo fui ni ahora lo soy.   No pensé en demandar la publicación, dado el respeto que las víctimas del terrorismo me merecen. No iba a echar leña todavía más de la que arde al fuego, porque yo odio los fuegos, o sea odio la violencia y el terrorismo. Una escritora tiene un arma de defensa que es su escritura y yo no quisiera pasar a la historia del terrorismo como revolucionaria, aunque sea con metáfora inoportuna. Me quedó la posibilidad de escribir sobre aquellos acontecimientos en que se vio mi familia envuelta. Quizá si lo sea el que trueca una realidad que desdibuja su imagen, y más si, como en este caso, revoluciona -pone boca abajo- la imagen de la que la acogió y protegió

 

18- octubre de 1978

EL COMANDO 

Acababa de regresar de llevar a mis hijos a clase en el Ramiro de Maeztu y vagaba un poco por mi habitación, cuando Betty, la chica filipina que yo tenía entonces llamó a mi puerta

-          Señora, señora, ponte al teléfono que no sé qué pasa, que la llama su madre.

Mi madre al otro lado de la línea sollozaba y repetía mi nombre y tras ello sus sollozos:

-          Ay ay ay, acaba de salir un comando de ETA de casa.

Lloraba y no se le entendía bien, pero eso sí lo entendí muy claramente

-          Mamá, cierra la casa y veniros a Madrid.

Creo que eso también lo entendió mi madre. No hablamos más. Las palabras no le salían de la boca a ella. Nada que pensar, imaginé su angustia. Siempre estuve totalmente dispuesta a apoyar y ayudar a los míos y protegerlos, mi madre lo sabía y contaba con ello. Llamé al Banco Atlántico donde trabajaba mi marido para contarle lo ocurrido y que venían a Madrid a casa mi familia, yo sabía muy bien que contaba con él. Nuestra relación familiar con Fernando, segundo marido de mi madre, y mi madre era  entonces inmejorable. Preparé con Betty la habitación de invitados. Gracias a Dios tenía una casa grande y, aunque entonces mis cinco hijos eran pequeños, podíamos asumir la nueva situación. Me alegraba poder hacerlo.

Llegaron sobre las cuatro de la tarde, debieron recoger rápidamente lo más elemental para venir precipitadamente y sin pausa, tal era entonces en Pamplona la sensación de peligro. Antes instalaron a mis dos hermanas pequeñas en casa de una prima, casi hermana, Romerito, en Pamplona para que pudiesen continuar sus estudios y que la situación, de por sí dramática, les afectara lo menos posible. Llegaban derrotados.

Fernando estaba lleno de magulladuras y heridas. Tenía las gafas rotas, la cara amoratada y las piernas llenas de cardenales por los golpes y patadas que le habían propinado los bestias del comando. Pienso ahora que parecía abrumado y desconsolado más que irritado, como si la paliza fuera más moral que física, sus ojos miopes que antes agrandaban las gafas parecían acuosos e inexpresivos por las lágrimas. Mi madre lloraba y su llanto agudizaba las bolsas de sus ojos, sus palabras se entrecortaban, protestaba y gemía al mismo tiempo

El guardaespaldas pasó revista a la casa, dijo que el sitio más vulnerable podía ser el garaje, dado que mi casa-Julián Romea 15- se comunicaba con la carretera de la Coruña y a mano derecha por san Francisco de Sales, dos vías rápidas de salida. Decidimos que se quedarían en casa, que a nadie hablaríamos de su situación para protegerlos mejor, que no daríamos noticias fieles de dónde podían estar y que evitaríamos visitas en casa que pudieran complicarles la vida. Nada dije a la Junta de la Asociación Cultural Navarra de la que formaba parte. Secreto y hermetismo total. Eran unos tiempos en los que no existía la confianza en nadie. Carlos Sobrini, profesor de Arquitectura en Pamplona y director de la Asociación, se interesó y confié en su silencio, más tarde nos ayudaría a sobrellevarlo.

Una historia dramática que inicialmente no fue mortal, aunque luego desembocara en la muerte de un policía artificiero y la amenaza del intento de secuestro de mis hermanas. 

Eso es lo que mi madre y Fernando nos contaron:

A las 7 y media de la mañana tres personas se dirigieron a la casa de Conde de Rodezno 12, dos por un ascensor y uno por el montacargas y conminaron a Gregorio, el buen portero, que llamara a la puerta. Era la hora en que distribuía en los ocho pisos del inmueble el pan y el periódico; la llamada pues del portero era esperada. Ante la reticencia de este, ellos pusieron la cara del Gregorio en la mirilla, se cubrieron con medias y llamaron a la puerta. Fina, la chica de servicio, la abrió y en un empujón se metieron dentro, le pegaron un culatazo al portero y lo tumbaron en la alfombra del comedor, ataron a Fina y no a mi madre, que a los gritos apareció por el pasillo, como también Fernando nervioso por el escándalo que no sabía a qué atribuir. Pusieron a mi madre tapada con un edredón que le impedía el movimiento y a patada limpia llevaron a Fernando al despacho. Querían dinero al portavoz, veinticinco millones de pesetas. Ante los gritos y las amenazas Fernando se defendió, dijo que no tenía dinero en casa y continuaron las patadas y los registros. Pidieron entones un talón de 15 millones y, ante la negativa, nuevamente los insultos y los golpes. El tiempo iba pasando y los habitantes de conde de Rodezno 12 iban poniéndose nerviosos porque no venía Gregorio con el pan y los periódicos. Empezaban a abrir puertas y preguntarse dónde estaría el portero reclamando los panes y el periódico. La casa se iba despertando con inquietud y algunos guardaespaldas de los propietarios – ya que era una casa de industriales o gente solvente amenazada - subían y bajaban por las escaleras buscándolo. A todo eso, una de mis hermanas escuchaba aterrada desde el baño el trajín, muerta de miedo, hasta que no pudo más y llamó al timbre cuyo número de habitación se reflejaba en la cocina de la casa.

La operación estaba perfectamente planeada, pero no contaban con que mi hermana todavía no había bajado a sus clases de Arquitectura en la Universidad. Con sorpresa dijeron su nombre

-          La Pequeña ya ha ido al colegio. Es X, no ha ido todavía a clase.

La sacaron del baño como estaba, con una bata boatiné por encima, e imagino que despavorida. Entonces cambiaron, parece, de opinión y barajaron secuestrar a mi hermana. Pero llevaban ya 45 minutos en la casa, mi hermana tenía aún que vestirse y sería imposible bajar con   ella dado que la casa y el portal estaba ya llenos de gente, algunos con armas. Robaron lo que poco que encontraron, joyas  y una pistola. Nos enteramos después que pudo haber quizá un cuarto elemento situado en el portal, pues Antono Ibáñez, amigo de AVANCO,  nos contó que al pasar notó algo raro, sintió cierto miedo e hizo como que hablaba por megafonía con alguien. 

Los terroristas llevaban medias en la cara, e iban muy bien trajeados con maletines de ejecutivos, les debió resultar fácil quitarse la media, bajar sin más por el ascensor y marcharse prudentemente de casa, no sin antes amenazar de muerte si no les daba 50 millones de peseta que, supongo, que reclamarían después por carta. Fernando nada nos comentó en Madrid del espinoso tema. Y nunca nos habló de ese impuesto revolucionario ni sabemos si llegó a entregarlo

Así iniciamos el otoño en Madrid, queriendo hacerles la vida, dentro del horror, lo más llevadera. Fernando intentó seguir sus negocios al teléfono, pero iban mal. Mi madre se sintió útil dirigiendo la casa, ya que quise cederle el mando que asumió organizando a sus nietos, aun con la preocupación por mis hermanas pequeñas y el dolor de la incomprensión de las gentes. La abrumaba lo escasas que fueron las llamadas para interesarse por ellos – creo que cuatro o cinco, algún familiar de Cascante y un amigo magistrado de Madrid de cuyas hijas mis hermanas y yo éramos amigos, los Claver. Por el contrario, corrió la versión por Navarra de que había sido un secuestro inventado. Quizá algunos hubieran preferido que corriera la sangre, tales fueron aquellos años de plomo para los que los vivieron, odio a raudales. Esa escasa empatía por las víctimas era lo que más acongojaba a mi madre, el silencio de los supuestos amigos y conocidos. Nada quería saber de política. Creo que a Fernando lo que le indignaba es lo que estaba pasando en política, se excitaba.

Pero lo peor estaba aún por venir

lunes, 23 de agosto de 2021

CANCION DE AMIGA : LA RUEDA

 

 


CANCIÓN DE AMIGA : LA RUEDA

 

Dime, amigo, dime

la equivocación

si gozo, tu penas, si peno, tu gozas

si vas, vuelvo yo

 

A la rueda rueda

rodamos los dos

yo ruedo, tu ruedas !Silencio, se rueda !

 ¡Malhaya el amor!

 

Me dijiste: -“Amiga

soy feliz, ya no

cabes, no quiero, no puedo

¡Vaya usted con dios!”

 

- Calla, amigo, calla

no me des razón

si el silencio mata, máteme el silencio

con silenciador

 

Me quité el sombrero

cosí el lagrimón

franquée el camino, desandé los pasos

de tul ilusión

 

Con la casa a cuestas

caracol- col -col

rodé cuesta abajo, me agarré a la sima

de la erudición

 

Iverné el invierno

en mi cascarón

y al tercer verano me saqué los cuernos

y los puse al sol

 

Amigo, ¡Malhaya!

doquiera que voy

¿ por qué si olvidasme me cierras el paso

galano cabrón?

 

¡ Ay la mía madre

qué contradicción!

sábado, 14 de agosto de 2021

Rosario Caballero Iraizoz

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Mi madre murió tal  día como hoy, escribí su obituario que Diario de Navarra publicó  Hoy lo retomo en su memoria, ya que en internet las cosas nunca acaban y  quiero que permanezca. mi recuerdROSARIO CABALLERO IRÁIZOZ, HIJA PREILECTA DE CASCANTRosario Caballero Iráizoz , hija predilecta de Cascante y Cruz de Beneficencia ha fallecido. Tenía 94 añoNació el año 1915 en Cascante, ciudad en la que ha muerto después de una larga y cumplida vida. Es difícil imaginar que una persona tan mayor  haya sido niña, in embargo no es posible comprender una vida sin su niñez, que es la que marcará y explicará nuestros pasos para siempre. Rosario, una niña viva e inteligente quedó muy pronto huérfana de padre. Su madre, Romero Iráizoz Clemente era persona instruida.. Interna de joven en las Carmelitas de Alfaro, después de casada se ganaba la vida como comadrona, pues había estudiado y sacado el título, firmado por Alfonso XII,  en la Universidad de Zaragoza. La madre quiso que la niña, como ella,  por si misma resolverse la vida y "Rosarico" cursó sus primeros estudios en el colegio de las Carmelitas, esta vez de Cascante. Ir más allá de las primeras letras en un pueblo en aquella época no era posible (no lo fue hasta pasados los años 50) ni era habitual dar estudios a una chica, pero los apoyos familiares funcionaban y vivió como una hija más en casa de un hermano de su madre, Gregorio Iráizoz Clemente, director de la oficina de Correos y Telégrafos  de Tudela y después de Pamplona.

Rosario estudió bachillerato en el Instituto Castel Ruiz de Tudela y luego en la antigua Escuela de Comercio de Pamplona. Ya "bachillera", recién acabado su examen de grado, como lo suyo no era fachada sino afán de ganarse la vida, preparó una oposición al cuerpo de Correos y Telégrafos. Tenía 16 años. La oposición estaba convocada el 14 de abril de 1931. cuando llegó a Madrid la Puerta del sol era un hervidero, recordaba. no hubo oposiciones, se desconvocaron. Había llegado la II República.

Aquel acontecimiento cambió su vida, pues no opositó. De vuelta a Pamplona, el amor se cruzó en su camino. Aún faltaba por pasar la guerra civil, que ella pasó en el pueblo mientras su novio, que había hecho la carrera de comercio en Angulema, estaba destinado en la frontera francesa con Francia: Valcarlos. acabada la guerra se casa en 1940. Andrés Fuentes Soria, su marido, er.industrial y como ella de Cascante. Tuvieron un niño y una niña, José Javier y María del Rosario. Pero la felicidad fue corta, duró solo cinco años, en 1945 muere Andrés. Rosario Caballero tenía solo treinta años.

Después de una larga viudedad de 10 años, Rosario rehace su vida y vuelve a casarse con Fernando Jiménez fuentes, funcionario del Ayuntamiento de Pamplona. No era, pese al apellido, pariente de Andrés Fuentes, también era cascantino. Tuvieron dos niñas, Inmaculada y Beatris . Rosario no dudó esta vez de emprender  aventuras empresariales relacionadas con la industria del aceite en Tendilla, Guadalajara, o trabajar en las industrias inmobiliarias de su segundo marido. Tal vez, el haber obtenido en título de bachiller le hiciera ser un poco distinta y apostar  prioritariamente como madre por la instrucción y por educar a su hijo y sus tres hijas para ganarse la vida, lo mismo que ella había sido educada; esta vez con la exigencia de cursas  enseñanzas superiores en la Universidad- Estudio General de Navarra- .en unos años en que en esta tierra ser mujer y universitaria era  formar parte de un grupo minoritario.

Y es que ella no fue tampoco una mujer habitual y corriente. De fuerte carácter y gustos exquisitos, buena ama de casa, excelente cocinera tradicional, tremendamente organizada,  de larga mirada y alto vuelo, era difícil verla con un croché en las manos y muy fácil encontrarla viajando por el mundo, con viajes organizados  por la Parroquia de  San Miguel, comprando regalos originales y exóticos, haciendo proyectos o controlando con un golpe de teléfono a los suyos. Quería conocer el mundo y sorbía la vida. Siempre que algún familiar se iba de viaje, tanto da si a Portugal o a Jerusalén, la encontraba con la maleta a punto. A los 80 años visitó Rusia, recién caída la Unión Soviética.

El primer infarto le llegó después de un viaje a París. Allí empezó su proceso de deterioro. Luego sufrió un ictus que intentaba remediar, superviviente nata, pedaleando y haciendo todos los días caligrafía para volver a escribir su nombre. Y casi lo consigue. Luego fue una rotura de cadera de la que salió a duras penas, mermada en facultades. Había llegado ya a los 90.

Su voz ribera y graciosa fue enmudeciendo, sus ojos grandes achicándose, su cuerpo se hizo frágil, sus manos, diminutas como las de una niña. Rosario se fue cerrando a los estímulos. A veces, las biznietas la sacaban de su abstracción y sonreía:¡Qué ricas! ¡Qué graciosas!

Un día se fue. Se quedó dormida. Adiós, madre.

EL ÚLTIMO VERANO

mano pequeña quería desasirse

Era  un pájaro tibio que no podía levantar el vuelo.

Aéreos  sus huesecillos menudos

su piel herida y trasparente.

Me bastaba

 pasar la tarde sintiendo su leve latir

su pequeño corazón gastado

 abrir sus dedos y acercarlos  a mi corazón triste .

¡

Era una niña en la fiebre de julio

sentada en la ventana del jardín

sobrepasado el  tiempo .

En su cuerpo doblado

la belleza amorosa

 desde el amanecer hasta el declive.

 

En sus ojos redondos y encogidos

 yo medía el tamaño

 la fuerza y la grandeza de su luz

y cuando se cerraban o se hacían opacos

  intentaba  sacarlos de la bruma

( lejano ya aquel  el día que  alumbraron los  míos).

 

Me bastaba

pasar la tarde sintiendo.

 

 Y se fue quedamente, en un sueño

sin despedirte, madre, desasida.

Dejándome en tu marcha

estas  manos estúpidas y solas

 sin sabia y sin calor , tendidas al vacío

miércoles, 28 de julio de 2021

RONDA

 

Amigos, mis amigos de cuentos y coral

colegas de pupitre

hermanos de camada, compañeros

los que mirasteis hondo

por encima del sexo o de la cuna

hasta encontrarme un nombre.

 

Amigos, los que no os conformasteis

con aceptar la cáscara o los rábanos

los que no me dejasteis

cerrar definitivamente los ojos

y pusisteis palillos en el borde

de mis desparramadas rebeldías.

 

Amigos, los lontanos o los omnipresentes

los que me cobijasteis hasta brotarme en agua

en sangre, en sabia

en luz en hembra, en ser, en desazón

en palabra, en sol propio

en átomo encendido y encontrado

 

Amigos, los de veras

los que me habéis fiado vuestro tiempo

 los que no tenéis miedo de enturbiaros

las manos hasta el codo

de champán o de lágrimas.

Alegría a alegría y gota a gota

dejadme que os convide

a una ronda de versos

a una ronda de mi

a una barrica entera si me queréis

Es mi vino, soy yo

fermentada de amor, roja de vida.

Vuestro cordial contacto

me devolvió los grados y el calor

todo lo que yo soy es fruta vuestra.

Otra vez, como siempre

o más que nunca

en este día igual que muchos otros

os quiero

Para vosotros hoy mi acción de gracias.